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| Seminario Internacional de Ciudades Históricas Iberoamericanas (Toledo, 2001) |
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Seminario Internacional de Ciudades Históricas del Área Iberoamericana (CIHIB). Toledo (España) 16 a 20 de junio de 2001) CONCLUSIONES
Los
asistentes al Seminario Internacional de Ciudades Históricas del Área
Iberoamericana, celebrado en Toledo (España) entre el 16 y el 20 de junio
del año 2001, al término de sus sesiones acuerdan las presentes
conclusiones y recomendaciones, dirigidas al Consejo Internacional de
Monumentos y Sitios –ICOMOS-, Comités Nacionales y todos sus miembros,
Comité Internacional de Ciudades Históricas, Subcomité Regional de
Ciudades y Poblaciones Históricas para el Área Iberoamericana,
autoridades del sector público en todos sus niveles, universidades y demás
organismos del sistema educativo, especialistas, técnicos, vecinos de
ciudades históricas y opinión pública en general. Se
reconoce el valor y vigencia de los conceptos y principios esenciales
incluidos en las Cartas y Recomendaciones internacionales de ICOMOS que
han sido adoptadas por el mismo o aprobadas en sus Asambleas Generales,
desde la Carta de Venecia (1964), hasta la más reciente Carta de Turismo
Cultural (1999) Por
lo que se refiere al tratamiento específico de las ciudades históricas,
se comparten, en términos generales, no sólo las definiciones aceptadas
en la Carta de Ciudades Históricas de ICOMOS (1987) sino también en las
Conclusiones del Coloquio de Quito (1977), aunque se considera pertinente
y oportuno avanzar en el desarrollo de conceptos e instrumentos, tanto de
orden técnico como de índole económica y social. Para ello, se
recomiendan las acciones seguidamente descritas: 1)
Respecto al Patrimonio intangible: 1.1
Por lo que se refiere a los bienes inmuebles que constituyen el ámbito
de los objetivos y actividades de ICOMOS, y más aún con relación a las
ciudades históricas, el patrimonio intangible no está constituido sólo
por las tradiciones orales, el folklore y otras manifestaciones análogas
que se dan en su entorno y que convencionalmente reciben esta denominación.
Las ciudades históricas, salvo excepciones, no responden a una impronta
creativa aislada, momentánea y congelada en un determinado momento histórico.
Fruto de un largo proceso evolutivo, reflejan la organización, creencias
y formas de vida de los distintos grupos sociales que las han ido tejiendo
lentamente, como un abrigo a la medida del hombre y sus necesidades. Tanto
la trama urbana como los edificios históricos son auténticos símbolos
testimoniales del pensamiento, la evolución y los valores arraigados en
una sociedad a lo largo de sus diferentes etapas. Como documentos vivos
nos ofrecen una lectura directa del substrato histórico en el que se
fundamenta la particular idiosincrasia y la genuina identidad cultural de
cada pueblo. Así, los valores intangibles representados a través del
patrimonio físico expresan la personalidad histórica de los distintos
pueblos y ciudades y los valores sociales, económicos y éticos sobre los
que se asienta su evolución. 1.2
Tradicionalmente se ha venido considerando la conservación del
patrimonio histórico inmueble desde un punto de vista limitado casi
exclusivamente a su soporte físico. Hoy en día es preciso profundizar en
el estudio de su dimensión intangible, reconociendo que el patrimonio
material constituye un contenedor de valores inmateriales que le
proporcionan significado y reflejan los motivos más hondos por los que la
sociedad es sensible a su aprecio y conservación. El estudio y realce de
esa dimensión proporciona una visión integral que no sólo ayuda a su
auténtica comprensión sino que debe conducir a insertar su tratamiento
en un política patrimonial de carácter global. 1.3
El patrimonio tangible e intangible de las ciudades históricas
conforma una unidad
indeleblemente unida a su identidad. Esta unidad debe ser
preservada en el trazado y parcelario, así como en los inmuebles históricos
