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Principios para el análisis, conservación y restauración de las estructuras del Patrimonio ArquitectónicoFinalidad de este documento Las estructuras del
patrimonio arquitectónico, tanto por su naturaleza como por su
historia (en lo que se refiere al material y a su ensamblaje), están
sometidas a una serie de dificultades de diagnóstico y
restauración, que limitan la aplicación de las disposiciones
normativas y las pautas vigentes en el ámbito de la construcción.
Ello hace tan deseable como necesario formular unas recomendaciones
que garanticen la aplicación de unos métodos racionales de análisis
y restauración, adecuados a cada contexto cultural. Las presentes
Recomendaciones tratan de servir a todos aquellos a quienes atañen
los problemas de la conservación y la restauración, aunque en ningún
modo pueden reemplazar los conocimientos específicos extraídos de
textos de contenido cultural y científico. El contenido íntegro
de estas Recomendaciones se recoge en un documento dividido en dos
secciones: la titulada Principios, donde se plantean los
conceptos básicos de conservación, y la titulada Directrices, donde
se proponen las reglas y los métodos que deberían seguirse por los
que intervienen en ambas actividades. Sólo los Principios han
alcanzado la categoría de documento oficialmente aprobado y
ratificado por ICOMOS. Las
Directrices se presentan en inglés en un documento aparte. PRINCIPIOS 1.
Criterios generales 1.1
La
conservación, consolidación y restauración del patrimonio arquitectónico
requieren un tratamiento multidisciplinar. 1.2
El
valor y la autenticidad del patrimonio arquitectónico no pueden
fundamentarse en criterios predeterminados porque el respeto que
merecen todas las culturas requiere que
el patrimonio material de cada una de ellas sea considerado
dentro del contexto cultural al que pertenece. 1.3
El
valor del patrimonio arquitectónico no reside únicamente en su
aspecto externo, sino también en la integridad de todos sus
componentes como producto genuino de la tecnología constructiva
propia de su época. De forma particular, el vaciado de sus
estructuras internas para mantener solamente las fachadas no responde
a los criterios de conservación. 1.4
Cuando
se trate de realizar un cambio de uso o funcionalidad, han de tenerse
en cuenta, de manera rigurosa, todas las exigencias de la conservación
y las condiciones de seguridad. 1.5
La
restauración de estructuras, por lo que se refiere al Patrimonio
Arquitectónico, no es un fin en sí misma, sino un medio al servicio
de un fin que no es otro que el elemento construido en su conjunto. 1.6
Las
peculiaridades que ofrecen las estructuras arquitectónicas, con su
compleja historia, requieren que los estudios y propuestas se
organicen en fases sucesivas y bien definidas, similares a las que se
emplean en medicina: Anamnesis, diagnosis , terapia y control,
aplicados a la correspondiente búsqueda de datos reveladores e
información; determinación de las causas de deterioro y degradación;
elección de las medidas correctoras, y control de la eficacia de las
intervenciones. Para conseguir un equilibrio óptimo entre el coste y
los resultados y producir el mínimo impacto posible en el patrimonio
arquitectónico, utilizando los fondos disponibles de una manera
racional, se hace normalmente necesario repetir estas fases de estudio
dentro de un proceso continuado. 1.7
No
deben emprenderse actuaciones sin sopesar antes sus posibles
beneficios y perjuicios sobre el patrimonio arquitectónico, excepto
cuando se requieran medidas urgentes de protección para evitar la
ruina inminente de las estructuras (por ejemplo, tras los daños
causados por un seísmo); no obstante, se tratará de evitar que tales
medidas urgentes produzcan una modificación irreversible de las
estructuras. 2. Investigación y diagnóstico 2.1
Habitualmente,
un equipo pluridisciplinario, cuya composición vendrá determinada
por el tipo y la envergadura del problema, debe trabajar conjuntamente
desde las primeras fases del proyecto, así como en el examen inicial
del lugar y en la preparación del programa de investigación. 2.2
En
primer lugar, la recopilación y el tratamiento de los datos y la
información deben llevarse a cabo de forma equilibrada, prudente y
ponderada, con el fin de establecer un plan integral de actuación
proporcionado a los problemas reales de las estructuras. 2.3
La
práctica de la conservación requiere un conocimiento exhaustivo de
las características de la estructura y los materiales. Es fundamental
disponer de información
sobre la estructura en su estado original y en sus primeras etapas,
las técnicas que se emplearon en la construcción, las alteraciones
sufridas y sus efectos, los fenómenos que se han producido y, por último,
sobre su estado actual. 2.4
En los lugares con vestigios arqueológicos pueden plantearse problemas
específicos, dado que las estructuras deben estabilizarse al mismo
tiempo que se realiza la excavación, cuando el conocimiento todavía
no es completo. Los comportamientos estructurales en una construcción
puesta al descubierto por este tipo de obras pueden ser completamente
diferentes a los de otra que no se ha mantenido oculta. La soluciones
urgentes que sea preciso adoptar para estabilizar una estructura a
medida que se procede a su excavación, no deberán poner en peligro
el significado integral de la edificación, tanto por lo que se
refiere a su forma como a su uso. 2.5
El diagnóstico debe apoyarse en métodos de investigación histórica
de carácter cualitativo y cuantitativo; los primeros, han de basarse
principalmente en la observación de los daños estructurales y la
degradación material, así como en la investigación histórica y
arqueológica propiamente dicha, y los segundos, fundamentalmente en
pruebas de los materiales y la estructura, en la supervisión continua
de los datos y en el análisis estructural. 2.6
Antes de tomar la decisión de llevar a cabo una intervención que
afecte a las estructuras, es indispensable determinar cuáles son las
causas de los daños y la degradación, y después, evaluar el grado
de seguridad que dichas estructuras ofrecen. 2.7
En la evaluación sobre seguridad, que constituye la última fase de la
diagnosis, y en la que se determina la necesidad de aplicar un
tratamiento, se deben estudiar conjuntamente las conclusiones de los
análisis cualitativos y cuantitativos: la observación directa, la
investigación histórica, el análisis estructural y, en su caso, los
resultados experimentales y las pruebas que se hayan realizado.
