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| Seminario Internacional de Ciudades Históricas Iberoamericanas (Toledo, 2001) |
CONSERVACIÓN
Y RESTAURACIÓN DE CENTROS HISTÓRICOS URBANOS EN CIUDADES
CUBANAS
Tamara
Blanes Martín (Cuba) Sus
monumentos arquitectónicos y sitios naturales e históricos
la hacen acreedora de un notable legado cultural: los recursos
naturales y socioeconómicos determinaron la riqueza de su patrimonio
tangible, y sus manifestaciones artísticas y tradiciones locales y
regionales elevaron su patrimonio intangible. La
Carta de Atenas, firmada en 1931, la Carta de Venecia en 1964, las
conferencias generales de la UNESCO sobre la protección en el ámbito
nacional del patrimonio cultural y natural, en 1972 y la relativa a la
salvaguardia de los conjuntos históricos y su función en la vida
contemporánea, esta última celebrada en Nairobi en 1976, y el Coloquio
de Quito en 1977, fueron documentos y cartas internacionales que alcanzaron su
plena consolidación en la década de los 70. Cuba,
a pesar de estar sujeta a la crisis económica mundial y contar con pocos
recursos en ese período, no se quedó a la zaga en llevar una política
educativa, cultural y de protección de su patrimonio y
asimiló las normas, principios y
recomendaciones de estos documentos internacionales que han sido
los más avanzados en materia de preservación y restauración del siglo
XX. Así
lo demostró la nueva Constitución de la República
de Cuba en 1976, cuando se pronunció hacia la conservación y la
protección de los bienes patrimoniales, para favorecer su recuperación e
integración a la cultura y reafirmar su identidad nacional. Esta
voluntad política a escala
nacional, regional y local permitieron que, a partir de 1977, es
decir, al año siguiente, se establecieran leyes sobre la protección al
Patrimonio Cultural, los Monumentos Nacionales y Locales y se creara la
Comisión Nacional de Monumentos con representación en las provincias. Se
iniciaron las investigaciones del centro histórico de La Habana Vieja,
insertado en el Plan Director de la Ciudad, dando testimonio de, que
para la revitalización de estos
centros, se exigía un planeamiento integrado en los planes directores de
desarrollo urbano y territorial. Las
restauraciones que habían tenido hasta entonces un tratamiento puntual, a
partir de la década de los 80, se enriquecieron y se ampliaron
con la inserción de los conjuntos urbanos cuya conservación debía
de estar en beneficio y utilidad
de la sociedad. Este
nuevo concepto abrió un estudio de las potencialidades de los centros
históricos urbanos del país, abandonados hasta esta fecha, y se crearon
las bases para emprender labores
de consolidación, restauración y rehabilitación y se pusieron al
servicio organismos, instituciones y direcciones como instrumentos
metodológicos. Entre
éstos se creó el Centro Nacional de Conservación, Restauración y
Museología (CENCREM), proyecto del PNUD-UNESCO
y el Ministerio de Cultura de Cuba,
en 1982. Esta institución rectora estaba facultada,
en todo el país, de
establecer criterios y regulaciones, proyectar, asesorar obras complejas,
propiciar la formación profesional de especialistas,
de técnicos y obreros calificados, incentivar las investigaciones
históricas, apoyar el inventario, formar especialistas en labores
docentes y de restauración, promover la cooperación internacional y
concientizar a la
población. En
el centro histórico de la Habana Vieja se priorizaron las obras sociales
y las acciones de consolidación, y se realizaron los lineamientos y
planes quinquenales por las Direcciones de Planificación Física y de
Arquitectura, el CENCREM y la Oficina del Historiador. En
el resto de las provincias, el trabajo fue asumido por
las Direcciones provinciales y municipales de Cultura, de
Monumentos, los Equipos técnicos
de restauración, con el
respaldo de los gobiernos locales y del partido.
