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| Seminario Internacional de Ciudades Históricas Iberoamericanas (Toledo, 2001) |
LA “CIUDAD VIEJA” DE MONTEVIDEO – CENTRO HISTÓRICOAna María
Crespi Canessa
(Uruguay) En
el Uruguay la influencia de la cultura mediterránea dió dos ejemplos muy
interesantes de Centro Histórico
Aspiramos
a que la Ciudad Vieja de Montevideo, con el tiempo, pueda ser nominada por
sus características, su condición de conjunto patrimonial de valor
excepcional, Patrimonio de la Humanidad. Teniendo en cuenta la
Guía elaborada por UNESCO, que establece orientaciones prácticas y
definiciones, creemos que es un ejemplo muy particular y representativo de
lo que sucediera con las fundaciones realizadas por el Imperio Español en
la época de la conquista y expansión territorial en América aún
teniendo en cuenta el sufrido y rápido desarrollo de nuestros jóvenes países
y la influencia de la modernidad y sus conceptos, ya que aún hoy conserva
su trama urbana primitiva Los
grandes cambios de los siglos XIX y XX han marcado a fuego el desarrollo
de este conjunto. Pero aun así y a pesar de los cambios experimentados,
es un lugar de memoria, modesto en parte por el mestizaje de sus
edificios, pero abundante por la calidad de
los ejemplos de las distintas épocas. El conjunto trasmite el
pasado de una tierra americana, que carecía de metales preciosos y estaba
habitada por indígenas nómades de
cultura rudimentaria, sin agricultura, lo que hizo llegar a los
conquistadores a estas márgenes del Plata ciento cincuenta años más
tarde. No
obstante el desarrollo del país y la influencia europea nos dio un
conjunto, que la “Guía”
tipifica como ciudad histórica viva, que son aquellas que por sus
características han sido y serán llamadas a evolucionar con las
mutaciones socioeconómicas y culturales. Son más difíciles de evaluar,
en función del criterio de autenticidad y más aleatorias
en cuanto a las políticas de conservación. Para permanecer con su
carácter de centro histórico, estos fragmentos de ciudad, deben
imponerse por su calidad arquitectónica y no podrán ser consideradas
desde un punto de vista abstracto por el interés de sus funciones
pasadas, o como símbolos históricos. La
organización del espacio, su trama o estructura, los materiales, las
formas y si es posible la función del conjunto, deben leerse fácilmente,
así como la continuidad del pasaje de la civilización. La
“Ciudad Vieja” de Montevideo, es representativa de una época y una
cultura; y se identifica con su entorno que también debe ser protegido,
ya que es quien le dio su razón de ser y existir. Ubicación
Debemos
comenzar ubicando el ejemplo concreto de Centro Histórico a que nos vamos
a referir: la Ciudad Vieja de Montevideo, siendo Montevideo la capital de
la República Oriental del Uruguay, país sudamericano, con una gran
influencia europea tanto en sus costumbres como en su desarrollo político,
social y cultural. Reseña Histórica
En
1724 se realiza la fundación de la Ciudad de San Felipe y Santiago de
Montevideo. Don Domingo Petrarca, construye la primera batería
fortificada en la península que da entrada a la Bahía de Montevideo.
Este plan, establecía el área a ocupar, el trazado de las manzanas, la
ubicación de las murallas, el puerto y las vías de acceso, rigiéndose
por el hecho de que era una reducción militar con muy buena implantación
para la defensa del territorio frente a los avances portugueses. La península,
junto con el cerro, dominaba la bahía que aún hoy es un excelente puerto
natural. En
1726, Don Pedro de Millán reparte los solares entre los primeros
pobladores civiles de la ciudad, que venían de Canarias (España) luego
de marcar la ciudad y su jurisdicción. Es así como surge la cuadrícula
perfecta de acuerdo a las directivas del Imperio Español impartidas por
las Leyes de Indias. Recién
en 1730, el Gobernador de Buenos Aires, Don Bruno Mauricio de Zabala
instala el Cabildo y reconoce de esta forma la vida civil de la nueva
ciudad. Se construyen fortificaciones y nada más comenzada su actividad
principal (que iba a ser su característica) es declarada por la Corona
española como Puerto Mayor de las Indias. Comienza a operar como lugar de
intercambio mercantil y se desarrolla impulsada por el comercio. La
Colonia Es
en este período que va desde 1730 a 1830 cuando asume características
especiales dadas por su excepcional emplazamiento, sus fortificaciones, su
trama urbana mediterránea y la originalidad de sus construcciones civiles
con techos planos. Inicialmente
su arquitectura era modesta, de piedra y techo de paja. En el período
colonial, la vivienda era de una planta, patio interior, techo plano y
fachada simple y bien proporcionada. Más tarde, con el auge económico de
la ciudad puerto, surge la casa habitación de dos plantas con techo plano
y mirador. Un ejemplo que aun permanece es la casa de los Ximenes. A
partir de la Independencia A
partir de 1830, el Uruguay se independiza, se demuelen las murallas, se
hace el trazado de extensión de la ciudad, perdiéndose los límites
terrestres de la Ciudad Vieja; y en 1877 terminan los trabajos de
destrucción de la antigua Ciudadela de la que hoy tan solo se conserva su
puerta. En esa época, la Ciudadela era utilizada como mercado público. No
