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Seminario Internacional de Ciudades Históricas Iberoamericanas (Toledo, 2001) 
 

LA “CIUDAD VIEJA”  DE MONTEVIDEO – CENTRO HISTÓRICO


Ana María Crespi Canessa

(Uruguay)

 

En el Uruguay la influencia de la cultura mediterránea dió dos ejemplos muy interesantes de Centro Histórico

  • La Colonia del Sacramento, (fundada en 1680) declarada en 1995 Patrimonio de la Humanidad en consideración al valor universal excepcional que tiene para la comunidad internacional representada por UNESCO.
  • La Ciudad Vieja de Montevideo, (fundada en 1724) que también es testimonio de lo que trasciende al ciclo vital del hombre y establece un tiempo forjado por nuestra identidad cultural.

Aspiramos a que la Ciudad Vieja de Montevideo, con el tiempo, pueda ser nominada por sus características, su condición de conjunto patrimonial de valor excepcional, Patrimonio de la Humanidad.

Teniendo en cuenta la Guía elaborada por UNESCO, que establece orientaciones prácticas y definiciones, creemos que es un ejemplo muy particular y representativo de lo que sucediera con las fundaciones realizadas por el Imperio Español en la época de la conquista y expansión territorial en América aún teniendo en cuenta el sufrido y rápido desarrollo de nuestros jóvenes países y la influencia de la modernidad y sus conceptos, ya que aún hoy conserva su trama urbana primitiva

Los grandes cambios de los siglos XIX y XX han marcado a fuego el desarrollo de este conjunto. Pero aun así y a pesar de los cambios experimentados, es un lugar de memoria, modesto en parte por el mestizaje de sus edificios, pero abundante por la calidad de  los ejemplos de las distintas épocas. El conjunto trasmite el pasado de una tierra americana, que carecía de metales preciosos y estaba habitada por indígenas nómades de cultura rudimentaria, sin agricultura, lo que hizo llegar a los conquistadores a estas márgenes del Plata ciento cincuenta años más tarde.

No obstante el desarrollo del país y la influencia europea nos dio un conjunto,  que la “Guía” tipifica como ciudad histórica viva, que son aquellas que por sus características han sido y serán llamadas a evolucionar con las mutaciones socioeconómicas y culturales. Son más difíciles de evaluar, en función del criterio de autenticidad y más aleatorias  en cuanto a las políticas de conservación. Para permanecer con su carácter de centro histórico, estos fragmentos de ciudad, deben imponerse por su calidad arquitectónica y no podrán ser consideradas desde un punto de vista abstracto por el interés de sus funciones pasadas, o como símbolos históricos.

La organización del espacio, su trama o estructura, los materiales, las formas y si es posible la función del conjunto, deben leerse fácilmente, así como la continuidad del pasaje de la civilización.

La “Ciudad Vieja” de Montevideo, es representativa de una época y una cultura; y se identifica con su entorno que también debe ser protegido, ya que es quien le dio su razón de ser y existir.

 

Ubicación

Debemos comenzar ubicando el ejemplo concreto de Centro Histórico a que nos vamos a referir: la Ciudad Vieja de Montevideo, siendo Montevideo la capital de la República Oriental del Uruguay, país sudamericano, con una gran influencia europea tanto en sus costumbres como en su desarrollo político, social y cultural.

 

Reseña Histórica

Época Fundacional

En 1724 se realiza la fundación de la Ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo. Don Domingo Petrarca, construye la primera batería fortificada en la península que da entrada a la Bahía de Montevideo. Este plan, establecía el área a ocupar, el trazado de las manzanas, la ubicación de las murallas, el puerto y las vías de acceso, rigiéndose por el hecho de que era una reducción militar con muy buena implantación para la defensa del territorio frente a los avances portugueses. La península, junto con el cerro, dominaba la bahía que aún hoy es un excelente puerto natural.

En 1726, Don Pedro de Millán reparte los solares entre los primeros pobladores civiles de la ciudad, que venían de Canarias (España) luego de marcar la ciudad y su jurisdicción. Es así como surge la cuadrícula perfecta de acuerdo a las directivas del Imperio Español impartidas por las Leyes de Indias.

Recién en 1730, el Gobernador de Buenos Aires, Don Bruno Mauricio de Zabala instala el Cabildo y reconoce de esta forma la vida civil de la nueva ciudad. Se construyen fortificaciones y nada más comenzada su actividad principal (que iba a ser su característica) es declarada por la Corona española como Puerto Mayor de las Indias. Comienza a operar como lugar de intercambio mercantil y se desarrolla impulsada por el comercio.

