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| Seminario Internacional de Ciudades Históricas Iberoamericanas (Toledo, 2001) |
PATRIMONIO ESPACIO Y SUJETOAlicia
Leonor Cahn (Argentina) La
actitud, casi generalizada, con la que intervenimos los profesionales en
el marco del patrimonio urbano
arquitectónico cotidiano (en Argentina, en
su capital, y en muchas
ciudades del interior de la provincia de Buenos Aires) me ha llevado a
reflexionar acerca de qué es lo que está ocurriendo para que obtengamos
por resultado una rehabilitación urbana que, por lo general, se aleja
cada vez más de una actitud conservacionista. Para
intentar descubrir dónde radica el problema me he centrado tanto en el análisis
de algunos de los documentos que integran la doctrina del ICOMOS como en
la conducta de los
profesionales actuantes; pues cada uno, en el ámbito en que le
corresponda actuar, debe asumir la responsabilidad de sus competencias; y
ello, independientemente de las políticas y acciones ejercidas por los
diferentes estamentos gubernamentales cuyas obligaciones para con el
patrimonio urbano arquitectónico no entran en discusión, al igual que no
admiten disculpa la indiferencia y
el falso aprovechamiento del territorio. Ahora
bien, esto me condujo a interrogarme acerca de qué mecanismos de
comunicación estamos empleando los profesionales y no profesionales
involucrados en el patrimonio. ¿Son
los adecuados?. ¿Qué es lo que falta o falla en las acciones que
llevamos a la práctica? ¿Desde
qué lugar emitimos los discursos? ¿Existe un camino de ida y
vuelta, o es un monólogo? Pues
lo evidente es QUE NO NOS ESTAMOS COMUNICANDO, y
comunicarse quiere decir: “Tener correspondencia o paso unas
cosas con otras; el acto de comunicar implica compartir algo dado, hacerlo
común, consultar, conferenciar, ventilar o dilucidar con otros algún
asunto, TOMANDO SU PARECER”. (Dicc. Lengua Castellana, Marty Caballero,
D. E.) Los discursos transcurren en frecuencias y órbitas diferentes y no
hay forma de encontrarnos en un lugar despojados de conceptos apriorísticos
y dispuestos a escuchar y compartir con
el otro. Cada uno sostiene a ultranza sus objetivos y puntos de
vista que, aparentemente,
resultan ser irreconciliables. Lo
curioso es que, por lo general, todos adolecemos de los mismos problemas a
la hora de intervenir en el patrimonio urbano
heredado. Pues, merced a la globalización y a la vinculación casi
cotidiana entre las distintas
administraciones, se expanden,
con carácter de universalmente válidos, criterios que tienden a crear
una escenografía urbana, con una indiscriminada intervención en el
interior de los inmuebles, generando como resultado actuaciones que
desnaturalizan su singularidad. Buenos
Aires y su Capital Federal, lamentablemente, no permanecen ajenas al
proceso mencionado. Se siguen buscando el ejemplo y las soluciones foráneas,
sin reconocer que la verdadera fuerza, la de los propios valores, está
solamente dentro de nosotros. De
más está decir que para las administraciones, el ICOMOS es un organismo
que posee una clara tendencia a congelar la ciudad en el tiempo,
controlando excesivamente el desarrollo urbano. Y por el contrario, desde
el ICOMOS sostenemos que se destruye una parte importante del patrimonio
cultural heredado, sin propiciar aportes de calidad urbana y arquitectónica
para la ciudad. Convengamos en que lo que es mucho para unos, es
poco para otros. La
evidencia está clara, quizá con mayor certeza en las
intervenciones sobre el patrimonio al que denominamos de carácter
ambiental, circunscrito a las escalas correspondientes de la arquitectura
vernácula y/o tradicional. De más está enunciar aquí el valor que intrínsecamente
posee este patrimonio construido. De
más está decir que el papel del ICOMOS es fundamental a la hora de
sentar doctrina en favor de establecer un equilibrio entre las diferentes
corrientes de intervención y tender a una clara
defensa de la conservación del patrimonio. En
función de todo lo expuesto, comencé por analizar los preceptos
contenidos en los siguientes documentos internacionales del ICOMOS:
“Carta Internacional para la Conservación de Poblaciones y Áreas
Urbanas Históricas”(1987), “Carta del Patrimonio Vernáculo
Construido” (México, 1999); “Declaración del ICOMOS en el 50
Aniversario de la Declaración Universal de los Derechos
Humanos”(Estocolmo 1998), para luego
confrontarlos con las normas y acciones concretas que se están
llevando a cabo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Dicho
análisis arrojó como resultado que los
conceptos generales en cuanto
a la conservación del patrimonio se encuentran suficientemente explícitos.
