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| Seminario Internacional de Ciudades Históricas Iberoamericanas (Toledo, 2001) |
LA CONSERVACIÓN Y GESTIÓN DE LAS CIUDADES HISTÓRICAS IBEROAMERICANAS A LA LUZ DE LA CONVENCIÓN DELPATRIMONIO MUNDIAL DE 1972 Y LA GUÍA OPERATIVA PARA SU APLICACIÓNCarlos
Mesén Rees. (Costa
Rica) Mas
allá de la conservación de los materiales patrimoniales, y la
implementación de las normativas para su conservación, éste documento
es un acercamiento a lo intangible y su valor en la dinámica de apropiación
de los habitantes iberoamericanos hacia sus ciudades y sus espacios. Mas
allá de la conservación de sus materiales constructivos, la puesta en
valor y conservación de muros, techos, rincones y traza urbana; y más
allá de la puesta en marcha de las guías operativas que dictan los
enunciados de la UNESCO, leyes estatales y normativas de alcaldías y
municipios, las recomendaciones de los distintos encuentros sobre el tema,
las 92 cartas internacionales... Más allá de eso, nuestras ciudades
iberoamericanas han sido recordadas y eternizadas
(y en alguna medida conservadas) por pintores, poetas, músicos,
los bailes populares y hasta los graffiti. Iberoamérica
como crisol de razas y manifestaciones culturales, concretiza en sus
ciudades históricas las más distintas manifestaciones edilicias y del
patrimonio intangible compartido. Nuestras ciudades iberoamericanas, son
el libro abierto donde leemos acerca de nuestras identidades, luchas y
formas de pensamiento; son el diálogo permanente que nos permite mediante
nuestra lengua común y nuestra particular forma de ser, el intercambio
de experiencias y formas
de pensar. Asuntos que hemos venido evaluando en sus distintas formas
durante estos días aquí en Toledo, durante estas jornadas. Es
en nuestras ciudades iberoamericanas donde los poetas y pintores se
inspiraron, legándonos otra forma de verlas y amarlas. Esa ha
sido, en síntesis, otra forma de conservación, la que va directamente a
la conciencia colectiva acerca
de los valores de nuestro entono urbano y la admiración por patrimonio
propio. Han sido nuestras ciudades iberoamericanas la cuna y la trinchera
de nuestras vidas cotidianas; y son la fuente de muchas de nuestras luchas
por conservarlas desde cualquiera de los ángulos que las miremos. En
nuestras ciudades iberoamericanas, desde sus parques y avenidas se han
hecho desde una declaración de amor hasta una revolución. Hemos
caminado por sus añosas calles redescubriendo
en ellas cada día un episodio, un drama y un suspiro. Un detalle
arquitectónico y un sentimiento, manteniendo
vivo su espíritu propio Son
el espejo de nuestro pasado y punto
de partida de nuestro futuro. Por las calles de
nuestras ciudades iberoamericanas se
pasearon los héroes y los
hombres de pensamiento, los refugiados, los campesinos y los obreros. Las
ciudades iberoamericanas han sido de todos y para todos. En ellas se gestó,
paralelamente y casi sin imaginarnos, el sentimiento de unidad cultural y
solidaridad que soñaron Bolívar y Morazán. Abrieron
sus brazos al hermano iberoamericano forastero pero propio, a la vez
permitieron la integración y la tolerancia. Nuestras
ciudades patrimoniales de
Iberoamérica, a veces mutiladas y transformadas por el malentendido
modernismo que las cercenó, siguen vivas y dándonos más cada día para
su contemplación y disfrute. Son y serán el punto de partida y el punto
de llegada de nuestras vidas. Son como el Yin y el Yang, el equilibrio de
nuestra identidad común que no se termina sino que simplemente se
transforma y consolida. Los
poetas le han cantado a las
ciudades iberoamericanas en una forma de perpetuarle a la memoria
colectiva su existencia y amor por ellas. Nuestras ciudades son como:
“…La flor de la canela”, son como “…Mi ciudad es zenzontle que
busca su nido….”; o, “...Veracruz, rinconcito donde hacen su nido el
cielo y el mar…”En su meseta por montadura luce el diamante de mi San
José…”. “Tu me recuerdas las calles de la Habana Vieja, la catedral
sumergida en su baño de tejas”. “…Tegucigalpa de noche es un
remanso de luz”. “…Sao Salvador, Bahía de Sao Salvador, pedaço de
ceu que e meu”. “…Mi Buenos Aires querido”, que inmortalizó el
grandioso Gardel. O “…Madrid
, Madrid, Madrid, aquí sabrás lo que es canela fina y armar la tremolina
cuando llegues a Madrid”, que el poeta mexicano Agustín Lara
universalizó e hizo que le cantáramos desde antes de conocerla a una
ciudad que tenía ya mucho en común
con todos nosotros. La
ciudad nos dio espacios para todo
y para todos: y, generosa como es la ciudad patrimonial de iberoamérica,
nos sigue abriendo espacios en sus añosos muros que son como el
pizarrón del sentimiento popular en donde se manifiestan mediante
el grafitti, los más fieros
sentimientos del amor y el desamor. Retomando
algunas ideas del escritor costarricense Guillermo Barzuna, miembro del
ICOMOS de Costa Rica, anoto uno de sus pensamientos acerca del tema: “Es
por eso por lo que debemos reconsiderar las calles de la ciudad como esa
Galería ignorada en la que la expresión popular urbana se presenta a
menudo tan pública como inadvertida, pero que no por ello deja de
constituirse en agente de
valores socioculturales y lúdicos cuyo reconocimiento se hace necesario a
una comprensión más amplia de nuestra realidad cultural y en particular
de la picardía lingüística del Latinoamericano.” Y
quiero terminar diciendo que podemos reunirnos más veces todos los
expertos, podemos seguir escribiendo todos los tratados y podemos enseñar
todos los ejemplos. Pero mientras no sepamos transmitir en la conciencia
colectiva el amor por lo propio y
su conservación, los días de las ciudades históricas estarán contados,
porque son las comunidades los principales actores y protagonistas de las
obras de conservación.
Nosotros,
solo les escribimos el guión. |
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