obstante la Ciudad Vieja seguía siendo el centro donde se desarrollaban
las actividades más importantes. Ciudad cosmopolita y con bienestar económico,
fue cambiando su gusto estético, creció internamente y dio una sugestiva
imagen urbana de azoteas y miradores que llega hasta nosotros a través de
los grabados de la época y algunos pocos ejemplos. Se sigue construyendo
la vivienda de dos plantas con patio central, forma heredada de la
vivienda colonial, construida en ladrillo y maderas paraguayas, pero se le
agregan materiales que la enriquecen con mármol y azulejos. Las fachadas
influenciadas por la versión italiana del estilo neoclásico (por ejemplo
la casa de Don Frutos Rivera) ennoblecen la proporción de la calle. De
esta época es el cuerpo central del Teatro Solís En
el período 1880-1930 aparecen corrientes inmigratorias, fundamentalmente
españolas e italianas; aunque las costumbres sufren la influencia
francesa; y las grandes inversiones son inglesas. La península y el
centro histórico conservan su estructura polifuncional y siguen siendo el
centro de la ciudad, conservando su carácter residencial. En la zona
norte, se concentran las actividades portuarias, las residencias de lujo y
las principales casas comerciales y financieras. En la zona sur las
viviendas tienen características más modestas y con fuerte acento
barrial. Calles de la ciudad, como 25 de mayo y Sarandi, se transforman en
el paseo obligado de los montevideanos de la época, dada su gran
actividad comercial de alto nivel La arquitectura es influenciada por un
cambio de gusto que acompaña la
prosperidad económica. De una arquitectura neoclásica se pasa a un
eclecticismo historicista. Al
comenzar el siglo, las nuevas corrientes europeas, producen ejemplos como
la Casa Mojana o Pablo ferrando. La importación de tecnología repercute
en soluciones estructurales como la del Mercado del Puerto de 1868,
adelantada y sugestiva versión en hierro. De 1930 a 1973, la península
pierde lentamente su papel centralizador y protagónico en la ciudad. Se
deteriora y degrada en su fisonomía por cambios económicos, sociales y
culturales. Crece la terciarización, aumenta la zona bancaria y se
“tuguriza” la vivienda, acompañando el cambio de la población
residente. Hacia 1972 un golpe de estado militar cambia aún más las
condiciones socioeconómicas. Comienza un proceso especulativo de
sustitución y una arquitectura que responde a la corriente renovadora que
da muy buenos ejemplos, como el edificio Centenario. Se reacondicionan y
refuncionalizan algunos edificios con dudosa calidad, en experiencias
parciales, aunque se demuestra una cierta sensibilidad hacia el hecho
arquitectónico como testimonio de una determinada cultura. En
1979, el Ministerio de Educación y Cultura desafectó los inmuebles que
habían sido declarados Monumentos Históricos Nacionales por razones de
índole económica (según se expresó) y, como consecuencia, obras
arquitectónicas relevantes desaparecieron. La
Ley de Alquileres fue otro factor que influenció negativamente en el
mantenimiento de las viejas construcciones. La rentabilidad de los
edificios era tan baja que hizo a los propietarios abandonar su
mantenimiento. Por último, el “boom” de la construcción de los años
1976 y 1980 y la consecuente especulación inmobiliaria que se desató,
trajo una cadena de demoliciones indiscriminadas. Esta
aceleración de la destrucción del patrimonio de la Ciudad Vieja acentuó
el proceso de deterioro del Casco Histórico, que ya se venía dando; y
llevó el porcentaje de baldíos al 12 % en 1982. Comenzó a darse difusión a este problema entre la Intendencia, la Prensa y grupos de profesionales y ciudadanos. Y así comenzó a crearse la conciencia de la necesidad de hacer algo de manera urgente para evitar la desaparición de espacios urbanos y obras arquitectónicas que formaban parte de nuestra identificación como montevideanos y uruguayos. La gestión del Centro Histórico
Es
así como dentro del período de la dictadura, en 1982, la Comuna resuelve suspender
temporalmente los permisos de demolición y construcción de nuevos
edificios en el área de la Ciudad Vieja hasta tanto no se tuviera un
concepto más claro y disposiciones especiales que atendieran la
preservación de las obras de carácter testimonial, cuando solas o en
conjunto constituyeran un real valor histórico e identificatorio. Se debía
ordenar la ciudad a través de una reglamentación adecuada. Es decir que
se manifestaba en la Resolución adoptada la necesidad de efectuar un Plan
Global para la Ciudad Vieja, y se solicitó a la Junta de Vecinos la
detención por 90 días de los trámites de construcción en el área
mencionada. Se creó un Grupo de Trabajo con técnicos municipales e
instituciones públicas y privadas que voluntariamente quisieran
colaborar; el cual partió de la necesidad de adoptar un criterio dinámico
de preservación asegurando el mantenimiento de los valores esenciales
evitando la
congelación y
permitiendo en general el reciclaje y la refuncionalización. En cuanto a
la integración de nuevas construcciones en el Centro Histórico, se
recomendó buscar soluciones conciliatorias entre las exigencias del
progreso urbano y la salvaguardia de los valores ambientales.