La doctrina existente es sumamente clara. Los documentos vinculan el tema
desde diferentes disciplinas y ópticas, configurando un eje director
sustancial, de indudable jerarquía intelectual. Y sientan las bases sobre
el QUÉ
HACER.
Pero
a la luz de las acciones que cotidianamente
se producen, creo que el protagonista ausente es el CÓMO HACERLO, para que la
puesta en práctica se incorpore a
la vida cotidiana de cada uno de los que habitamos la ciudad. Esto,
para mí, define dos cuestiones concretas: una, la referida a la
comunicación, y otra, su modo
operativo de traslación hacia y
con la comunidad, evidenciadas en la forma de interactuar y en la potencia
de este trabajo para producir y propulsar transformaciones genuinas. Comunidad
significa: “...la cualidad que constituye común una cosa, circunstancia
o condición de lo común. Junta, sociedad o congregación de personas que
viven bajo ciertos estatutos...en común, juntos los individuos de un
cuerpo”.(Dicc. Lengua Castellana, Marty Caballero, E. D.) Sostengo,
además, que a través del trabajo con el grupo humano, que constituye la
plataforma de base para cualquier acción
concreta, podremos obtener la
presión popular necesaria para que se convierta en una gran herramienta
de presión política. Pero para lograr esto, creo que además de la
infinidad de programas comunitarios que se han empleado hasta la fecha,
todos sumamente valiosos, debemos reformularnos
CÓMO
HACERLO, DESDE NOSOTROS MISMOS
y CON
LA COMUNIDAD, en aras de lo que esta comunidad
NECESITA Y QUIERE. SI
NOS PREGUNTAMOS: ¿De quién es el patrimonio?
¿Quiere la gente conservarlo? De
los que quieren, ¿cuál es la proporción? ¿Por qué unos quieren
conservarlo y otros no? ¿Qué es lo que se hace para que la gente quiera
conservar su patrimonio? Hablamos de comunidad, de participación; pero,
¿cómo llegamos nosotros, en calidad de especialistas, a ella? Además de
las normativas, que son letra escrita, ¿cómo procedemos? La
letra de la norma no puede establecer la sensibilidad necesaria para
intervenir en un bien patrimonial. Antiguamente, se trabajaba y se
vivía según códigos
compartidos, establecidos a través de generaciones; los procesos de
transformación eran lentos, y
los cambios graduales. Hoy la dinámica de cambio condiciona la vida
misma. ¿Cómo
hago para que una persona
reconozca el lugar como propio? Como plataforma, contamos con la
información, aproximaciones intelectuales y científicas, con
los talleres de la memoria de sus familias y antepasados.
Pero está a la vista que no es suficiente. Hace falta más. Deberíamos
reflexionar a cerca de ¿Cómo
se logra esa adhesión? Solo
es posible que la comunidad sepa defender sus lugares si en ellos se
sienten con pertenencia; y esto implica que la tienen que conocer
internamente como individuos y como grupo.
Por
ello, propongo ir por EL CAMINO hacia la comprensión de nuestra
identidad, a través de la investigación de uno mismo, por medio de la vía
de la introspección. Se
trata del reconocimiento de la influencia
de las diferentes atmósferas espaciales, las
variaciones sensoriales involucradas que determinan que un espacio,
además de ser diferente a otro, lo apreciemos como tal. Esto sólo puede
realizarse a través de un
trabajo de experimentación
personal. He
escogido tres autores que fundamentan estos criterios desde la antropología
y la
arquitectura. -
Edward Hall,
(“La dimensión oculta” 1973), se refiere a la utilización
de los sentidos en la percepción de los espacios. “...volver a los orígenes
de las cosas y a investigar las infraestructuras biológicas de las que
surge cualquier aspecto dado del comportamiento humano... el hombre, como
los demás seres del reino animal, es, en un
principio, al final y siempre, un prisionero de su organismo biológico”.