y sus elementos arquitectónicos, en los espacios públicos, en el paisaje
urbano y en la atmósfera tradicional. La pérdida de estos soportes físicos
comporta la de los valores inmateriales que entrañan y afecta
negativamente al equilibrio espiritual del ser humano y a su normal
desarrollo. 2)
Respecto a las ciudades, poblaciones y barrios
históricos inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial, así como
los monumentos de igual rango insertos en su tejido: 2.1
Se observa la necesidad de insistir ante las autoridades públicas,
los profesionales de la conservación y los ciudadanos en general sobre el
compromiso adquirido ante toda la Humanidad cuando se produce una
declaración de este tipo. La Convención de Patrimonio Mundial de la
UNESCO de 1972 no es una mera declaración de principios o intenciones,
sino una norma de obligado cumplimiento para los países que la han
suscrito. Así mismo, la Guía Operativa para la puesta en práctica de la
Convención es un instrumento por el que deben guiarse las actuaciones
relativas a dichos bienes. El desconocimiento de estas normas no justifica
su falta de observancia, y la normativa interna de los Estados debe
adecuarse a las mismas eliminando las contradicciones que pudieran
existir. 2.2
De acuerdo con lo previsto en la antedicha Guía Operativa, los
Estados parte de la Convención deben comunicar a la UNESCO su propósito
de realizar obras nuevas o de restauración importante en bienes
declarados Patrimonio Mundial. Tal comunicación debe producirse en una
fase inicial, incluso antes de redactar los correspondientes proyectos de
base, a fin de que la UNESCO pueda intervenir conjuntamente en la toma de
decisiones al respecto. 2.3
Las ciudades declaradas Patrimonio Mundial deben constituir
ejemplos de conservación y gestión para el resto de las poblaciones históricas.
En este sentido, el tratamiento de sus valores universales requiere
introducir en los planes de protección y mantenimiento un marco
conceptual y operativo que trascienda la mera dinámica local, regional o
nacional. 2.4
La Convención establece claramente que la finalidad que persigue
es la conservación de los bienes, mientras que la inscripción en la
Lista es sólo el medio para ello. ICOMOS, en su calidad de organismo
asesor de la UNESCO, debe participar activamente no sólo en la evaluación
de las candidaturas propuestas por los estados, sino en el seguimiento
ordinario de la conservación y gestión de los bienes declarados,
inspeccionando éstos, asesorando y elevando informes tanto a la UNESCO
como a las autoridades competentes de cada país. 2.5
ICOMOS debe llamar la atención sobre el hecho de que en muchos
casos, una vez alcanzada la declaración como Patrimonio Mundial, las
administraciones responsables no cumplen con los postulados de la Convención
ni con sus fines. La aplicación mimética e irreflexiva de modelos,
pautas y conceptos arquitectónicos fruto de la globalización; la
introducción abusiva de técnicas no tradicionales; así como la
mixtificación desnaturalizadora que, con frecuencia, se deriva de
intervenciones excesivas y sustituciones injustificadas de inmuebles y
espacios públicos requiere realizar una reflexión profunda sobre los
valores patrimoniales, tangibles e intangibles, que están desapareciendo
en las ciudades históricas en general, y en las declaradas Patrimonio
Mundial en particular. 3)
A cuantos integran, especialmente, el sistema educativo en todos sus
niveles y sectores, o están ligados a él, como las asociaciones
culturales, los museos, y las comisiones y entidades dedicadas al
patrimonio arquitectónico y urbano: 3.1
Refuerzo
de los mecanismos participativos, que incluyan a la población en la
interpretación, valoración, disfrute y toma de decisiones sobre el
patrimonio y su identidad común, en el marco de una concepción democrática
de la vida social. 3.2
Atención
y cuidado de los intereses de los habitantes radicados en áreas
protegidas, como criterio primordial respecto de cualquier intervención técnica