Las
intervenciones se ejecutaron fundamentalmente en edificios y centros históricos
de las ciudades más antiguas,
por su alto valor histórico-monumental, y la caracterización de su
imagen urbana, diferentes por factores
históricos, geográficos y económicos: SANTIAGO DE CUBA,
segunda ciudad más importante del país, fue fundada en 1514 al sur y
extremo oriental de la Isla. Su confortable bahía abrigó a numerosas
expediciones conquistadoras y
a la Flota comercial española. El
centro histórico preserva cualidades urbanísticas que la particularizan
del resto de las antiguas ciudades. Tiene una estructura urbana irregular,
y su asentamiento está sobre un terreno accidentado; la madera, en
estructura y decoración, fue un elemento significativo por los
talleres artesanales de carpintería
desarrollados en la ciudad. El
paisaje es uno de los motivos más espectaculares de la ciudad y de gran
interés histórico. Ente éstos, el
castillo de San Pedro de la Roca del Morro, levantado en la entrada del
puerto por Juan Bautista Antonelli en 1639, es un
sitio patrimonial donde se integra la historia, la arquitectura y
la naturaleza. Estos valores
le permitieron la declaratoria
de Patrimonio Mundial en 1997. Además,
se sumaron 40 ruinas de cafetales franco-haitianos del siglo XIX, situados
en sus montañas, que también fueron declarados
Sitio Cultural de la Humanidad
en el año 2000. La Facultad de arquitectura
contribuyó con sus estudios a
la revitalización de la ciudad y el Equipo
técnico
ha trabajado sistemática y arduamente
en investigaciones históricas, en informes analíticos
multidisciplinarios, en documentación gráfica, en
planes y proyectos. CAMAGÜEY,
fundada en 1514, adquirió su prosperidad por el desarrollo de la ganadería.
Los ricos hacendados aportaron
parte de su fortuna en construir iglesias,
viviendas y en fomentar
la cultura, que hoy es un atractivo
singular. Uno
de los aspectos que caracterizan a la ciudad es su trama urbana,
de calles largas, estrechas y convergentes, excepcional en la Isla.
La construcción religiosa, compacta y volumétrica,
fue el núcleo centralizador de la primitiva organización urbana.
La plaza de San Juan de Dios fue una de las obras de consolidación y
reanimación más importante, y otras edificaciones puntuales que se
destacan por sus singulares
elementos de arquitectura tradicional y neoclásica. El
equipo técnico y la Universidad, conjuntamente, han apoyado la
investigación, la rehabilitación y la ejecución de un excelente
programa de inventario computarizado. TRINIDAD
se fundó en 1514, en la costa sur y central de Cuba.
El comercio oficial y de cabotaje le ofrecieron variantes
regionales que se manifestaron en
su patrimonio intangible. La
ruina de la industria azucarera la paralizó en el tiempo.
Desconectada del mundo exterior durante casi un siglo, y sin contar
con recursos económicos para asumir transformaciones urbanas, constituye
hoy un testimonio de época. Uno de sus grandes valores es la homogeneidad
del conjunto, y las viviendas, que representan un valioso ejemplo de la
evolución de la casa tradicional colonial
cubana. En
el Valle de los Ingenios
abundan tesoros arqueológicos de la arquitectura agroindustrial azucarera
como restos de ingenios y bateyes, torre-campanarios,
cementerio y caserío de esclavos. La torre del ingenio Manaca-Iznaga
fue unas de las restauraciones más relevantes
de este período. Fue
una gran experiencia emplear y
rescatar las técnicas
tradicionales durante los trabajos de restauración en edificios
auténticos, y fomentar
diversas técnicas artesanales para
contribuir al desarrollo económico de
esta pequeña ciudad, hoy con pocos recursos, salvo el que le
brinda su patrimonio histórico. Los
valores de Trinidad y su Valle de los Ingenios, como conjunto urbano y
sitio natural, hicieron posible que se les otorgara la distinción de
Patrimonio de la Humanidad en
1988. CIENFUEGOS,
fundada en 1819 en el centro sur de la Isla, tuvo como antecedente la bahía
de Jagua, conocida por su
intensa actividad comercial desde el siglo XVIII. La
ciudad se estableció de acuerdo a las leyes de Indias: alrededor de la
plaza se levantaron los edificios de
carácter religioso, político-administrativo y cultural. Se
caracteriza por la arquitectura popular de madera, las edificaciones eclécticas
en su centro urbano y los cementerios: el de Reina
es uno de los pocos que se
conserva con el uso de los
nichos, y el de Tomás Acea, de monumental fachada neoclásica, es el único
en la Isla que tiene la modalidad de
cementerio-jardín. Los
trabajos de consolidación y restauración en esta provincia han sido
arduos y continuados hasta nuestros días. MATANZAS,
fundada en 1693, está ubicada en
la costa norte, a unos 90 km. de la ciudad de La Habana. En las primeras décadas
del siglo XIX, se convirtió en la principal productora de azúcar del país
y del mundo. Creció
entorno a la bahía y entre los ríos San Juan y Yumurí, lo que le
permitió el título de la ciudad de los puentes; estas obras monumentales
y simbólicas, fueron importadas de Bélgica y Estados Unidos a fines del
XIX. Esta
ciudad ha rescatado amplias zonas urbanas, como la Plaza de la Vigía y
edificios civiles neoclásicos del XIX que definen su riqueza constructiva
como, el Teatro Sauto, y La
Botica “Triolet”. La tradición musical y poética
complementan su acervo cultural, conociéndose como la Atenas de
Cuba hace más de cien años. LA HABANA,
capital de Cuba, es la ciudad de mayor valor histórico y artístico de la
Isla. Su excepcional centro histórico urbano, conocido como La Habana
Vieja, con su sistema de fortificaciones coloniales se sumaron en la lista
del Patrimonio Universal en 1982. San
Cristóbal de La Habana, fundada en 1519,
está situada en la costa norte y occidental de la Isla.