Revelar aquello que se da por supuesto, el espacio
que cada uno crea alrededor de sí mismo, y entre nosotros mismos y
nuestros semejantes. -
Gordon Cullen,
(“Townscape”, 1961). Desmenuza
con sensibilidad plástica diferentes situaciones espaciales del entorno. -
Christopher Alexander,
(“El modo intemporal de construir”, 1979) en el que queda
demostrado cómo los “miembros de una sociedad han extraído siempre de
su propio ser el orden de su mundo”. Estos
temas, los hemos estudiado cuando cursábamos la carrera de Arquitectura,
formaba parte del programa de estudios; pero lo llamativo es que no
aplicamos esos conocimientos. Hemos
perdido nuestra capacidad de sentir, de conectarnos
con nuestras experiencias sensoriales para cualificar los espacios
y cada uno de los elementos que intervienen en el mismo. Está dormida
nuestra capacidad de identificar pequeñas situaciones urbanas. ¿Dónde
hemos dejado la humildad de ser parte, y sólo parte, del gran ecosistema?
Lo
que hemos olvidado, no lo podemos transmitir. Solamente lo podremos hacer
cuando lo recuperemos en cada uno de nosotros. Creo
que ello se debe a que la
aproximación que tuvimos en su momento fue desde la intelectualidad, sin
descubrir la esencia que poseía
cada uno de ellos; que no existen recetas a aplicar. Ha sido un discurso
que se ha tomado pero no transitado. Sólo
aquello experimentado corporalmente se impregna en nosotros mismos y no se
olvida. Si de esto
existiere alguna duda, remítase cada uno a alguna experiencia
positiva o negativa, y escuche a su cuerpo a ver qué le expresa. La
experiencia de reconocimiento urbano arquitectónico de un área, a
través de aproximaciones sensoriales, propone el
propio reconocimiento, a través del
empleo de nuestros
sentidos, de las vivencias que se experimentan en cada uno de los
pequeños lugares por los que se transita, según los tipos de espacios,
las secuencias, las variaciones de luz, temperatura, color, ruido,
movimiento. Una experiencia vital que reconozca palmo a palmo cada lugar.
Conocer las relaciones entre los diferentes elementos del espacio urbano,
su fuerza y coherencia. “La magia de un lugar existe en nosotros cuando
existe en nuestros edificios; y sólo existe en nuestros edificios cuando
nosotros la poseemos”. “Lo que imprime en nosotros vida es la acción
de los momentos, la gente que de ellos participa y las situaciones
peculiares que surgen” (C.Alexander). Y estos momentos están
generados por las vivencias que experimentamos. Estimo que ésta sería una manera de ejercitar la gran capacidad
de captación que hemos olvidado, especialmente los arquitectos. La
transmisión de esta experiencia a cada uno de los miembros de un área,
generaría muy probablemente
espíritu de cuerpo. Las experiencias vividas son las que quedan
registradas en el sujeto, y ellas jamás se olvidan. Esta
concepción se encuentra subyacente en la tendencia que
trata de mantener a la comunidad en sus lugares habituales,
salvaguardando sus costumbres y los patrones de acontecimientos que allí
ocurren. En muchos de estos casos, las vivencias permanecen vigentes,
porque se incorporaron por la vía natural de los acontecimientos
cotidianos. Esto deviene en un carácter intemporal en el que la relación
entre los elementos intervinientes del lugar se estructuran a partir de
las acciones corrientes de la gente. Es el lenguaje sin nombre que
responde a nuestros sentidos. Pero
cuando avanza el deterioro urbano arquitectónico también se traslada a
la vida de los individuos. Y es allí también donde hay que recobrar los
valores dormidos. ANEXO 1
Documentos Internacionales del ICOMOS- análisis a/
Carta Internacional para la Conservación de Poblaciones y Areas Urbanas
Históricas (adoptada por ICOMOS en 1987). Ya
en su Preámbulo y Definición establece que “Todos los conjuntos del