y política. 3.3
Desarrollo,
en los sectores políticos del medio social, de una comprensión clara,
concisa y concreta de la problemática del patrimonio urbano. 3.4
Formación
en la comunidad de una memoria que abarque, de manera integrada, los
conceptos de paisaje urbano en general, y de
ciudad–centro-barrio–plaza–calle–sitio–casa–periferia,
como los elementos de un patrimonio tangible que transmite un mensaje
espiritual desde un soporte material. Al respecto, se tendrá en cuenta
que el patrimonio es de y para la gente, y que sin ella reduce o anula su
sentido. 3.5
Acercamiento
intensivo a todos los sectores de la comunidad, mediante la puesta en práctica
de experiencias vivenciales respecto de sitios urbanos particularizados,
para desarrollar la percepción de sus características y, como resultado,
el logro de su reconocimiento y valoración en forma generalizada y
extendida. 3.6
Promoción,
en la comunidad, de liderazgos para la defensa y divulgación de su
patrimonio tangible e intangible. 3.7
Ante
el fenómeno de la globalización, entre cuyos efectos se advierten
transformaciones de índole social y cultural, se tratará de evitar que
éstas influyan en la desarticulación del sentido de pertenencia e
identidad de cada grupo humano, comunidad o país. 3.8
Utilización
de las tecnologías informáticas, junto a los medios tradicionales de
comunicación social, para los fines de promoción y divulgación del
patrimonio cultural tangible e intangible. 4)
Respecto
del sistema educativo en particular, se recomienda: 4.1
La inclusión en los planes de enseñanza, tanto formales o
reglados como no reglados, de asignaturas que eduquen desde la niñez la
sensibilidad para la mejor conservación y defensa del patrimonio urbano,
como elemento fundamental de las identidades culturales de los pueblos. 5)
Con
relación al orden económico y al desarrollo sostenible: 5.1
El Patrimonio de las ciudades históricas constituye
una fuente de riqueza socioeconómica que puede hacer aumentar el nivel y
la calidad de vida. 5.2
Nunca
es razonable, y con frecuencia tampoco resulta posible, conservar por
conservar, restaurar por restaurar. Estas acciones sólo cobran sentido en
el marco de un desarrollo sostenible de los bienes materiales y, sobre
todo, de la población y de su calidad de vida. 5.3
Se
afirma que la conservación no es seriamente factible al margen de la
sostenibilidad, y que ella debe articularse con lo social, cultural, y
económico. A lo social, en términos de calidad de vida, a través del
trabajo, el consumo, y el “orgullo” nacional y local. A lo cultural,
recuperando, manteniendo, preservando y potenciando los elementos
patrimoniales tangibles e intangibles. A lo económico, mediante
actividades cuidadosamente enmarcadas en la esfera de un turismo cultural,
anclado en las potencialidades de la población residente. El Coloquio de
Quito y la Carta Internacional de Ciudades Históricas de ICOMOS son guías
de notable valor en estas esferas; pero no son suficientes, y urge
incorporarles instrumentos que agilicen su eficaz aplicación. En este
sentido, se reconoce que la nueva Carta Internacional de Turismo Cultural
de ICOMOS (1999) incorpora y actualiza principios de la mayor utilidad y
coherencia conceptual, por lo cual se recomienda su difusión y aplicación. 5.4
El
concepto de desarrollo sostenible responde a una doble lógica: la del
capital y la de la cultura, con frecuencia desconectadas entre sí. 5.5
Al
dar prioridad al patrimonio en las políticas culturales, resulta
necesario eludir grandes riesgos eventuales, como desnaturalizar, hacer
perder autenticidad y, en síntesis, tergiversar la vida de las
sociedades. Así ocurre, por ejemplo, con determinadas actuaciones
llevadas a cabo por las propias instancias oficiales, o cuando grandes
capitales compran edificios emblemáticos, grandes, medianos o pequeños,
les hacen una supuesta restauración, y las venden al mejor postor. 5.6
El
desarrollo sostenible debe basarse en la organización popular y en una