Las condiciones geográficas del
puerto posibilitaron
la escala sistemática de la Flota comercial española desde el siglo XVI;
de aquí partían los convoyes hacia España. Esta función determinó que
la ciudad y su puerto se convirtieran en uno de los más populares y
significativos de América. El
centro histórico, que ocupa 214
hectáreas (241 manzanas, 4 000 edificaciones y 900 de alto valor), se
caracteriza por el valor patrimonial de su arquitectura, la coherencia de
su estructura y homogeneidad ambiental. Como atractivo cuenta con la
permanencia de la trama urbana original,
que fue delimitada por las murallas desde el siglo XVII hasta el
XIX; la variedad de estilos y
corrientes artísticas de la arquitectura, heredada de los maestros de
oficios que legaron una arquitectura espectacular en iglesias, conventos y
viviendas; la caracterización
polifuncional de sus cinco plazas; y los valores
monumentales de los edificios del
entorno como, el
Capitolio, las sociedades del
Centro Gallego y el Centro Asturiano, las fábricas de tabaco, el Paseo
del Prado, teatros y elegantes viviendas de los siglos XIX y XX.
Las
fortificaciones colocadas en unos 20 km. de costa y de campaña, tienen un
gran valor histórico,
monumental y regional. Estas
son genuinos ejemplos de la evolución formal, conceptual y funcional de
la arquitectura moderna militar hispanoamericana, cuya evolución se
extiende del siglo XVI hasta el XIX. El
Parque Histórico y Militar Morro-Cabaña contempla las fortificaciones más
representativas de la ciudad, como es el castillo de los Tres Reyes del
Morro, del siglo XVI, la fortaleza de San Carlos de la Cabaña, del siglo
XVIII, y las baterías marítimas, que fueron restauradas entre 1986 y
1991. Hoy es uno de las zonas históricas más visitada de la ciudad por
sus múltiples funciones socioculturales y de tradición. UNA
NUEVA ETAPA. EL CENTRO HISTÓRICO DE LA HABANA VIEJA Y EL DECRETO LEY NO.
143 DE 1993 La
década de los 90 trajo consigo una crisis económica en Cuba por el
impacto de la caída del bloque socialista. Como
medida emergente y por la imposibilidad del gobierno de continuar
financiando este proceso,
en 1993 se promulgó el Decreto Ley No. 143, que designó a la
Oficina del Historiador de la Ciudad, a garantizar el desarrollo
sostenible del centro histórico de La Habana Vieja, con un plan de
rehabilitación autofinanciada, y se declaró como “Zona Priorizada para
la Conservación”, con plena
subordinación al Consejo de Estado. El
Decreto amplió la autoridad de esta Oficina, que anteriormente se ocupaba
de la restauración del centro histórico, y fortaleció su
“condición de institución cultural con personalidad jurídica
propia y jerarquía para
obtener recursos
financieros para la conservación
y restauración del territorio y ejercer facultades administrativas
relativas a la planificación, al control urbano y al tributo”... Se basó
en el principio de la autosustentabilidad y desarrollo de la población.