2.8
A menudo, la aplicación de coeficientes de seguridad concebidos para
obras nuevas conduce a la adopción de medidas que resultan excesivas,
e incluso imposibles de llevar a la práctica. En estos casos, puede
estar justificado recurrir a otras soluciones respecto a la seguridad,
si así lo aconsejan unos análisis específicos y otras
consideraciones aplicables al caso. 2.9
Todos los aspectos relativos a la información obtenida, así como el
diagnóstico, incluyendo en éste la evaluación de la seguridad,
y la decisión de intervenir, deberán recogerse, de forma
descriptiva, en una “MEMORIA INFORMATIVA”. 3.
Medidas correctoras y de
control 3.1
La terapia debe estar dirigida a las raíces del
problema más que a los síntomas. 3.2 La mejor terapia es la aplicación de medidas de mantenimiento de índole preventiva. 3.3
La evaluación de la seguridad y un buen entendimiento
del significado de la estructura deben constituir las bases de las
medidas de conservación y consolidación. 3.4
No debe
emprenderse acción alguna sin haber comprobado antes que resulta
indispensable. 3.5
Cada
intervención debe ser proporcional a los objetivos de seguridad
previamente establecidos, y limitarse al mínimo indispensable para
garantizar la seguridad y la perdurabilidad del bien con el
menor daño posible a los valores del patrimonio. 3.6
El
proyecto de intervención deberá basarse en una comprensión clara de
la clase de factores que causaron el daño y la degradación, así
como de los que hayan de tenerse en cuenta para analizar la estructura
tras la intervención, puesto que el proyecto debe realizarse en función
de todos ellos. 3.7
La elección
entre técnicas “tradicionales” e “innovadoras” debe sopesarse
caso por caso, dando siempre preferencia a las que produzcan un efecto
de invasión menor y resulten más compatibles con los valores del
patrimonio cultural, sin olvidar nunca cumplir las exigencias
impuestas por la seguridad y la
perdurabilidad. 3.8
En
ocasiones, la dificultad de evaluar el grado real de seguridad y los
posibles resultados positivos de las intervenciones puede hacer
recomendable emplear un “método de observación” consistente, por
ejemplo, en una actuación escalonada que se inicie con una intervención
de baja intensidad, de tal forma que permita ir adoptando una serie de
medidas complementarias o correctoras. 3.9
Siempre
que sea posible, las medidas que se adopten deben ser
“reversibles”, es decir, que se puedan eliminar y sustituir por
otras más adecuadas y acordes a los conocimientos que se vayan
adquiriendo. En el caso de que las intervenciones practicadas no sean
completamente reversibles, al menos no deberán limitar la posible
ejecución de otras posteriores. 3.10
Deben
determinarse todas las características de los materiales
(especialmente cuando son nuevos) que vayan a utilizarse en una obra
de restauración, así como su compatibilidad con los existentes. En
ese estudio deben incluirse los impactos a largo plazo, a fin de
evitar efectos secundarios no deseables. 3.11
No deben
destruirse los elementos diferenciadores que caracterizaban a la
edificación y su entorno en su estado original o en el
correspondiente a las etapas más antiguas. 3.12
Cada
intervención debe respetar, en la medida de lo posible, el concepto,
las técnicas y los valores históricos de la configuración
primigenia de la estructura, así como de sus etapas más tempranas, y
debe dejar evidencias que puedan ser reconocidas en el futuro. 3.13
La intervención debe responder a un plan
integral de conjunto que tenga debidamente en cuenta los diferentes aspectos de
la arquitectura, la estructura, las instalaciones y la funcionalidad. 3.14
Deberá evitarse, siempre que sea posible, la
eliminación o alteración de cualquier material de naturaleza histórica,
o de elementos que presenten rasgos arquitectónicos de carácter
distintivo. 3.15
Las estructuras arquitectónicas deterioradas deben ser reparadas, y no sustituidas, siempre
que resulte factible. 3.16
Deberán mantenerse las imperfecciones y alteraciones que se hayan convertido en parte de la
historia de la edificación, siempre que no atenten contra las
exigencias de la seguridad. 3.17
Sólo se
debe recurrir a la alternativa de desmontar y volver a montar los
elementos cuando así lo exija la propia naturaleza de los materiales
y siempre que su conservación por cualquier otro medio sea imposible
o incluso perjudicial. 3.18
Los
sistemas de protección provisional utilizados durante la intervención
deben servir a su propósito y función sin causar perjuicios a los
valores patrimoniales. 3.19
Cualquier propuesta de intervención debe
ir acompañada de un programa de control que, en la medida de lo
posible, deberá llevarse a cabo mientras se ejecuta la obra. 3.20
No deben autorizarse aquellas medidas que
no sean susceptibles de control en el transcurso de su ejecución. 3.21
Durante la intervención, y después de ésta,
deben efectuarse unas comprobaciones y una supervisión que permitan
cerciorarse de la eficacia de los resultados. 3.22
Todas las actividades de comprobación y
supervisión deben registrarse documentalmente y conservarse como
parte de la historia de la construcción.
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