planificación participativa. A este fin, es recomendable organizar con la
comunidad, a nivel
micro, una estructura de células integradas, a
nivel macro, en redes celulares, para la conservación urbana,
arquitectónica y ambiental. 6)
En cuanto a la gestión administrativa y financiera: 6.1 El parque inmobiliario tradicional representa un capital acumulado, cultural, social y económico. La rentabilidad del patrimonio no debe ser considerada a corto plazo o en términos exclusivos de presente; es preciso mirar también hacia atrás y hacia el futuro, teniendo en cuenta los servicios que es susceptible de prestar, a lo largo del tiempo, a través de múltiples utilizaciones, y el coste que representaría su actual construcción. Las inversiones realizadas para su restauración y conservación pueden considerarse como operaciones destinadas al mantenimiento de un importante recurso que sigue siendo útil 6.2
La
práctica de la conservación, aplicada al patrimonio arquitectónico y
urbano, comporta ahorros múltiples, ya que a partir de los bienes
existentes es posible concretar cuidadosas metamorfosis y adecuaciones,
reguladas, con la intervención de los usuarios ancestrales, protegiendo
así el valor social. 6.3
Para
el logro del objetivo señalado, conviene que las políticas culturales
eludan una subordinación del patrimonio, tangible e intangible, a
cualquier forma de sistema que, invocando la lógica del capital y el
lucro, desestime la calidad de vida de los usuarios tradicionales. 6.4
Las
políticas de gestión, en general, han de estar adecuadas a las características
y complejidades de cada una de las ciudades históricas. El manejo de los
recursos disponibles para invertir en ellas debe adaptarse al plan urbano,
y hacerse con extremo cuidado, especialmente en los casos límites de
carencia de fondos o, por contrario, de afluencia repentina de cantidades
ingentes de dinero. 6.5
A
veces, el abandono que acompaña a la penuria económica es menos
destructivo que ciertas actuaciones que lo desvirtúan: una mala política
de inversiones en el patrimonio puede llevar a un resultado económico
adverso y tan irreversible como la pérdida de los valores culturales que
le prestan su atractivo. 7)
Con relación al planeamiento urbano y al medio social: 7.1
Una
buena instrumentación del planeamiento urbano en áreas históricas puede
apoyarse sobre la organización de comunidades científicas y técnicas,
con sentido integral, que también incorporen e involucren a la población,
a fin de articular el saber erudito y el popular con las problemáticas de
la cultura y la economía. Su objetivo sería formular diagnósticos,
prospectivas y proyectos sociales, políticos y operativos, con planes
generales de acción inmediata, y programas de corto, mediano y largo
plazo. 7.2
El
espacio público debe ser tratado como valor patrimonial y como factor de
calidad ambiental, en la planificación de los conjuntos urbanos históricos. 7.3
El
paisaje urbano es un concepto clave en el planeamiento dinámico de los
centros históricos, y en este aspecto es esencial la formulación de
pautas claras, para graduar el impacto ambiental de las construcciones
nuevas en medio de entornos antiguos, a fin de lograr resultados
compatibles con la calidad general del conjunto. 8)
Sobre determinados valores de la ciudad hispanoamericana (trazas urbanas,
plazas mayores y nomenclatura histórica de sus espacios públicos): 8.1
En
el conjunto de los elementos constitutivos de un centro urbano, son
significativos la traza y el parcelario como sustentos materiales del
tejido y del conjunto monumental y su entorno. La traza tiene una especial
importancia, pues constituye un documento histórico, al registrar en
forma pormenorizada la evolución urbana y ser un testimonio elocuente de
la memoria común, con presencia en la vida cotidiana. 8.2
Las
plazas mayores hispanoamericanas, que siguen el tipo generado sobre los
modelos de México y Lima, han sido desde el siglo XVI los núcleos
institucionales, cívicos, ceremoniales, celebratorios y de la vida diaria
