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| Seminario Internacional de Ciudades Históricas Iberoamericanas (Toledo, 2001) |
LAS CIUDADES HISTÓRICAS COMO SITIOS INTEGRALES. LOS CASOS DE SANTA FE LA VIEJA (1573-1660) Y FEDERACIÓN (1810-1847-1979) EN ARGENTINAJavier
García Cano (Argentina) Los
asentamientos humanos han tenido una estrecha relación con las cuencas de
agua. En general, la localización relativa a las vías navegables o a las
fuentes de agua potable han sido dos de las condiciones determinantes para
realizar una fundación. Esta breve descripción de una cualidad
ineludible de la mayoría de las fundaciones de ciudades en Iberoamérica
implica una serie de definiciones de la idea de “ciudad histórica”. Si
este presupuesto es tomado en cuenta, deberá reconocerse que el hombre
siempre ha tenido una relación de dependencia muy estrecha de la
existencia del medio acuático. Ya fuere para explotar el recurso usándolo
como fuente de agua potable, o como vínculo con otros territorios
(transporte), o como barrera defensiva (actividades navales), o como medio
para el desarrollo económico (comercio), o como lugar en el que proveerse
de alimentos (pesca), las cuencas dieron sentido a la existencia y
supervivencia de las posiciones tomadas por la gente en tierra. A
partir de la segunda afirmación, deberíamos inferir que el hombre en
forma genérica ha dejado rastros sumergidos de su interacción con el
agua, tanto como lo ha hecho en tierra. En alguna medida, estudiar esos
restos permitiría obtener información del pasado a través del material
que testifica la apropiación integral que el hombre hizo del territorio.
En realidad, estudiar el registro arqueológico sumergido permite
corroborar que el hombre nunca consideró (excepto en el siglo XX) al agua
como una barrera en el territorio, sino como una fase que dio sentido a la
localización de los asentamientos. Las
ciudades históricas responden a estos patrones. Los casos que presentaré
dan cuenta del valor que adquiere, en términos patrimoniales, estudiar
las ciudades como sitios “integrales”, es decir sin dejar de lado el
estudio y puesta en valor de la fase acuática. Definido en éstos términos,
habré de considerar a la ciudad como un sitio que tiene una fase
terrestre (con límites físicamente definidos y visualmente perceptibles)
y una fase acuática que especialmente se diferencia de la anterior por no
poder establecerse en forma visible un límite o borde. La
fase sumergida de una ciudad puede presentar una gran diversidad en el
tipo de testimonios de la interacción del hombre con el agua. En general,
en la zona de articulación entre ambas fases (en los sectores cercanos a
la costa) existe normalmente un mayor potencial de hallazgos de material.
Las instalaciones de apoyo a la actividad del hombre en el agua son
elementos prototípicos y de frecuente presencia. Por ofrecer un breve e
incompleto listado mencionaré: muelles, tablestacados, defensas, señalizaciones,
espigones, puertos, fondeaderos, etc. En esta fase también se presentan
elementos no exclusivos de las actividades en el agua. Objetos de todo
tipo, bienes de comercio y consumo son materiales que por diferentes
razones pudieron haber permanecido bajo el agua. La actividad portuaria es
en ese sentido una gran generadora de material sumergido. Cargamentos de
buques que se hunden en puerto, o que se tiran por al borda para evitar la
detección de actividades de contrabando son algunos de los casos que
testifican lo antedicho. Finalmente, en esta fase deberíamos contabilizar
la posible existencia de bienes especialmente creados para potenciar la
interacción con el medio acuático: los buques. Los restos de naves
naufragadas son también parte del patrimonio que define la naturaleza de
la fase sumergida de un asentamiento. De más está decir que no siempre
debería limitarse la definición de esta fase a partir de la existencia
de la totalidad de estos elementos. Existen
casos peculiares, menos generalizables y en cierta medida no responden al
modelo descrito. Me refiero a los casos en los cuales por razones muy
particulares las ciudades definen su fase subacuática a partir de un
cambio en la situación del espejo de agua con la que integran el paisaje.
Mencionaré dos casos: Santa Fe La Vieja (1573-1660) y Federación (1810 -
1847 – 1979), ambas en Argentina.
Santa Fe La Vieja Santa
Fe La Vieja fue fundada por Juan de Garay en 1573 en un brazo del Río
Paraná, como parte de la política de consolidación de las vías
navegables que debían mantener activa la conexión
España-Asunción (uno de los extremos fluviales del Camino Real).
Su magnitud y localización en las márgenes del Río San Javier o de los
Quiloazas la establecieron como un punto de relevancia en la ruta fluvial
hacia la salida marítima, y desde ella, el mismo Juan de Garay realiza la
segunda fundación de Buenos Aires en 1580. La configuración del suelo y
su relación con la dinámica fluvial es lo que determinó que en
aproximadamente 60 años se decidiera su traslado hacia una nueva
localización 85 kilómetros al Sur. El río San Javier erosionó (proceso
que aún no finalizó) las barrancas sobre las que la ciudad fue asentada,
provocando derrumbes de hasta un tercio de la superficie original. Este
proceso determinó que en el lecho del río se decantara el material
arqueológico que testimonia los tiempos de la ocupación. Es así como
sectores de relevancia en la ciudad han pasado a ser parte de la fase
sumergida de Santa Fe. Parte de la plaza, varias de las iglesias y las
viviendas de los pobladores con mayor importancia, en el formato de sus
restos arqueológicos, se encuentran bajo el agua. Cabe destacar que este
proceso se detectó a poco de haber sido fundada la ciudad, con lo cual
durante el período de la ocupación ya se sufrió el problema de la erosión.