mundo, al ser el resultado gradual de desarrollo, más o menos espontáneo,
o de un proyecto deliberado, son la expresión material de la diversidad
de las sociedades a lo largo de la historia.; o bien que. ”...más allá
de su utilidad como documentos históricos, los referidos núcleos son
expresión de los valores de las civilizaciones urbanas tradicionales. En
sus principios y objetivos, el artículo 2 especifica que “los valores a
conservar son el carácter histórico de la población o del área urbana
y todos aquellos elementos
materiales y espirituales que
determinan su imagen”, para
lo cual enfatiza en 5 puntos los elementos
a respetar para sostener la
autenticidad de la población o área urbana histórica. Cita entre ellos la
relación entre los diversos
espacios urbanos, edificios, espacios verdes y libres, la forma y el
aspecto de los edificios (interior y exterior) definidos a través de su
estructura, volumen, estilo, escala, materiales, color y decoración; las relaciones entre población,
área urbana y su entorno; las
distintas funciones adquiridas por la población o el área urbana en
el curso de la historia. Asimismo,
en el artículo 3 hace
específica referencia a la participación y el compromiso de los
habitantes con un carácter de “IMPRESCINDIBLES
PARA CONSEGUIR LA CONSERVACIÓN DE LA POBLACIÓN O ÁREA URBANA HISTÓRICA”
y agrega que “DEBEN SER ESTIMULADOS. NO SE DEBE OLVIDAR QUE DICHA
CONSERVACIÓN CONCIERNE EN PRIMER LUGAR A SUS HABITANTES”. En
su artículo 5, relativo a métodos e instrumentos, señala que éstos
deben comprender un análisis de datos referentes a distintas disciplinas.
Y además, se “debe definir la principal orientación y modalidad de las
acciones que han de llevarse a cabo en el plano jurídico, administrativo
y financiero. El plan deberá
contar con la adhesión de sus habitantes”. Y en su artículo 15
agrega que “para asegurar la participación activa e implicar a sus
habitantes, se debe realizar un
programa de información desde la
edad escolar.” b/ La
Carta del Patrimonio Vernáculo Construido (Ratificada en la 12º Asamblea
General del ICOMOS, en México, en 1999), dentro
de sus consideraciones generales, expresa que estos ejemplos pueden ser
reconocidos, entre otros aspectos, por “la coherencia de estilo, forma y
apariencia, así como por el uso de tipos arquitectónicos
tradicionalmente establecidos.” Así como por “una respuesta directa a
los requerimientos funcionales, sociales y ambientales”. En el punto 2,
claramente formula que “el éxito
en la apreciación y protección del
patrimonio vernáculo depende del
SOPORTE DE LA COMUNIDAD, de
la continuidad de uso y su mantenimiento”.
“MANTENER
SU MODO DE VIDA TRADICIONAL...”; “... EL MODO EN QUE ES USADO E
INTERPRETADO POR LA COMUNIDAD, así como
las tradiciones y expresiones intangibles asociadas al mismo” y
“la continuidad de los sistemas tradicionales de construcción.” c/
En la Declaración del ICOMOS en el 50 Aniversario de la Declaración
Universal de los Derechos Humanos, con ocasión de una reunión realizada
en Estocolmo en 1998, se
manifiesta con absoluta
contundencia el “Derecho al
respeto de un testimonio auténtico que constituye el patrimonio como
expresión de su identidad cultural en el seno de la gran familia humana; EL
DERECHO A UN MEJOR CONOCIMIENTO DEL PATRIMONIO PROPIO, ASÍ COMO EL DE
OTROS; Derecho al buen uso del patrimonio; derecho a PARTICIPAR EN LAS
DECISIONES que afectan el patrimonio y LOS VALORES CULTURALES de los que
es portador; y derecho a
asociarse para la defensa y valoración del patrimonio. Estos derechos
presuponen el ESFUERZO POR CONOCER, APRECIAR Y MANTENER el patrimonio, y
exigen una participación equitativa entre la comunidad, el sector
privado y los individuos, para armonizar los intereses que afectan al
patrimonio, y conciliar preservación y
desarrollo. ANEXO
2
Argentina.
Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Marco
jurídico Nacional – Municipal. Análisis En
1994, tras la reforma de la Constitución Nacional, se incorporó en la
misma el deber de preservar el patrimonio
natural y cultural dentro de su artículo 41, el cual establece la
obligación y el derecho a una mejor calidad de vida y
a la defensa del ecosistema. Además,
la Argentina ha aceptado
(Ley nacional nº 21.836; sanción y promulgación: 6-7-1978; publicación:
B.O.14-7-1978), la Convención para La Protección del Patrimonio Mundial,
Cultural y Natural, adoptada por la Conferencia General de la Organización
de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, en su
reunión celebrada en París en 1972,
cuyo texto forma parte de la referida Ley nacional. Esto quiere
decir, que debería ser adoptada y aplicada en el ámbito nacional,
provincial y municipal, tal como lo establece
nuestra Constitución Nacional. Sin embargo, no se verifica su aplicación.
Desde
1940 se encuentra en vigencia
la Ley Nacional nº 12.665, de la Comisión Nacional de Museos, Monumentos
y Lugares Históricos, cuyo campo de aplicación se circunscribe a los
monumentos históricos nacionales. En
el texto de la Constitución de la Provincia de Buenos Aires, también se
encuentra explicitado dentro del capítulo referido a Declaraciones,
Derechos y Garantías. Y
finalmente, la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en su
artículo 27, se refiere a la Protección del Patrimonio urbanístico y
arquitectónico, de la calidad visual y sonora, de los espacios verdes,
etc. De esta forma, la Constitución del Gobierno de
la Ciudad establece las
competencias a escala municipal: “El
Gobierno de la ciudad es el que llevará
a cabo las acciones, proyectos y programas particularizados referidos a la
protección patrimonial, en todos los edificios, lugares u objetos según
las normas contenidas en el código”.
Con todas las atribuciones que las normas contenidas en el presente Código
así lo prescriban. Es
la que elaborará y pondrá en marcha los programas
de actuación que pretenden cubrir proyectos
integrales de
vivienda con rehabilitación
total o parcial de edificios existentes, de obra nueva en lotes vacantes,
etc. Programas de radicación y/o realojamiento de familias; programas de
conservación de edificios de alto valor patrimonial, circunscriptos a los
edificios catalogados con protección estructural. Programas de mejora
ambiental del espacio público, del equipamiento y servicio comunitario en
áreas deficitarias; programas de reactivación económica para la
capacitación laboral, la promoción del empleo y la optimización de la
actividad turística. La
protección se realiza según el Distrito de Zonificación, APH,
(Áreas de protección histórica),
Sección 10 del código de
Planeamiento Urbano,
en el que se establecen áreas homogéneas, en cuanto a morfología y
tejido urbano. La protección
edilicia de lo construido en las parcelas establece niveles particulares
de protección e intervención, en el acto de su catalogación, con el
dictado de niveles particulares de protección e intervención. Se
prevé asimismo la Protección Ambiental sobre áreas que se destacan por
sus valores paisajísticos, simbólicos, sociales o espaciales, y se hace
referencia al espacio público, que incluye las fachadas y muros
exteriores de los edificios; también se establecen niveles particulares
de calidad ambiental. Los
criterios de valoración son: ·
Valor
Urbanístico:
se
refiere a las cualidades que posee un edificio que define o califica la
trama, el paisaje urbano, o el espacio público. ·
Valor
Arquitectónico:
se refiere a los elementos poseedores de calidades de estilo, composición,
materiales, coherencia tipológica y otra particularidad relevante. ·
Valor
Histórico-Cultural:
se refiere a aquellos elementos testimoniales de una organización social
o forma de vida que configuran la memoria histórica colectiva y un uso
social actual. ·
Valor
Singular:
se refiere a las características irreproducibles o de calidad en cuanto a
los aspectos técnicos constructivos o el diseño del edificio o sitio. “Los
criterios de valoración anteriormente expuestos deben considerarse en
función de los propios elementos a proteger, del análisis del contexto
urbano y de los objetivos de planeamiento para el área”. La
problemática de la ciudad de Buenos Aires es sumamente compleja, por la
diversidad de situaciones que genera su escala y su propia dinámica de
cambio. La puesta en valor de áreas de valor patrimonial en
ciudades consolidadas, como es el caso de Buenos Aires, exige
