Acto
de Clausura: Intervenciones
Alberto S. J. De
Paula
Vicepresidente
del Subcomité Regional de Ciudades y Poblaciones Históricas para el Área
Iberoamericana
(Argentina)
Este Seminario ha llegado a su tramo final, luego de habernos encontrado
entre nosotros, y haber celebrado nuestro propio encuentro tangible e
intangible con Toledo, ¡ciudad histórica por antonomasia!, y que es la
expresión y la síntesis de las tres grandes corrientes espirituales de
la humanidad. Agradezco en nombre de todos, las esmeradas atenciones
recibidas de sus autoridades y vecinos, aquí representados por el Ilustrísimo
Señor Alcalde, quien mucho nos honra con su presencia en esta breve
ceremonia.
Nuestra reunión aquí, en Toledo, nos ha dado la oportunidad de
constituir un nuevo espacio de trabajo: el Subcomité Regional de ciudades
y Poblaciones Históricas para el Área Iberoamericana que -en el seno del
ICOMOS y del Comité Internacional de Ciudades y Poblaciones Históricas-
nos posibilitará atender de manera específica la problemática de
los centros históricos de nuestra propia área cultural común. Nuestro
agradecimiento es, ante todo, al Comité Nacional Español del ICOMOS que,
al asumir los roles de sede y de secretaría permanente del subcomité
hace viable, en los hechos, su funcionamiento inmediato.
El acuerdo de todos ustedes, estimadísimos colegas, ha determinado que yo
ocupe la vicepresidencia de este nuevo Subcomité, y esto es para mí un
honor y un voto de confianza tan fuerte, que no puedo rehusar y que me
comprometo a asumir con la máxima responsabilidad posible.
En verdad, creo en la comunidad cultural iberoamericana, dentro de su
propia diversidad.
La vida de nuestros países ha tenido sus momentos de convergencia que,
sin destruir las pluralidades heredadas, las ha encuadrado en un marco de
identidad común, indestructible. Así como lo alcanzó en su día la
Hispania romana, también lo han registrado las Américas, pues el llamado
descubrimiento no se reduce al mero dato del hallazgo de un
continente por hombres que procedían de otro. Hubo después un
descubrimiento recíproco de todos los pueblos americanos entre sí,
enriquecido por el encuentro con el mundo ibérico que también era
plural. Así las Españas y las Indias, y el mundo lusitano con Portugal y
Brasil, dieron entonces el origen a esta realidad innegable de nuestro
presente, que proyectamos hacia el futuro de todos.
Debemos presentar ahora las conclusiones que son el fruto de este
Seminario, para llevarlas con nosotros y diseminarlas, para que de su
siembra germinen nuevos proyectos e inquietudes. Ellas están sobre esta
mesa, y no son otras que las ideas aportadas por todos y cada uno de
nosotros. La intensidad del trabajo de esta tarde, ha impedido lograr su
articulación en un texto ordenado, con su encadenamiento lógico y su
adecuada redacción. Confiamos tenerlo pronto para que esté al alcance de
todos, mediante los recursos que la tecnología informática nos aporta, y
que debemos aplicar en nuestros planes y trabajos según recomienda una de
las conclusiones de este mismo Seminario.
Uno de los objetivos esenciales de este encuentro fue el análisis de las
ciudades y poblaciones históricas de nuestra área, con relación a los
documentos internacionales. En este aspecto, uno de los puntos en debate
ha sido el análisis del concepto histórico, puesto como adjetivo
de algunos centros urbanos; cuando se considera que todos son el resultado
de un proceso generador y un desarrollo, que se verifican en el tiempo y
en el espacio, y esto los hace a todos historiables.
Ese proceso es dinámico, como en todo organismo vivo. Las ciudades nunca
son inertes. Una mirada sobre la historia urbana de nuestra propia área
iberoamericana, permite descubrir no sólo ciudades que nacen y que
mueren, sino también mutaciones notables que transforman organizaciones,
funciones y morfologías urbanas, en todo o en parte.
Asentamientos iberos que bajan de las acrópolis a las llanuras, para
configurar colonias romanas. Urbes hispano-romanas que desdibujan sus
trazas y se transforman en ciudades árabes. Y, en mayor escala, todo el
pensamiento platónico y aristotélico sobre la ciudad ideal, olvidado en
Occidente pero preservado por la cultura árabe, y devuelto al
conocimiento de la Europa latina por los traductores que formaban escuela
en el Toledo islámico. Y luego, Santo Tomás de Aquino, Alfonso “el
Sabio” y Fray Francisco Eximeniz entre otros, producen teorías y
normativas urbanas, que iluminan el bajo medievo
peninsular.