de cada centro urbano. Aún es habitual que la plaza mayor sea el punto más
emblemático de la ciudad. Dada su originalidad y significado, así como
su valor de síntesis entre las tradiciones indígenas y el renacimiento
español, y también su función de escenario de los mayores
acontecimientos de la vida social y política, las plazas mayores
hispanoamericanas han de requerir un cuidado especial para su puesta en
valor, y para su conservación urbanística y funcional. 8.3
Los
nombres de calles y lugares de las ciudades, y los de las ciudades mismas
y sus barrios y arrabales, deben merecer el respeto más escrupuloso que,
como gesto democrático, ha de contribuir al sentido de pertenencia, y a
la identidad conjunta de la comunidad. 9)
Los pequeños poblados históricos: 9.1
Es
conveniente dar especial atención al cuidado de los centros urbanos históricos
de pequeña y mediana dimensión, que suelen ser testimonios auténticos
de la cultura vernácula a que pertenecen. En ellos es posible, muchas
veces, encontrar vigentes las tradiciones ancestrales y el patrimonio
intangible, junto a valores arquitectónicos. 9.2
Muchos
pequeños poblados históricos se ven actualmente amenazados por riesgos
contradictorios. Algunos sufren procesos de despoblamiento, por problemas
sociales y económicos. Otros (en cercanías de grandes ciudades) soportan
las consecuencias de ciclos de conurbación que los subsumen en complejos
de mayor escala. En cualquier caso, los resultados son la pérdida de
conciencia de la identidad, anomia, y otras situaciones degradantes. 10)
La formación de recursos humanos y su actualización, así como la más
clara y directa relación entre los técnicos y el medio social, requieren
el desarrollo de ciertas líneas específicas en la docencia y la
investigación especializadas: 10.1
Para
estos fines resultará útil un análisis crítico de lo que hasta ahora
ha sido la relación entre las teorías de la conservación, y la práctica
de la conservación, en los diversos países del área. 10.2
De
manera accesoria, sería de interés recíproco conocer, comparar y
homogeneizar las técnicas y otras formas especializadas del saber, los
elementos tipológicos arquitectónicos y urbanísticos, las influencias y
modalidades de transculturación, las cronologías respectivas y, desde
luego, los tesauros
de términos, conceptos y léxicos de las regiones del área
iberoamericana. 10.3
Los
profesionales autorizados a intervenir en áreas urbanas históricas,
deben acreditar una especialización científica y técnica del más alto
nivel académico, debidamente reconocido, evitándose las autorizaciones
meramente administrativas y políticas. Para ello, se considera
recomendable propiciar la formación de profesionales con excelencia en la
especialización, pero a la vez sensibles a procesos interdisciplinarios,
así como de planificadores sensibles al saber popular, y al logro del
autosustento económico, político y cultural. 10.4
En términos
generales, resulta oportuna la promoción de encuentros y convergencias
entre los especialistas en patrimonio natural y cultural, para desarrollar
la conciencia social con respecto a la conservación integral del ambiente
humano. 11)
Sobre el Turismo Cultural: 11.1
La inversión y la gestión relativas a bienes patrimoniales
dedicados al turismo cultural deben respetar su integridad, naturaleza y
significado. Los objetivos de la Carta Internacional de Turismo Cultural
de ICOMOS aprobada en su XIIª Asamblea General (Octubre, 1999) buscan
favorecer la industria turística procurando un desarrollo sostenible,
pero siempre sobre la base de respetar y realzar el patrimonio, dada su
importancia como recurso insustituible y su fragilidad. 11.2
La planificación del turismo cultural debe ser integral,
teniendo en cuenta el necesario equilibrio entre la economía, el medio
ambiente, el patrimonio y la calidad de vida de la población. 11.3
La
planificación turística debe incluir los medios para impedir un impacto
negativo sobre los rasgos significativos y las características ecológicas.