Hoy es un ejemplo relevante del plan de desarrollo integral de un centro
histórico, donde se apoya la vocación residencial que le otorga su más
alto valor intangible. La
estrategia para su recuperación consistió en bordear todo el centro histórico,
intensificar el trabajo de toda esta zona para avanzar hacia el centro. Es
decir, abarca toda la Avenida del Puerto y algunas franjas de manzanas
paralelas, hasta el barrio San Isidro y completar ese borde hasta el Paseo
del Prado, con la refuncionalización de hoteles y casas, la antigua calle
comercial de Obispo, el sistema de Plazas, hoy en fase de terminación, y
sus ejes de conexión. La intervención se estableció en los edificios
con grado de Protección 1 y 2. Esta
década de desarrollo, se rigió también con los parámetros de las
normas y principios internacionales con mayor rigor y experiencia: se
intensificaron los
estudios y criterios de los equipos multidisciplinarios; el respeto hacia
la integridad del monumento; el incremento de los órganos consultivos;
las acciones educativas, sociales y
culturales; la cooperación internacional; la integración del conjunto y
su medio y el fomento de la promoción. GESTIÓN
DE LA OFICINA DEL HISTORIADOR DE LA CIUDAD
Para
realizar el proceso de gestión en
la rehabilitación integral, la Oficina cuenta con una estructura
organizativa de tres grandes grupos: El
grupo de la rehabilitación física,
contempla un cuerpo especializado de técnicos (entre éstos del
CENCREM), empresas y direcciones capaces de ejecutar y controlar proyectos
de edificaciones valiosas y de asociados con capitales extranjeros;
controla el régimen de las viviendas; ofrece servicios de arqueología;
cuenta con un Plan Maestro que garantiza el desarrollo territorial,
y con la Comisión Provincial de Monumentos, que se encarga de la protección
del patrimonio. El
grupo de la proyección sociocultural,
contempla los museos y el aula
y el museo, este último surge para
mejorar las condiciones ambientales
de las escuelas primarias y
vincular a los niños al proceso de reanimación: aquí reciben materiales
escolares, meriendas, juguetes y participan en programas culturales. Se
trabaja con Clubes de Abuelos, los que son atendidos por sicólogos y
trabajadores de la salud; se apoyan los servicios culturales y
recreativos, con sala de conciertos, bibliotecas,
parque de diversiones, anfiteatro, talleres de artes plásticas, danzas,
literatura, etc. Se ejecuta un asilo de ancianos y se ha creado un Centro
geriátrico, un Centro materno-infantil;
una Escuela Taller,
donde se forman jóvenes entre 18 y 21 años como operarios
calificados, esta última fue creada en 1992 entre la Agencia española de
Cooperación Internacional y la Oficina del Historiador, y otras funciones
socioculturales. El
grupo de la administración y los
recursos financieros contempla a los que impulsan la economía local
por vía estatal y cuenta con entidades que cobran las entradas de los
servicios culturales, las ventas de publicaciones y los tributos a los
artesanos, trabajadores por cuenta propia y empresas estatales. Controlan
las exportaciones e importaciones y centran las inversiones. La empresa
Habaguanex S.A. administra hoteles de capital nacional y de empresas
mixtas, la red gastronómica y comercial y la agencia de Viajes San Cristóbal;
la inmobiliaria Fénix S.A. alquila viviendas, espacios para oficinas
comerciales y gastronómicas, y
brinda otros servicios de transporte, y la inmobiliaria Áurea, atiende
otras funciones similares. ESTRATEGIA
DE PLANIFICACIÓN Y GESTIÓN DEL TURISMO La
Ciudad de La Habana se ha convertido en una las principales imágenes turísticas
de Cuba en los últimos años y el centro histórico de La Habana Vieja
significa un generador de grandes recursos económicos. Es
un punto de atracción turística porque
conserva un conjunto de valores históricos y arquitectónicos,
y una población local, con sus hábitos y costumbres, que le
otorga una identidad propia y lo convierte en un destino de obligada
visita. En
1995 se declaró el centro histórico como “Zona de alta significación
para el Turismo”. Cuba
se propuso competir como destino en el Caribe y en el resto del
mundo. Para este fin, conformó un Plan perspectivo de desarrollo del
turismo, de acuerdo a la cifra estimada por la Organización Mundial del
Turismo, entre el 2000 y el
2010. Este plan demandaba
una capacidad de alojamiento muy alto
e implicaba un nivel
elevado de profesionalidad en esta esfera para poder competir en la región. Con
este fin, el centro histórico de La Habana Vieja, como
producto cultural, se propuso
crear una imagen urbana propia, que destacara sus valores
esenciales y que garantizara, paralelamente, un cuerpo de vigilancia para
