LOS
ABASTECIMIENTOS HISTÓRICOS DE AGUA EN
TOLEDO:
EL CASO DEL ABASTECIMIENTO DE ÉPOCA ROMANA
Eduardo
Arenillas Parra
(España)
Esta intervención es simplemente una llamada de atención hacia la
protección de aquel tipo de Patrimonio construido que por diversas
razones no se ve. La investigación que varios autores han realizado sobre
el Patrimonio del período romano de Toledo puede ser conocida a través
de la bibliografía indicada al final de ésta información. Esto es sólo
un pequeño resumen de las obras que al final se citan, y, como he dicho,
una llamada de atención urgente para intentar que el Patrimonio Cultural,
que se está destruyendo rápidamente, deje de destruirse.
La conservación del Patrimonio Cultural construido se centra,
normalmente, en los grandes edificios civiles o religiosos: palacios,
catedrales o grandes acueductos, despreciando las casas de habitación
comunes, y mucho más aquel patrimonio que queda fuera del Centro Histórico
o está bajo tierra. Pero el agua, y todas aquellas construcciones que
permiten que el agua llegue, se distribuya y vuelva a salir de los núcleos
de población, son fundamentales no sólo para conocer su historia sino
también para su correcta conservación.
Continuamente, y tanto por
desconocimiento como debido a la dejadez y a la especulación, se
destruyen antiguas obras de almacenamiento (aljibes), abastecimiento y de
drenaje de los núcleos habitados. Toledo, ciudad celtíbera, romana,
visigoda romanizada, musulmana, musulmana taifa y cristiana, ha utilizado
el agua para su abastecimiento. Pero al no ser ese agua ni de calidad, ni
suficiente para toda la población, ha tenido que ser traída de fuera del
peñón en el que la ciudad se asienta. Cada civilización que ha pasado
por Toledo ha utilizado los conocimientos de la anterior; si bien es
cierto que ha habido períodos de olvido. Roma como gran conquistadora de
su época, arrasó las civilizaciones de la península ibérica; y aportó
nuevos conocimientos técnicos. Realizó grandes obras de ingeniería para
asentar su poder y conseguir la admiración de las poblaciones vencidas.
Tal vez éste sea el caso de la construcción de la gran presa y
abastecimiento de agua para la ciudad de Toledo.
La presa y el abastecimiento
romano de agua a la parte alta de Toledo es una
obra de gran importancia para la historia de la tecnología hidráulica
y de la ingeniería; tan importante como otras tres obras similares
romanas encontradas en España: la presa de Almonacid de la Cuba, en Aragón,
y las presas de Proserpina y de Cornalvo en Mérida.
A
pesar de estar algunas de las construcciones civiles más importantes como
el circo, el anfiteatro o algunas termas fuera de la peña de Toledo, en
la parte baja, los romanos deciden subir también el agua hasta el lugar más
alta de Toledo, parte de cuyo núcleo urbano histórico se eleva a noventa
metros sobre el río Tajo. Los ingenieros romanos tuvieron que buscar un
lugar desde el que consiguieran elevar el agua a esa altura y que a su vez
no estuviese excesivamente lejos de la ciudad, ya que para elevar el agua
desde el río Guadarrama o desde el propio río Tajo, con mucho más
caudal que el Guajaraz, hubiesen tenido que realizar un canal de muchos
kilómetros; motivo por el cual y finalmente
deciden llevar el agua desde dicho pequeño río, afluente de la margen
izquierda del Tajo, que lleva poca agua pero que se encuentra a pocos kilómetros
de distancia y permite, salvando una distancia de 8 km en línea recta y
desde una cota suficiente, hacer que el agua suba a la parte alta de
Toledo.
Del
período romano se sabe que el clima era algo más cálido y menos
lluvioso, por lo que tuvieron que tener en cuenta que el río Guajaraz no
llevaba mucho caudal, sobre todo en épocas de sequía. El mayor número
de grandes presas del Imperio Romano
se realizan en Oriente próximo, Norte de África, Hispania y Sur de las
Galias, donde eran necesarios embalses de regulación; no así en las
zonas húmedas y lluviosas del Imperio en donde sólo eran necesarias las
obras de derivación de los grandes corrientes fluviales.
Los
romanos, para el caso de Toledo, debieron comprobar que el caudal del
Guajaraz era escaso; e hicieron una presa de derivación, en el
actualmente llamado arroyo de San Martín de la Montiña, que aportase más
agua a la presa llamada actualmente de Alcantarilla; para ello
construyeron un azud de derivación y un canal alimentador hasta el
embalse. Desde éste se tuvo que construir un canal de unos 40 km que
llevaba las aguas a Toledo.
La
cota de la presa superaba en 170 m la parte alta del núcleo urbano, no
habiendo de esta forma ningún problema para que el agua traída llegase a
la parte más alta de la ciudad. Pero también los ingenieros romanos
tuvieron que resolver el paso del río Tajo; y lo hicieron con un gran sifón
apoyado en un puente (venter).
Todas
éstas obras debieron arruinarse en el propio período romano o poco después.
Sólo, que se conozca hasta ahora, hubo un intento de reconstrucción en
época de Carlos I que no llegó a realizarse.
De
las ruinas -conocidas por los musulmanes como Alcántara, seguramente al
confundirlas con un puente, o por los cristianos como La Alcantarilla o
los Paredones de la dehesa de la Alcantarilla-
habla por primera vez, en época más reciente, en 1905 el Conde de
Cedillo en su Catálogo Monumental de la Provincia de Toledo.
