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Seminario Internacional de Ciudades Históricas Iberoamericanas (Toledo, 2001) 
 

Acto de clausura: Intervenciones


José Manuel Molina.

Alcalde Presidente del Excmo. Ayuntamiento de Toledo 

(España)

 

La CARTA INTERNACIONAL PARA LA CONSERVACIÓN DE LAS CIUDADES HISTÓRICAS comienza con unas palabras que constituyen una invitación a la responsabilidad de los  gestores públicos:  “Todas las ciudades del mundo  -se dice- al ser el resultado de un proceso de desarrollo más o menos espontáneo, o  de un proyecto deliberado, son la expresión material de las sociedades a lo largo de su historia”.  El respeto a ese pasado, a las generaciones que nos precedieron y a las que nos sucederán  nos obligan a actuar con especial seriedad.

Para responder a ese objetivo, durante tres días ustedes se han reunido en la ciudad de Toledo con el fin de participar en este Congreso Internacional sobre Ciudades Históricas Iberoamericanas, organizado por el Comité Español de ICOMOS, con el apoyo de la Dirección General de Bellas Artes del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes. Hoy vuelvo a encontrarme con ustedes en esta sesión de clausura y quiero aprovechar la ocasión para exponerles algunas breves reflexiones sobre los criterios que a mi juicio deben marcar las políticas de conservación patrimonial.

La Convención del Patrimonio Mundial  fue adoptada por la Conferencia General de la UNESCO en 1972. Al firmar la Convención, los estados miembros se comprometen a preservar los bienes a los que se les ha reconocido un valor excepcional y universal. España no firmó la Convención hasta el año 1983 y un año después la Asamblea celebrada en Buenos Aires incluyó el primer bien español en la Lista del Patrimonio Mundial: la Mezquita de Córdoba. Al cabo de  tres años, la ciudad de Toledo era reconocida con esa distinción.

Como ustedes saben bien, y así lo recordábamos el pasado sábado con motivo de la recepción que les ofrecimos en nuestras Casas Consistoriales, el Casco Histórico de Toledo es un espacio urbano singular y único que a lo largo de los siglos se ha ido conformando dentro de las barreras naturales que impone el río Tajo y las diferentes murallas defensivas que fueron construyendo las sucesivas civilizaciones que aquí se asentaron.

Conocen perfectamente que para afrontar la conservación de nuestro patrimonio, el Ayuntamiento dispone de un  Plan Especial  que responde plenamente a los contenidos de la CARTA INTERNACIONAL PARA LA CONSERVACION DE LAS CIUDADES HISTORICAS, donde se fija como objetivo que “la conservación de las Ciudades y barrios históricos, sólo puede ser eficaz si se la integra en una política coherente de desarrollo económico y social y si se la toma en consideración en el planeamiento del territorio y del urbanismo en todos sus niveles”

Desde ese punto de vista, permítanme destacar que objetivos irrenunciables de cualquier intervención en un conjunto histórico deben ser la potenciación de las relaciones entre la ciudad y su entorno, y la consolidación de las diversas funciones ciudadanas  adquiridas en el curso de la historia. En este sentido, la participación y el compromiso de los vecinos es imprescindible para el éxito de cualquier política de revitalización. No debemos olvidarnos que, como dice la citada CARTA INTERNACIONAL,  “la conservación de las ciudades y barrios históricos conciernen, en primer lugar, a sus habitantes”.        

La última  década  ha sido básica y apasionante para los gobiernos, comunidades e individuos interesados en la conservación del Patrimonio Cultural de la Humanidad. Han sido años en que esa problemática se ha universalizado. La gestión del patrimonio urbano ha pasado, de ser cuestión de interés exclusivo de los especialistas en restauración, a preocupación compartida por políticos, especialistas varios, profesionales y ciudadanos en general. No puedo ocultar que, frente a ese interés, los responsables públicos nos encontramos, en numerosas ocasiones, carentes de los recursos técnicos y económicos  precisos. Estas circunstancias nos imponen un desafío adicional imposible de subestimar. Se imponen, entonces, las políticas de solidaridad.

A nadie se le oculta que la clasificación de un conjunto como Ciudad Patrimonio de la Humanidad lleva dentro de sí un potencial de riqueza, que debe ser  correctamente gestionado con la colaboración y ayuda de todas las administraciones, y especialmente del Estado, las cuales encuentran en estas ciudades un referente mundial de prestigio y emblema cultural e histórico.    Los responsables públicos que tenemos la suerte de asumir responsabilidades sobre la conservación de este patrimonio, debemos ser los primeros en dar ejemplo. Somos garantes de la conservación de un bien universal, que nos exige un plus de imaginación, preocupaciones y gastos. El esfuerzo merece la pena y las alegrías de sentirse alcalde de una ciudad tan emblemática como Toledo, son grandes.

Deseo que hayan tenido una grata estancia en nuestra ciudad de Toledo con motivo de la celebración de este Congreso. Espero que  las conclusiones adoptadas en este encuentro contribuyan  a consolidar la idea de  que los conceptos de progreso y conservación patrimonial no son incompatibles, sino que la correcta utilización de los recursos patrimoniales  puede convertirse en un importante factor de desarrollo.

Como les dije el pasado sábado, reitero mi apoyo al Subcomité de Ciudades Históricas para el Área Iberoamericana.  España y el mundo latinoamericano tienen una gran  presencia en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Esa realidad debe obligarnos a mantener una colaboración estrecha en la adopción de políticas comunes para la conservación de nuestras riquezas artísticas. A ello me comprometo como alcalde y con esas aspiraciones  presentaré mi candidatura a la presidencia de la Organización Mundial de las Ciudades Patrimonio.

Muchas gracias por  su atención y deseo que hayan disfrutado de nuestra ciudad y de nuestras fiestas del Corpus Christi.

 

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