La heterogeneidad estilística que existe en la Ciudad Vieja no va
en contra de la unidad de su conjunto; por lo tanto la inserción de obra
nueva debe darse en forma armónica con el entorno inmediato. La Comuna se
dotó, luego de los estudios realizados, de tres instrumentos: ¨
Una reglamentación
para orientar las nuevas construcciones. ¨
Una Comisión
Especial Permanente (CEP) para promover y coordinar las intervenciones
tendentes a la puesta en valor del Centro Histórico. ¨
Un grupo técnico
de trabajo municipal de apoyo a la Comisión, para realizar los estudios técnicos
y las tareas administrativas. La
CEP comenzó a funcionar en 1982 con los cuatro técnicos municipales y
delegados de: la Facultad de Arquitectura, la Sociedad de Arquitectos, el
Ministerio de Cultura (Comisión de Patrimonio) y más tarde se integró
un delegado del Banco
Hipotecario del Uruguay. Uno
de los primeros trabajos que encaró la CEP fue el Inventario Básico del
Patrimonio Arquitectónico de la Ciudad Vieja que es el instrumento
indispensable para realizar los estudios pertinentes.
Con la vuelta de la democracia
en 1985, se vuelven a
afectar los inmuebles del Patrimonio Histórico y se estudian ordenanzas
especiales para facilitar el reciclaje
de las viviendas antiguas, unas
líneas de crédito para financiar la ejecución de las obras e incentivos
municipales y nacionales. En
1987 se declara “Zona de Acción Urbana Prioritaria” a la Ciudad Vieja
de Montevideo por parte de la Intendencia Municipal y el Banco Hipotecario
del Uruguay en forma conjunta. En su marco, se decide la realización de
una política de viviendas que tienda a incorporar nuevas familias a la
zona, procurando mejorar la calidad de vida de quienes la habitaban. Se
logró avanzar en el objetivo porque se disponía de los instrumentos;
pero como todas las cosas, hoy podríamos afirmar que, como en todos los
planes pilotos, existieron luces y sombras. Se incorporaron familias, se
trabajo con asistencia social; pero los fondos no fueron suficientes para
mejorar la infraestructura en general, y no se incorporaron los servicios
necesarios desde el punto de vista cultural que hicieran atractivo el
barrio y atrajeran a personas que le devolvieran el dinamismo que en otras
épocas tuviera. Faltó incentivar fuertemente a la actividad privada para
que, con el control estricto de la CEP, se incorporaran elementos que
volviesen a darle a este trozo de ciudad la polifuncionalidad que
anteriormente la caracterizara. Hoy
el Estado reconoce que el esfuerzo no puede ser solo suyo,
que la participación de lo privado es muy necesaria; pero debe ser
muy controlada y dirigida por él, para que su intervención no represente
un peligro En este sentido, el Plan de Ordenamiento Territorial de la
Intendencia de Montevideo ha definido áreas caracterizadas de valor
patrimonial y ha llamado a licitación para la implementación de Planes
Especiales, que tienden a la puesta en valor de las mismas. Hoy estos
planes están a estudio y contienen propuestas globales para la preservación,
desarrollo y reciclaje de zonas que son identificatorias
para los montevideanos y, podríamos decir, los uruguayos, ya que
son como lo hemos expresado nuestra razón de ser y existir, como es el
plan de Recuperación de la Bahía
de Montevideo, donde esta comprendida la Ciudad Vieja, nuestro Centro Histórico.
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