Después
se han realizado diversos estudios e investigaciones, que deberán ser
todavía completados. Pero hasta finales del siglo XVIII se desconocían
las características generales de la obra.
La
presa tiene unos 20 metros de altura en su punto más alto y una longitud
de alrededor de 800 m. Se conserva un tramo de unos 150 m en la margen
derecha y otro similar en la izquierda con un tramo derruido de unos 200 m
entre ambas. La sección transversal de la presa lo forma un gran terraplén
de tierras con una pantalla de fábrica aguas arriba. La pantalla está
formada por un núcleo de calicanto (opus caementicum) de unos 60 cm de
espesor, con abundancia de cal, y dispuesto entre dos muros de fábrica:
el de aguas abajo de mampostería (opus incaertum) en su cara externa, que
se va convirtiendo en calicanto hacia el interior, su espesor es de unos
90 cm pero con variaciones; el muro de aguas arriba es de calicanto
grueso, con espesor variable que llega hasta el metro y medio. La cara
exterior de éste muro estaba cubierta posiblemente en su totalidad por
sillares (opus quadrata), de los que se conservan varias hiladas, de
piedras bien labradas y correctamente colocadas, de 50 cm de altura,
alrededor de 60 cm de espesor y de una longitud variable que a veces
supera el metro. El espesor total de la presa es de tres metros en la
coronación y de cuatro en la base de la parte más alta. Se trata, así
pues, de una pantalla muy esbelta en relación con el espesor del terraplén.
Podría considerarse en terminología actual, una presa de materiales
sueltos con pantalla impermeable (el núcleo del opus caementicum). El
problema de éste tipo de presas es que si el terraplén se moja; y al no
ser en esa época la impermeabilización suficiente, al bajar el nivel del
agua embalsada, la presa puede ceder, como pasó en éste caso, y se puede
ver por el tramo central derruido hacia la parte del agua. Tanto en la
presa de Proserpina en Mérida como en ésta de Toledo hay dos torres. Las
dos de la de Alcantarilla están derruidas, pero en una de ellas se ve el
origen del canal de conducción, canal que tenía un primer tramo de 25 km
y que se situaba a la cota 680. El canal era de mampostería, revestida
por el interior de mortero (opus signinum) y de dimensiones interiores de
46 cm de ancho por 38 cm de alto, por lo tanto con una capacidad útil de
100 l/s. A continuación hay otro tramo de unos 11 km y baja a 130 m de
cota, lo que supone que tiene gran pendiente; baja de cota nuevamente
otros 100 m, con cuatro torres espaciadas, situándose a la cota 550
aproximadamente. El sifón, que consistía en una serie de tuberías de
plomo, bajaba sobre unos arcos y al estar a unos 40 metos sobre el cauce,
viraba para pasar sobre el Tajo en un puente de tres arcos (venter),
subiendo por la empinada ladera hasta un depósito terminal. Se pensó que
dicho depósito era la llamada Cueva de Hércules. Pero (dado que dicho
depósito tiene una capacidad de sólo 500 metros cúbicos y al faltarle más
de 20 metros para estar a la cota necesaria para que pudiese permitir
suministrar agua a toda la ciudad) se puede suponer que tiene que existe
un depósito más grande y a una cota más alta, todavía por descubrir.
Sería
muy importante, ahora que hay que presentar el informe periódico de la
situación de los bienes declarados Patrimonio Mundial, incidir en la
protección del patrimonio arqueológico de Toledo, en general, y en el
romano, en particular, ya que se encuentran o bien importantes vestigios
que todavía quedan o bien que están documentados o que habría que
investigar, del período romano: las obras del abastecimiento de agua del
que hablo aquí, el circo, el anfiteatro, termas, villas, etc.
Para terminar pienso que sería muy importante
que una obra tan importante como la presa, el canal de abastecimiento, los
restos del sifón y demás infraestructura de época romana, así como
aljibes, pozos y fuentes de otras épocas sean incluidos en la declaración
de Toledo Patrimonio Mundial.
Legislación internacional digna
de mención:
"CARTA
INTERNACIONAL PARA LA GESTIÓN DEL PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO", adoptada por ICOMOS en 1990, que dice, entre otras cosas:
Introducción
Es un
hecho ampliamente aceptado que el conocimiento y la comprensión de los orígenes
y del desarrollo de las sociedades humanas revisten una importancia
fundamental para toda la humanidad, ya que sirven para identificar sus raíces
culturales y sociales. (....) Algunos elementos del patrimonio arqueológico
forman parte de estructuras arquitectónicas y, en este caso, deben estar
protegidos de acuerdo con los criterios relativos al patrimonio de ese género
estipulados en la "Carta de Venecia. (...) La protección del
patrimonio arqueológico debe basarse en una colaboración efectiva entre
especialistas de múltiples y diversas disciplinas.
Artículo
1 1.
Definiciones
e introducción
El
"patrimonio arqueológico" (....) se refiere a (....) los
vestigios abandonados de cualquier índole, tanto en la superficie, como
enterrados, o bajo las aguas, así como el material relacionado con los
mismos.
Bibliografía básica:
-
"El sistema hidráulico romano
de abastecimiento a Toledo".
Fernando Aranda Gutiérrez, Jesús Carrobles Santos, José Luis
Isabel Sánchez
ISBN : 84 - 87103 - 69 - 3
- "Historia del
abastecimiento y usos del agua en la ciudad de Toledo"
José María Macías y Cristina Segura (Coordinadores)
ISBN : 84 - 921113 - 3 - X
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