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Seminario Internacional de Ciudades Históricas Iberoamericanas (Toledo, 2001) 
 

LAS CIUDADES HISTÓRICAS Y SU SIGNIFICADO INTANGIBLE


Alberto Martorell Carreño.

(Perú)

 

La gran tarea que nos corresponde desarrollar como per­sonas conscientes del valor del Patrimonio Cultural y su im­portancia para el desarrollo, y como institución especializa­da, es transmitir esa conciencia al resto de la población. Mientras los ciudadanos no sean conscientes del valor de su ciudad como testimonio de la historia, como fuente de identi­dad y como conformante de la esencia viva de cada sociedad, será poco lo que podamos hacer en favor de la conservación. Esta verdad de perogrullo, que seguramente muchos nos recor­darán (como nos han recordado ya a lo largo del seminario que venimos celebrando) es también una tarea inconclusa.

No hemos logrado que la sociedad supere, primero, la relación mental de lo "antiguo" con lo "atrasado"; por lo menos no lo hemos logrado en numerosas ciudades históricas del ámbito americano. Como no hemos logrado e inclusive en muchos casos hemos contribuido a la idea de que la relación primordial es la que se da entre patrimonio cultural y turismo, que trae como consecuencia ingreso de divisas y, por ende, mejora econó­mica y desarrollo.

Sé que hay quienes criticarán con justificadas razones esta última afirmación que acabo de hacer. Pero creo que pue­do sostenerla. Cuando el criterio que prima en el manejo del Patrimonio Cultural es su atractivo turístico, entonces sucede que toda la planificación de su uso y gestión se orienta des­de y hacia este sector. Resulta así que investigamos, restau­ramos y ponemos en valor los bienes culturales en función del visitante o turista. Así, se dejan de lado criterios que tie­nen que ver con la relación primordial entre una ciudad his­tórica y sus habitantes cotidianos. Esto no lo digo simple­mente porque lo crea así. Puedo citarlo porque ha venido suce­diendo, por ejemplo, en la ciudad del Cuzco (Perú). Allí, numerosas casonas del casco antiguo han sido compradas por personas de otros países, con la finalidad de convertirlas en hostales o casas de hospedaje. También importantes cadenas hoteleras han transformado casonas históricas en hoteles, actuando únicamente con los criterios fachadistas que, sabe­mos, son tan nefastos para la conservación de una ciudad.

Recuerdo una conversación que sostuve en la ciudad del Cuzco, como ustedes saben Patrimonio Cultural de la Humani­dad, con un taxista: este hombre sencillo me dijo "si no hu­bieran tantas construcciones antiguas y tantas cosas, la vida sería más barata. Aquí todo es más caro porque vienen los turistas con sus dólares y los precios suben para todos. Yo preferiría vivir en una ciu­dad común y cualquiera, sin tanta declaración ni tanto turis­mo."

Claro que el turismo genera ingresos para la región, pero el testimonio de ese hombre nos puede explicar cuán des­ligado se sentía de la historia de su propia ciudad y de los beneficios que el turismo supuestamente genera para la región. Genera recursos, sí; pero muchas veces el grueso de ellos no beneficia a quienes debería.

Cosa contraria me sucedió en Cuenca (Ecuador) también Patrimonio Mundial. Allí, cuando comentamos lo ordenada y limpia que encontrábamos la ciudad, otro taxista nos contes­tó. "Por supuesto. Nuestra ciudad nosotros la cuidamos, por­que es importante. Y los turistas que vengan tiene que respe­tarla".

Seguramente el flujo de turistas hacia Cuenca es mucho menor que hacia Cuzco. Pero, sobre todo, lo que sucedía allí es que existía ese vínculo espiritual, anímico, profundo en­tre un ciudadano y su propio medio. Ese vínculo es la esencia del Patrimonio Intangible. Nos corresponde aprehenderlo y transmitirlo a las siguientes generaciones.

La tarea es muy grande. Debemos lograr que el nexo entre la población y ese patrimonio intangible, conjunto de valores y tradiciones que forman parte del espíritu de la ciudad, sea aprehendido por sus pobladores y transmitido a las generaciones futuras.

Es muy común que nos preocupe­mos por las ciudades que tienen algún contenido emblemático. Pero hay otras pequeñas ciudades que debemos cuidar y resca­tar. En el Valle Sagrado de los Incas, cercano al Cuzco, po­demos encontrar una serie de poblaciones preciosas: Pisaq, Calca, Urubamba, Chincheros, Ollantaytambo... Ollantaytambo es en especial un pueblo valioso desde el punto de vista histórico y patrimonial. Es tal vez la última ciudad viva del período de los Incas que ha mantenido sus funciones de ciudad en un casco de esa época. Cuzco tiene algunas muy importantes construcciones de aquellos tiempos, y parte de los muros de casas principales son incaicos; pero Ollantaytambo tiene un valor adicional, pues es prácticamente el trazado inca el que se ha mantenido. Allí, hace dos o tres años, se ha construido un complejo hotelero que para nada respeta las características de la zona. Además, existía el proyecto de construir una carretera que pasaba justamente por el corazón de Ollantaytambo. Y sus pobladores protestaron.

He pedido a la organizadora, María Rosa Suárez-Inclán, permiso para referirme brevemente al informe del arquitecto José Pineda, cuyo texto hemos repartido y pueden ustedes apreciar. Como se habrán dado cuenta por el mismo, la situación del Patrimonio Arqueológico en el Perú, es realmente grave.

Pero existe la esperanza de que el nuevo régimen, esta vez nacido de un proceso democrático conducido por un gobierno transitorio de alta probidad, pueda cambiar las cosas. Más que la esperanza: creo que existe el deber de quienes por nuestra especialidad conocemos del tema, de convocar la atención y tomar las medidas necesarias para que esta riqueza cultural que no es sólo peruana, sino universal, sea respetada en su integridad. Es por eso por lo que les solicito formalmente que entre las conclusiones de este evento esté la firma de una Carta Abierta al futuro y ya electo presidente del Perú, Alejandro Toledo, a fin de hacerle notar la urgencia de corregir los errores que se han cometido, y de poner en marcha una auténtica política cultural integral.

 

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