Acto
de clausura: Intervenciones
José
Manuel Molina.
Alcalde
Presidente del Excmo. Ayuntamiento de Toledo
(España)
La CARTA
INTERNACIONAL PARA LA CONSERVACIÓN DE LAS CIUDADES HISTÓRICAS comienza
con unas palabras que constituyen una invitación a la responsabilidad de
los gestores públicos: “Todas las ciudades del
mundo -se dice-
al ser el resultado de un proceso de desarrollo más o menos espontáneo,
o de un proyecto deliberado,
son la expresión material de las sociedades a lo largo de su historia”.
El respeto a ese pasado, a
las generaciones que nos precedieron y a las que nos sucederán
nos obligan a actuar con especial seriedad.
Para responder a ese objetivo, durante tres días ustedes se han reunido
en la ciudad de Toledo con el fin de participar en este Congreso
Internacional sobre Ciudades Históricas Iberoamericanas, organizado por
el Comité Español de ICOMOS, con el apoyo de la Dirección General de
Bellas Artes del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes. Hoy vuelvo
a encontrarme con ustedes en esta sesión de clausura y quiero aprovechar
la ocasión para exponerles algunas breves reflexiones sobre los criterios
que a mi juicio deben marcar las políticas de conservación patrimonial.
La
Convención del Patrimonio Mundial fue
adoptada por la Conferencia General de la UNESCO en 1972. Al firmar la
Convención, los estados miembros se comprometen a preservar los bienes a
los que se les ha reconocido un valor excepcional y universal. España no
firmó la Convención hasta el año 1983 y un año después la Asamblea
celebrada en Buenos Aires incluyó el primer bien español en la Lista del
Patrimonio Mundial: la Mezquita de Córdoba. Al cabo de
tres años, la ciudad de Toledo era reconocida con esa distinción.
Como ustedes saben bien, y así lo recordábamos el pasado sábado con
motivo de la recepción que les ofrecimos en nuestras Casas
Consistoriales, el Casco Histórico de Toledo es un espacio urbano
singular y único que a lo largo de los siglos se ha ido conformando
dentro de las barreras naturales que impone el río Tajo y las diferentes
murallas defensivas que fueron construyendo las sucesivas civilizaciones
que aquí se asentaron.
Conocen perfectamente que para afrontar la conservación de nuestro
patrimonio, el Ayuntamiento dispone de un
Plan Especial que
responde plenamente a los contenidos de la CARTA INTERNACIONAL PARA LA
CONSERVACION DE LAS CIUDADES HISTORICAS, donde se fija como objetivo que “la
conservación de las Ciudades y barrios históricos, sólo puede ser
eficaz si se la integra en una política coherente de desarrollo económico
y social y si se la toma en consideración en el planeamiento del
territorio y del urbanismo en todos sus niveles”
Desde
ese punto de vista, permítanme destacar que objetivos irrenunciables de
cualquier intervención en un conjunto histórico deben ser la potenciación
de las relaciones entre la ciudad y su entorno, y la consolidación de las
diversas funciones ciudadanas adquiridas
en el curso de la historia. En este sentido, la participación y el
compromiso de los vecinos es imprescindible para el éxito de cualquier
política de revitalización. No debemos olvidarnos que, como dice la
citada CARTA INTERNACIONAL, “la
conservación de las ciudades y barrios históricos conciernen, en primer
lugar, a sus habitantes”.
La última
década ha sido básica
y apasionante para los gobiernos, comunidades e individuos interesados en
la conservación del Patrimonio Cultural de la Humanidad. Han sido años
en que esa problemática se ha universalizado. La gestión del patrimonio
urbano ha pasado, de ser cuestión de interés exclusivo de los
especialistas en restauración, a preocupación compartida por políticos,
especialistas varios, profesionales y ciudadanos en general. No puedo
ocultar que, frente a ese interés, los responsables públicos nos
encontramos, en numerosas ocasiones, carentes de los recursos técnicos y
económicos precisos. Estas
circunstancias nos imponen un desafío adicional imposible de subestimar.
Se imponen, entonces, las políticas de solidaridad.
A nadie se le oculta que la clasificación
de un conjunto como Ciudad Patrimonio de la Humanidad lleva dentro de sí
un potencial de riqueza, que debe ser
correctamente gestionado con la colaboración y ayuda de todas las
administraciones, y especialmente del Estado, las cuales encuentran en
estas ciudades un referente mundial de prestigio y emblema cultural e histórico.
Los
responsables públicos que tenemos la suerte de asumir responsabilidades
sobre la conservación de este patrimonio, debemos ser los primeros en dar
ejemplo. Somos garantes de la conservación de un bien universal, que nos
exige un plus de imaginación,
preocupaciones y gastos. El esfuerzo merece la pena y las alegrías de
sentirse alcalde de una ciudad tan emblemática como Toledo, son grandes.
Deseo que hayan tenido una grata estancia en nuestra ciudad de Toledo con
motivo de la celebración de este Congreso. Espero que
las conclusiones adoptadas en este encuentro contribuyan
a consolidar la idea de que
los conceptos de progreso y conservación patrimonial no son
incompatibles, sino que la correcta utilización de los recursos
patrimoniales puede
convertirse en un importante factor de desarrollo.
Como les dije el pasado sábado, reitero mi apoyo al Subcomité de
Ciudades Históricas para el Área Iberoamericana.
España y el mundo latinoamericano tienen una gran
presencia en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Esa
realidad debe obligarnos a mantener una colaboración estrecha en la
adopción de políticas comunes para la conservación de nuestras riquezas
artísticas. A ello me comprometo como alcalde y con esas aspiraciones
presentaré mi candidatura a la presidencia de la Organización
Mundial de las Ciudades Patrimonio.
Muchas gracias por su atención
y deseo que hayan disfrutado de nuestra ciudad y de nuestras fiestas del
Corpus Christi.
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