La Colonia

Es en este período que va desde 1730 a 1830 cuando asume características especiales dadas por su excepcional emplazamiento, sus fortificaciones, su trama urbana mediterránea y la originalidad de sus construcciones civiles con techos planos.

Inicialmente su arquitectura era modesta, de piedra y techo de paja. En el período colonial, la vivienda era de una planta, patio interior, techo plano y fachada simple y bien proporcionada. Más tarde, con el auge económico de la ciudad puerto, surge la casa habitación de dos plantas con techo plano y mirador. Un ejemplo que aun permanece es la casa de los Ximenes.

A partir de la Independencia

A partir de 1830, el Uruguay se independiza, se demuelen las murallas, se hace el trazado de extensión de la ciudad, perdiéndose los límites terrestres de la Ciudad Vieja; y en 1877 terminan los trabajos de destrucción de la antigua Ciudadela de la que hoy tan solo se conserva su puerta. En esa época, la Ciudadela era utilizada como mercado público.

No obstante la Ciudad Vieja seguía siendo el centro donde se desarrollaban las actividades más importantes. Ciudad cosmopolita y con bienestar económico, fue cambiando su gusto estético, creció internamente y dio una sugestiva imagen urbana de azoteas y miradores que llega hasta nosotros a través de los grabados de la época y algunos pocos ejemplos. Se sigue construyendo la vivienda de dos plantas con patio central, forma heredada de la vivienda colonial, construida en ladrillo y maderas paraguayas, pero se le agregan materiales que la enriquecen con mármol y azulejos. Las fachadas influenciadas por la versión italiana del estilo neoclásico (por ejemplo la casa de Don Frutos Rivera) ennoblecen la proporción de la calle. De esta época es el cuerpo central del Teatro Solís

 

La República

En el período 1880-1930 aparecen corrientes inmigratorias, fundamentalmente españolas e italianas; aunque las costumbres sufren la influencia francesa; y las grandes inversiones son inglesas. La península y el centro histórico conservan su estructura polifuncional y siguen siendo el centro de la ciudad, conservando su carácter residencial. En la zona norte, se concentran las actividades portuarias, las residencias de lujo y las principales casas comerciales y financieras. En la zona sur las viviendas tienen características más modestas y con fuerte acento barrial. Calles de la ciudad, como 25 de mayo y Sarandi, se transforman en el paseo obligado de los montevideanos de la época, dada su gran actividad comercial de alto nivel La arquitectura es influenciada por un cambio de gusto  que acompaña la prosperidad económica. De una arquitectura neoclásica se pasa a un eclecticismo historicista.

Al comenzar el siglo, las nuevas corrientes europeas, producen ejemplos como la Casa Mojana o Pablo ferrando. La importación de tecnología repercute en soluciones estructurales como la del Mercado del Puerto de 1868, adelantada y sugestiva versión en hierro. De 1930 a 1973, la península pierde lentamente su papel centralizador y protagónico en la ciudad. Se deteriora y degrada en su fisonomía por cambios económicos, sociales y culturales. Crece la terciarización, aumenta la zona bancaria y se “tuguriza” la vivienda, acompañando el cambio de la población residente. Hacia 1972 un golpe de estado militar cambia aún más las condiciones socioeconómicas. Comienza un proceso especulativo de sustitución y una arquitectura que responde a la corriente renovadora que da muy buenos ejemplos, como el edificio Centenario. Se reacondicionan y refuncionalizan algunos edificios con dudosa calidad, en experiencias parciales, aunque se demuestra una cierta sensibilidad hacia el hecho arquitectónico como testimonio de una determinada cultura.

En 1979, el Ministerio de Educación y Cultura desafectó los inmuebles que habían sido declarados Monumentos Históricos Nacionales por razones de índole económica (según se expresó) y, como consecuencia, obras arquitectónicas relevantes desaparecieron.

La Ley de Alquileres fue otro factor que influenció negativamente en el mantenimiento de las viejas construcciones. La rentabilidad de los edificios era tan baja que hizo a los propietarios abandonar su mantenimiento. Por último, el “boom” de la construcción de los años 1976 y 1980 y la consecuente especulación inmobiliaria que se desató, trajo una cadena de demoliciones indiscriminadas.

Esta aceleración de la destrucción del patrimonio de la Ciudad Vieja acentuó el proceso de deterioro del Casco Histórico, que ya se venía dando; y llevó el porcentaje de baldíos al 12 % en 1982.

Comenzó a darse difusión a este problema entre la Intendencia, la Prensa y grupos de profesionales y ciudadanos. Y así comenzó a crearse la conciencia de la necesidad de hacer algo de manera urgente para evitar la desaparición de espacios urbanos y obras arquitectónicas que formaban parte de nuestra identificación como montevideanos y uruguayos.