la seguridad de los turistas, una adecuada iluminación,
higiene y limpieza y
programas de promoción de todos sus valores. Fue
necesario recuperar e incrementar determinadas
tipologías edificatorias y ambientales, con capacidades reales de
habitaciones para diversificar la red hotelera, no tan solo con la
modalidad de hoteles, sino
como hostales, residencias académicas, y pensiones, que compense con un
adecuado incremento de la red extrahotelera para satisfacer la demanda y
el bienestar de los turistas. Es decir, de servicios gastronómicos y
comerciales, incluyendo las horas nocturnas. También
fue necesario estudiar la diversificación del tipo de turismo, que
además de incluir los edificios históricos y artísticos, se sumen otras
opciones como el turismo de convención y de negocios, el
que debe complementarse con
actividades y programas culturales. La
población no es solo receptora sino que se incorpora a un proceso de
desarrollo económico factible en la medida que se convierte en
protagonista. Se trabaja para que la población residente se vincule a
la producción y comercialización de
productos turísticos, que
propicie un mercado creativo
adecuado a las estructuras del
turismo y se integre a los nuevos puestos de trabajo creados para los
servicios de la zona. OFICINAS
DEL HISTORIADOR Y CONSERVADOR EN DETERMINADAS
PROVINCIAS DE CUBA Paralelo
a la política de rehabilitación del centro histórico de La Habana
Vieja, se han creado Oficinas
del Historiador y Conservador en las ciudades de Santiago de Cuba, Camagüey
y Trinidad, con una estructura organizativa y protección legal similar a
la de la capital a partir de 1997. Con esta política de rehabilitación
autofinanciada se ha logrado paulatinamente un desarrollo sostenible en
sus respectivos centros históricos urbanos. CONCLUSIONES §
Las legislaciones cubanas promulgadas en 1977, acerca de la
protección de los bienes patrimoniales,
permitieron que Cuba contara en el fin del milenio con 172
Monumentos Nacionales, l82 Locales y 57 Zonas de Protección que hacen un
total de 411 Monumentos y Sitios. Se incluyen 2 declaratorias de Centros
Históricos Urbanos y 4 Paisajes y Sitios Naturales y Culturales
declarados Patrimonios de la Humanidad. §
Estos últimos bienes
culturales y naturales protegidos por el Estado cubano y que tienen
otorgados la distinción de Patrimonio Mundial, han recibido apoyo y
financiamiento del Comité del Patrimonio Mundial.
Estas ayudas se han recibido a través de las categorías de
Cooperación técnica y Formación, y de otras asistencias como
la Presentación de informes, dirigido a la evaluación de los
sitios y posibles acciones para su conservación, y
Programas educativos. §
Los cambios de funciones y la falta de mantenimiento a través
de la historia devino en un gran deterioro de las edificaciones del centro
histórico de La Habana Vieja, factor que implica una ardua labor y muchos
años de trabajo. Sin embargo, la política de desarrollo y
autofinanciamiento han sido muy positivas y los resultados se ven a pasos
agigantados, aunque el sector de la vivienda aún
tiene un proceso lento. §
Los centros históricos del país que carecen de estas
prerrogativas y de esta estructura organizativa, tienen un
desarrollo pausado y se rigen con la misma política de
rehabilitación de la década de los 80. BIBLIOGRAFÍA
1.
Blanes
Martín, Tamara.
“Particularidades de la arquitectura colonial en ciudades cubanas”. Boletín
No.4, Vol. 2, Publicación de la Oficina Estatal de Preservación Histórica.
San Juan de Puerto Rico, 1994. 2.
Blanes
Martín, Tamara.
“Valle de Viñales”, “Parque Nacional Desembarco del Granma”,
“Centro histórico urbano de la Ciudad de La Habana y su sistema
de fortificaciones”, “Centro histórico urbano de Trinidad y el
Valle de los Ingenios”, “Castillo de San Pedro de la Roca del Morro /
Santiago de Cuba” y “Paisaje arqueológico de las primeras
plantaciones cafetaleras en el sudeste de Cuba”. Reseñas escritas en:
Patrimonio y Desarrollo. Boletines
Nos. 1, 2, 3, 4. Publicación trimestral del Centro Nacional de
Conservación, Restauración y Museología, La Habana, Cuba, 2000. 3.
Cuatro
textos internacionales sobre conservación y restauración de monumentos.
Ediciones Plaza Vieja, Ciudad de La Habana, Cuba, 1984. 4.
Lápidus,
Luis.
“Patrimonio Cultural y Turismo”. Revista Arquitectura Cuba. No.
370, La Habana, Cuba, 1998. 5.
Plan
de desarrollo integral. La Habana Vieja.
Oficina del Historiador, 1998. (Material inédito) 6.
Protección
del patrimonio Cultural. Compilación de textos legislativos.
Consejo Nacional de Patrimonio Cultural. Ministerio de Cultura, 1996.
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