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| Seminario Internacional de Ciudades Históricas Iberoamericanas (Toledo, 2001) |
SANTA CRUZ DE MOMPOX, TIERRA DE DIOSGermán
Téllez García
(Colombia)
“
La villa de Santa Cruz de Mopox, setenta y tres leguas de Cartagena por la
mar y río Grande, es pueblo de veinte y un vecinos encomenderos, y en su
comarca habrá como dos mil indios tributarios repartidos en veinte y seis
repartimientos, los cinco de Su Majestad. Pobló este pueblo el Licenciado
Santa Cruz, que fue Juez de Residencia del Adelantado Don Pedro de
Heredia, y así se llama Santa Cruz de Mopox; toda esta tierra es muy húmeda
y caliente, porque el río Grande y
el río de Cauca anegan cada año toda esta comarca. El sitio del pueblo
es cerca del
río Grande de la Magdalena; las poblaciones de los indios son en
la ribera de dicho río y en el de Cauca, en casas grandes cubiertas de
paja, en que viven juntos ocho
a diez indios; el servicio que hacen a los españoles es hacer las casas
cubiertas de paja, y las sementeras de maíz, y bogar las canoas el río
arriba con mercaderías, que es lo que acaba los indios, como arriba queda
dicho, aunque no los apremian a que lo hagan si no lo quieren hacer de su
voluntad. “
Juan López de Velasco A MEDIO
CAMINO ENTRE EL MAR CARIBE Y LOS ANDES
La
ciudad de Santa Cruz de Mompox,
tan bellamente descrita por Don
Juan López de Velasco en su libro “Geografía y Descripción
Universal de las Indias”, fue un
puntal fundamental en el proceso de colonización del Nuevo Reino de
Granada por parte del Imperio Español. Su fundación se sitúa
en el año 1540 y se atribuye al entonces Gobernador de Cartagena
de Indias, Juan de Santa Cruz, el cual seguramente capitalizó
la experiencia previa de los nativos malibúes, quienes habían
descubierto que esta era una de las pocas zonas en la región que, a pesar
de hallarse situada en la ribera del río Grande de la Magdalena, estaba
relativamente a salvo de sus crecientes y consecutivas inundaciones. Esta
condición se derivaba en parte de los trabajos adelantados por los
antecesores de este pueblo, los indígenas zenúes, los cuales habitaron
esta región hacia el siglo VIII a. C., y lograron mediante la construcción
de un complejo sistema de camellones, canales y desagües, interconectar
diversas ciénagas y corrientes de agua
existentes, con el fin de encauzar las crecientes invernales y
aminorar el impacto de las sequías sobre sus cultivos.
La puesta en marcha de esta imponente obra de ingeniería, le
permitió a esta avanzada cultura, obtener el control de más de 500.000
hectáreas de tierras anegadizas. Inmersa
en este particular contexto histórico y geográfico, la isla de Mompox
disfrutó de una privilegiada posición derivada de su
localización en la confluencia de los ríos Cauca, Cesar, San
Jorge y Magdalena, que propició durante el período
colonial una permanente comunicación por vía fluvial con el
interior del país. En consecuencia,
la ciudad se concibió desde su origen como un sitio estratégico y escala
obligada entre la ciudad portuaria de Cartagena de Indias y la villa de
Honda, situada en las riberas del río Magdalena y desde donde
posteriormente se remontaba uno de los ramales de la Cordillera de los
Andes para arribar a la brumosa capital del Virreinato, Santa Fe de Bogotá. Las
mercancías que llegaban de la metrópoli, así como los productos de
exportación, se movilizaban por el río en canoas o champanes conducidos
diestramente por los indígenas del lugar, los cuales vencían la
corriente impulsando las embarcaciones por medio de largas pértigas que
hincaban en el lecho del río. Esta agotadora labor denominada boga, llevó
hacia finales del siglo XVI casi a su exterminio a la población nativa,
siendo esta fuerza laboral sustituida
posteriormente por mano de obra proveniente de los negros esclavos.
Mompox
dependió simultáneamente para su desarrollo de la presencia del río y
de la producción agrícola y ganadera de los campos circundantes, cuya
forma de explotación fue predominantemente latifundista. La modesta minería
de oro y aluvión aportó también su cuota
para la construcción de un sistema socioeconómico local y
regional, que permitió la acumulación de la riqueza en manos de unos
pocos terratenientes y comerciantes. La
configuración de la ciudad reflejó necesariamente la organización
social imperante, donde los blancos de origen criollo o español trazaron
y ocuparon unas pocas manzanas
de la
trama urbana y construyeron para su alojamiento amplias mansiones
de patio central; mientras que el resto del conjunto fue habitado por la
población mestiza y negra que tuvo por abrigo
modestas construcciones que respondían
a una concepción popular de la arquitectura.