Con motivo de la pérdida de algunos edificios se decidió el traslado.
Santa Fe La Vieja presenta hoy una situación muy peculiar al ser
estudiada como ciudad histórica en forma integral. Los trabajos de
excavación de la fase sumergida muestran los restos de la actividad más
intensas de la ciudad. Si bien es claro que la ciudad fue siendo dejada,
los sectores que se desbarrancaron son aquellos que tenían mayor densidad
de ocupación, y a su vez son aquellos ocupados por los sectores de mayor
capacidad económica de la población. Pero además al estudiar lo que
queda bajo el agua, se ha podido registrar el proceso de transformaciones
postdeposicionales naturales que provocó que parte de la ciudad terminara
en el lecho del río. Es decir que hemos registrado y explicado el proceso
de interacción de la ciudad con el medio y su evolución.
Federación Este
segundo caso presenta una situación muy diferente. Si
bien siempre tuvo una relación estrecha con el río Uruguay, lo que hace
que le presente es cómo en la actualidad tiene definida una fase subacuática
totalmente peculiar. Se encuentra al Norte de la Provincia de Entre
Ríos, en la mesopotamia argentina en la costa Oeste del Río Uruguay
(otra de las antiguas rutas fluviales del Camino Real y actual límite con
la República Oriental del Uruguay). La primera fundación es de 1810 y
llevaba el nombre de “Mandisoví”, la que debió ser mudada en 1847
después de varios saqueos en manos de guerras internas. Se desplazó
hacia un sector del río en el que pudiera funcionar como un buen puerto;
y fue nombrada “Pueblo de la Federación”. Para su localización se
buscó la desembocadura de dos arroyos en el Río Uruguay, los que favorecían
a la actividad portuaria (arroyos “El Bizcocho” y “La Virgen”).
Como resultado de un tratado firmado entre Argentina y Uruguay en 1946, se
inician aguas abajo en el río obras para la construcción de la Represa
Salto Grande, la que obligó en 1979 que la ciudad se trasladara a un
nuevo emplazamiento. En esta segunda oportunidad la cota del río cambió
y dejó bajo el nuevo lago (por el embalse) a la Federación de 1847,
frente al sitio que ocupa la nueva Federación. El
proceso de interacción con el río plantea entonces varias situaciones.
Respecto de la primera localización, existe una fase sumergida
determinada por los restos de una actividad menor de principios del siglo
XIX. En la segunda localización existe una fase subacuática de gran
actividad portuaria, especialmente porque las bondades des este puerto
permitió que la producción maderera de la zona llegara a la ciudad para
ser aserrada y embarcada hacia el Sur (a Buenos Aires). Finalmente, la
actual Federación tiene como fase sumergida la totalidad de los restos de
la segunda población junto con las fases acuáticas de los dos
emplazamientos anteriores. Es
importante destacar que para los actuales habitantes existe un lazo
emocional muy fuerte para con los restos que permanece bajo el agua, con
lo que la manera de definir la fase subacuática de la ciudad radica
especialmente en la cuestión de la consideración sensible del
patrimonio. Pero además dado lo dramático del proceso de radicación en
el nuevo emplazamiento, los actuales habitantes han generado un rechazo
muy explícito por el río y el lago, lo cual es casi una negación de la
existencia de la fase acuática de la ciudad. Evidentemente es imposible
comprender a Federación sin tener en cuenta su relación con el río. Es
tal vez de manera trágica pero evidente en este caso que la consideración
contextual integral de una ciudad es indivisible. Me
llevó a presentar brevemente estos dos casos la posibilidad de
ejemplificar con extremos y cualidades peculiares la idea de ciudad histórica
conformada por sus dos fases. En ambos casos sería imposible comprender
el asentamiento, la razón de su localización, el desarrollo de su vida y
hasta el desarrollo del proceso posterior a la ocupación a sí como el
desarrollo del sitio arqueológico como proceso postdeposicional si dejáramos
de lado alguna de sus fases. Bibliografía Austral,
Antonio y García Cano, Javier.
1997. “La integridad del registro arqueológico de los sitios costeros y la
pertinencia de las técnicas de la arqueología subacuática”. IX
Congreso Nacional de Arqueología Uruguaya. Colonia del Sacramento -
Uruguay. García
Cano, J. 1998. “Diversidad y problemas arqueológicos de los sitios subacuáticos”.
Museo y Archivo Histórico del Banco Provincia; IAA – FADU – UBA;
ICOMOS Argentina. Buenos Aires. Argentina. García Cano, J y M.
Valentini.1999.”La
integración subacuática en sitios de la región nordeste. Los casos de
Santa Fe La Vieja y la Boca del Monje. Provincia de Santa Fe,
Argentina.” Simposio Arqueología Subacuática en XII Asamblea
Internacional de ICOMOS. México. García
Cano, J. 2000. “Estudio de la porción sumergida de una Fundación Española del
siglo XVI. Arqueología Subacuática de la Ruinas de Santa Fe La Vieja, un
enfoque metodológico”. IAA – FADU – UBA. n° 110. Buenos Aires.
Argentina. Rocchietti,
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Banco Provincia; IAA – FADU – UBA; ICOMOS Argentina. Buenos Aires.
Argentina. Valentini,
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“La Boca del Monje. Un paisaje de agua.” Museo
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Argentina. Buenos Aires. Argentina. Valentini,
M. 1998.
“La Integración Subacuática en sitios de la región
Nordeste.” Museo
y Archivo Histórico del Banco Provincia; IAA – FADU – UBA; ICOMOS
Argentina. Buenos Aires. Argentina.
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