Esas mismas normas y esa cultura ordenadora del espacio, se proyectan al
Caribe, desde donde Cortés las enlaza con formas y funciones del
urbanismo mesoamericano, en su concepción de la nueva traza de Méjico,
imitada y perfeccionada por Pizarro en la cuadrícula, hasta configurar a
Lima como el nuevo prototipo urbanístico de la colonización
hispanoamericana.
No hay duda: la ciudad es un producto de la historia y la historia es el
eje troncal de la cultura.
Pero no confundamos. Saber histórico y patrimonio histórico son
conceptos esencialmente diferentes. El primero es una memoria inmaterial y
corresponde al conocimiento abstracto, que se nutre de fuentes diversas.
El segundo es una realidad concreta, y está compuesto por elementos
tangibles e intangibles, heredados del pasado, por medio de los cuales esa
memoria se hace perceptible.
La historicidad abstracta de todos los centros históricos de la humanidad
es, simplemente, el reconocimiento de esa calidad en las ciudades, porque
ellas son los resultados de la obra colectiva de los pueblos, en el
espacio y en el tiempo.
Una población concreta adjetivada como “histórica” es, en tanto, aquélla
donde la memoria se expresa con mayor intensidad, por medio de los
elementos materiales de su patrimonio o heredad cultural.
La historicidad de las ciudades, en general, es un hecho indudable
y no requiere otra cosa que admitirlo. El patrimonio histórico, arquitectónico
y urbano -en cambio- depende de nuestro cuidado permanente para su
conservación, para no desvirtuarlo, para que su rol testimonial sea
claro, y su mensaje llegue a todos con autenticidad. Es para lograr esto
por lo que nos hemos reunido aquí, en Toledo, durante estos cuatro días.
En este marco conceptual y doctrinal, nuestro Seminario ha revisado el
campo teórico y los resultados prácticos, con sus cumplimientos e
incumplimientos. El análisis crítico nos ha hecho advertir la necesidad
de avances conceptuales en el orden social, económico y político, en la
gestión administrativa y técnica, y en algunos aspectos teóricos. Todo
esto queda contenido en el documento final de conclusiones y
recomendaciones.
Hemos notado la importancia del sistema educativo en el desarrollo, desde
la niñez, de la sensibilidad para una buena comprensión del patrimonio
cultural, así como para su correcta conservación y defensa, como
elemento fundamental de las identidades culturales de los pueblos. Por eso
entendemos conveniente que la enseñanza formal e informal, reglada y no
reglada (escuelas y museos, colegios y universidades, asociaciones
culturales de toda índole) incluyan en sus programas estos temas. Este
camino es la mejor garantía de un futuro mejor, en una cuestión de tan
alta importancia.
También percibimos la necesidad de una correcta administración de los
recursos, sean éstos pocos, o sean muchos; siempre existe el peligro de
utilizarlos mal y dañar lo que se quiere proteger, o bien por el
contrario aprovecharlos bien y conseguir los mejores resultados posibles.
Desde luego, esta segunda alternativa es la que anhelamos, porque el
manejo de políticas responsables garantiza el futuro de esos elementos
del pasado, que no son nuestros, porque pertenecen a las generaciones por
venir.
Nuestro Subcomité para el Área Iberoamericana se ha comprometido a
asumir la evaluación y el seguimiento tanto de propuestas para nuevos
centros, como de los ya declarados parte del patrimonio de la humanidad.
También el seguimiento de los convenios
ya suscritos. Será, ello, con los respectivos comités nacionales del
ICOMOS y de los gobiernos correspondientes.
Para
activar el funcionamiento del Subcomité, existe el propósito de realizar
-con la cooperación de todos- encuentros regionales por subáreas,:y un
segundo Seminario, a celebrar en México.
Por
último (y estoy seguro de que a todos agradará esta información) les
anticipo que las Actas de este Primer Seminario se publicarán en breve,
gracias al apoyo del Comité Español del ICOMOS y a la laboriosidad
proverbial e infatigable de su Presidente, la doctora María Rosa Suárez-Inclán
Ducassi.
Es
a nuestra amiga María Rosa, a quien debemos en parte inmensa y esencial,
la realidad de nuestro encuentro. A ella y a todos ustedes, no menos que
al señor Alcalde de Toledo: ¡muchas… muchísimas gracias!
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