UNA
BELLA CIUDAD TENDIDA SOBRE LA
MARGEN DEL
RÍO Santa
Cruz de Mompox fue, como sus antecedentes andaluces
a la orilla del Guadalquivir, un pueblo dispuesto a lo largo de una
ribera del río. La ciudad se estructuró a partir de tres calles
principales, que se trazaron en forma paralela al curso fluvial y cuya
jerarquía iba
disminuyendo a medida que se distanciaban de éste. Con
el fin de evitar las alteraciones que la corriente del río pudiera
ocasionar en la primera de las vías mencionadas, se construyó a lo largo
de ésta un conjunto de muros de contención
o albarradas, de cuya denominación toma la calle su nombre. A lo
largo de éste paseo ribereño se ubicó un prestante comercio y se fueron
insertando los principales espacios públicos de la ciudad: las
Plazas de Santa Bárbara,
de la Aduana , San Francisco y la Plaza Mayor o de la Concepción.
La segunda de las vías, caracterizada por un sinuoso decurso, se apodó
la Calle del Medio y finalmente, el último de estos ejes urbanos que daba
frente a las tierras anegadizas del interior, se bautizó como la Calle de
Atrás. Dentro
de estas líneas generales de composición y de acuerdo con la usanza de
la época, se hizo la repartición de la tierra por
manzanas, las cuales se adecuaron
a una trama urbana ortogonal de gran flexibilidad. Al interior de
este territorio acotado se ubicaron las viviendas, en su gran mayoría
“casas bajas” o de un solo piso de altura,
que tuvieron como constante la organización
de los diferentes espacios que las conformaban sobre uno o varios
de los costados de un patio interior. Así como, el empleo de diferentes
recursos técnicos y constructivos aportados por los albañiles,
carpinteros, herreros y alarifes que pasaron por la ciudad camino al
interior de la Nueva Granada. Entre estos se destaca el empleo de la
madera para las armaduras de cubierta, utilizando el sistema de par y
nudillo. Este
tipo de estructuras estuvo también
presente en los edificios más relevantes de la ciudad: sus iglesias.
Estas, se caracterizaron por
poseer un espacio interior de
tipo basilical, con una nave
central y dos naves laterales, las cuales
se integraron en un único espacio interior, condición que se hizo
posible por el empleo de columnas de madera, de gran esbeltez,
como elementos de soporte. EN
BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO “Señor
–dijo-, estamos en
Mompox, tierra de Dios,
-dijo el general sin abrir los ojos. Este
diálogo maravilloso sostenido entre el libertador de cinco repúblicas
latinoamericanas, Simón Bolívar, y su ayuda de cámara José Palacios,
al interior del libro “El General en su laberinto“ del premio
nobel colombiano Gabriel García Márquez, ilustra en forma poética esa
condición mágica, gravitando entre realidad y fantasía, que cobran las
obras del hombre cuando el
tiempo se detiene en ellas. Desde
mediados del siglo XIX, el caprichoso río Grande de la Magdalena había
sedimentado el Brazo de Mompox, ligado entrañablemente al desarrollo de
la ciudad, y desviado sus
aguas más rápidas hacia el Brazo de Loba. Los modestos champanes fueron
sustituidos por amplias embarcaciones impulsadas por vapor, las cuales por
su gran calado no podían aproximarse al
antiguo muelle. En
consecuencia, Mompox perdió
su papel protagónico como lugar de paso obligado entre el mar Caribe y
la región andina, y se
produjo su paulatino aislamiento
de la vida económica nacional. La
introversión generó el fortalecimiento de una cultura local, la
conciencia en el ciudadano común de una identidad propia y la preservación
de una estructura urbana y
patrimonial detenida en el tiempo. Este particular fenómeno propició
igualmente la continuidad y puesta en valor de diferentes oficios
artesanales, entre ellos la orfebrería, presente ya en la vida momposina
desde sus antepasados indígenas, a través de la técnica de la filigrana
en la cual los actuales pobladores son verdaderos maestros. Las
tradiciones religiosas católicas provenientes de la época colonial,
también se expresan en la actualidad con una fuerza inusitada. A
principios del mes de abril de cada año, se celebra en forma imponente la
Semana Santa o Semana Mayor. Los feligreses se organizan en cofradías y
sus integrantes, denominados nazarenos, cargan en andas durante las
procesiones las diferentes imágenes sagradas que representan el víacrucis. Tal
vez esta explosión del espíritu religioso, así como la presencia
majestuosa y permanente dentro
de la estructura urbana de las iglesias y sus torres, es la razón que ha
llevado a acuñar a sus habitantes el refrán popular: “Santa Cruz de
Mompox, tierra de Dios”, el cual es también compartido por los turistas
nacionales y extranjeros que entusiasmados asisten a las celebraciones
mencionadas.
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