 

La gestión del Centro Histórico

Es así como dentro del período de la dictadura, en 1982, la Comuna resuelve suspender temporalmente los permisos de demolición y construcción de nuevos edificios en el área de la Ciudad Vieja hasta tanto no se tuviera un concepto más claro y disposiciones especiales que atendieran la preservación de las obras de carácter testimonial, cuando solas o en conjunto constituyeran un real valor histórico e identificatorio. Se debía ordenar la ciudad a través de una reglamentación adecuada. Es decir que se manifestaba en la Resolución adoptada la necesidad de efectuar un Plan Global para la Ciudad Vieja, y se solicitó a la Junta de Vecinos la detención por 90 días de los trámites de construcción en el área mencionada. Se creó un Grupo de Trabajo con técnicos municipales e instituciones públicas y privadas que voluntariamente quisieran colaborar; el cual partió de la necesidad de adoptar un criterio dinámico de preservación asegurando el mantenimiento de los valores esenciales evitando la congelación  y permitiendo en general el reciclaje y la refuncionalización. En cuanto a la integración de nuevas construcciones en el Centro Histórico, se recomendó buscar soluciones conciliatorias entre las exigencias del progreso urbano y la salvaguardia de los valores ambientales.  La heterogeneidad estilística que existe en la Ciudad Vieja no va en contra de la unidad de su conjunto; por lo tanto la inserción de obra nueva debe darse en forma armónica con el entorno inmediato. La Comuna se dotó, luego de los estudios realizados, de tres instrumentos:

¨     Una reglamentación para orientar las nuevas construcciones.

¨     Una Comisión Especial Permanente (CEP) para promover y coordinar las intervenciones tendentes a la puesta en valor del Centro Histórico.

¨     Un grupo técnico de trabajo municipal de apoyo a la Comisión, para realizar los estudios técnicos y las tareas administrativas.

La CEP comenzó a funcionar en 1982 con los cuatro técnicos municipales y delegados de: la Facultad de Arquitectura, la Sociedad de Arquitectos, el Ministerio de Cultura (Comisión de Patrimonio) y más tarde se integró un delegado del  Banco Hipotecario del Uruguay.

Uno de los primeros trabajos que encaró la CEP fue el Inventario Básico del Patrimonio Arquitectónico de la Ciudad Vieja que es el instrumento indispensable para realizar los estudios pertinentes.

Con la vuelta de la democracia en 1985, se vuelven a afectar los inmuebles del Patrimonio Histórico y se estudian ordenanzas especiales para facilitar el reciclaje  de las viviendas antiguas,  unas líneas de crédito para financiar la ejecución de las obras e incentivos municipales y nacionales.

En 1987 se declara “Zona de Acción Urbana Prioritaria” a la Ciudad Vieja de Montevideo por parte de la Intendencia Municipal y el Banco Hipotecario del Uruguay en forma conjunta. En su marco, se decide la realización de una política de viviendas que tienda a incorporar nuevas familias a la zona, procurando mejorar la calidad de vida de quienes la habitaban. Se logró avanzar en el objetivo porque se disponía de los instrumentos; pero como todas las cosas, hoy podríamos afirmar que, como en todos los planes pilotos, existieron luces y sombras. Se incorporaron familias, se trabajo con asistencia social; pero los fondos no fueron suficientes para mejorar la infraestructura en general, y no se incorporaron los servicios necesarios desde el punto de vista cultural que hicieran atractivo el barrio y atrajeran a personas que le devolvieran el dinamismo que en otras épocas tuviera. Faltó incentivar fuertemente a la actividad privada para que, con el control estricto de la CEP, se incorporaran elementos que volviesen a darle a este trozo de ciudad la polifuncionalidad que anteriormente la caracterizara.

Hoy el Estado reconoce que el esfuerzo no puede ser solo suyo,  que la participación de lo privado es muy necesaria; pero debe ser muy controlada y dirigida por él, para que su intervención no represente un peligro En este sentido, el Plan de Ordenamiento Territorial de la Intendencia de Montevideo ha definido áreas caracterizadas de valor patrimonial y ha llamado a licitación para la implementación de Planes Especiales, que tienden a la puesta en valor de las mismas. Hoy estos planes están a estudio y contienen propuestas globales para la preservación, desarrollo y reciclaje de zonas que son identificatorias  para los montevideanos y, podríamos decir, los uruguayos, ya que son como lo hemos expresado nuestra razón de ser y existir, como es el plan de Recuperación de la  Bahía de Montevideo, donde esta comprendida la Ciudad Vieja, nuestro Centro Histórico.

 

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