Al planificar
la utilización de los bienes culturales deben valorarse los
impactos ambientales así como los que puedan menoscabar su atractivo
genuino, y calcular el coste económico que ello acarrearía. 11.4
En
cada caso específico debe llevarse a cabo un análisis de la curva de
rentabilidad óptima a medio y largo plazo, teniendo en cuenta la
capacidad de acogida que cada lugar puede ofrecer sin arruinar o
menoscabar irreversiblemente sus recursos patrimoniales, paisajísticos y
naturales. 11.5
Los
ingresos provenientes del turismo cultural pueden facilitar una regeneración
funcional en otros ámbitos necesarios para el bienestar de la población. 11.6
Procurar
que el sector turístico no se convierta en la única fuente de riqueza
contribuye a garantizar el equilibrio ante una posible crisis de la
demanda. 11.7
Una
estrategia dirigida a optimizar estos extraordinarios recursos debería
englobarse en un estudio que contemple una diversificación de la oferta
en los alrededores, incluyendo posibles recorridos con contenidos
culturales más amplios. 12)
Participación de los Comités Nacionales del ICOMOS: 12.1
Un
objetivo necesario para consolidar la posición de los comités nacionales
del ICOMOS, a los fines de salvaguardar monumentos y sitios históricos
del área, es sostener su permanente intervención técnica y legal con
respecto a la autenticidad y a la conservación de los bienes y los
conjuntos. 12.2
Se
recomienda especialmente al Subcomité Regional de Ciudades y Poblaciones
Históricas para el Área Iberoamericana asumir, con los Comités
Nacionales del ICOMOS, la evaluación, información y seguimiento de las
ciudades históricas ya declaradas y en trámite de declaratoria, así
como el fomento de los convenios cuya celebración resulte oportuna para
estos fines. 12.3
Se
recomienda al mismo Subcomité y a los Comités Nacionales del área, la
convocatoria periódica de encuentros sobre ciudades y poblaciones históricas
iberoamericanas, a
nivel de las subáreas geográficas que lo componen. RECOMENDACIONES 1)
Con respecto a las zonas de desastres: 1.1
Los
asistentes a este Seminario hacen patente su compromiso y solidaridad con
El Salvador y su patrimonio cultural, fuertemente dañado por los dos
sismos de enero y febrero del año 2001, y se comprometen a procurar
gestionar apoyo técnico y financiero para llevar a cabo acciones de
emergencia de cara a su protección y rescate; así como a tratar de que
se emprendan, a mediano plazo, acciones encaminadas a la restauración y
rehabilitación. 1.2
La
misma preocupación y propósitos se manifiestan con relación a otras
zonas dañadas por desastres naturales en los últimos años, como es el
caso de Honduras y Venezuela, entre otros.
2)
Con relación a determinados centros históricos: 2.1
El
caso de Quito ha requerido la atención de los participantes de este
Seminario, por los efectos sociales, culturales y económicos que se están
produciendo en el ámbito de este valioso centro histórico. Se advierte
allí una ausencia de rigor en las políticas y acciones de los organismos
y entidades responsables de su conservación. Una auditoría de índole
científica, cultural, social y económica, debe evaluar el devenir de
este centro histórico a partir de su reconocimiento por la UNESCO, en
cuanto a instrumentos, políticas y resultados. 2.2 Idéntica preocupación y propuesta se hace extensiva a otros centros de España y América, especialmente en lo relativo a diversas ciudades inscritas en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. 3)
Postulaciones a Patrimonio Mundial: 3.1
La
postulación de la ciudad de Zaruma (Ecuador) al reconocimiento como
patrimonio cultural de la humanidad merece, en concepto de los asistentes
a este Seminario, ser considerada a los fines correspondientes. 3.2
La
misma consideración merecen otras ciudades históricas del ámbito
iberoamericano, incluidas en las correspondientes Listas Indicativas de
sus respectivos países. 3.3
Se
expresa el reconocimiento que merece la actitud de la Administración Española
que ha mostrado su disposición de ayudar a otros países de Iberoamérica
colaborando, con medios técnicos y económicos, en la preparación de los
expedientes que deben acompañar las solicitudes de declaración de
Patrimonio Mundial. 4)
Respecto a los espacios públicos de las poblaciones históricas: 4.1
Se reconocen valores dignos de aprecio en el documento sobre
Espacios Públicos, entregado a los organizadores de este seminario por D.
Víctor Fernández Salinas, cuyo contenido se reproduce
en esta publicación.
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