la presencia activa de la decisión política, para todos aquellos
casos en que la normativa no sea la adecuada y deba frenar las
deformaciones, demoliciones, o acciones
que tienen más que ver con
desarrollos económicos que con la conservación del patrimonio
propiamente dicho. Es
importante destacar que los funcionarios responsables de la administración
se han visto presionados por la comunidad a integrar la conservación del
patrimonio en sus áreas. Por lo general, estos profesionales, que no se
han especializado en conservación del patrimonio,
responden por la propia dinámica a intereses diversos y muchas
veces contrapuestos. Áreas
de Protección Histórica (APH). Análisis Si
bien esta normativa (que es la única que
posee el ámbito municipal de
la Ciudad de Buenos Aires para proteger áreas de conservación, según
distritos de zonificación APH, con polígonos que contienen normas de
tejido y protección para los edificios catalogados) la recuperación de
su arquitectura se ve seriamente comprometida por
el rango que ocupa la conservación del patrimonio dentro del
concierto general de problemas
que absorbe la Secretaría de Planeamiento; pues la conservación del
patrimonio es un instrumento más dentro de la
gran orquesta que ellos dirigen. En
el campo de la protección, el nivel cautelar ocupa un rango mayor frente
a los otros niveles contemplados; y, simultáneamente, el código de
edificación vigente se encuentra concebido para obra nueva, sin
contemplar el ajuste o adaptación de materiales y técnicas constructivas
a los edificios de valor patrimonial. Hoy
en día, las obligaciones especificadas en la mencionada sección del código
de Planeamiento Urbano presentan grandes dificultades de aplicación,
porque no se evidencia una política activa en la optimización de los
recursos políticos, económicos, y sociales existentes, así como en la
generación de modelos de
gestión versátiles como, por ejemplo,
programas simultáneos de recuperación de viviendas antiguas con
otros de vivienda nueva, y la figura de los convenios urbanísticos con
transferencia de edificabilidad. Los
problemas con los instrumentos de gestión, y con los incentivos
establecidos en esta sección del código, dificultan
las alternativas de recuperación
de viviendas para los usuarios. No se genera una diversidad de propuestas
alternativas que se ajusten a diversa situaciones familiares. Asimismo, no
se han implementado mecanismos de articulación con la Comisión Municipal
de la vivienda, que se integra dentro de las dependencias de
la Secretaría de Planeamiento en
la escala municipal, ni siquiera para intentar frenar la especulación
inmobiliaria presente en todos los sitios. Pareciera que tenemos la norma,
pero no podemos lubricar los mecanismos entre las diferentes áreas
municipales para agilizar las acciones. Indudablemente, la situación
exige un cambio de mentalidad en cada uno de ellas. Por ejemplo, los créditos
hipotecarios, por lo general, favorecen
ampliamente a los edificios más nuevos y
desechan los
construidos hace más de 30 o 50 años. Por lo cual, la propiedad
adquiere la tasación del valor del terreno. Si bien la normativa
incluye una ayuda a la conservación FEREC, “Fondo de estímulo
para la Recuperación de edificios catalogados”, ha sido imposible
dinamizar su funcionamiento, pues el
órgano de aplicación no responde afirmativamente, a pesar de su reducido
monto. Los préstamos hipotecarios del Banco de la Ciudad de Buenos Aires,
órgano responsable de otorgar los créditos para las áreas de valor
patrimonial, no ofrecen una tasa diferenciada. Frente
a la escasez de recursos que posee la administración, una de las políticas
que se están implementando actualmente consiste en solicitar que, junto
con la presentación del pedido de catalogación de un bien inmueble, se
incorporen propuestas alternativas de sostenibilidad del bien propuesto. Como
puede verificarse, los aspectos relativos a incentivos, presentan grandes
dificultades de aplicación, por ser escasos, y porque los mecanismos, al
ser muy nuevos, carecen del
necesario rodaje experimental y, por tanto, de la suficiente agilidad y
eficacia. La
ausencia de programas integrales que implementen diferentes
mecanismos de gestión debidamente articulados con las políticas públicas
y privadas y con acciones estratégicamente coordinadas entre los aspectos
políticos, urbanísticos, arquitectónicos, jurídicos, fiscales, económicos,
financieros, sociales, etc., desmerece cualquier acción que se lleve a
cabo y la convierte automáticamente en una intervención puntual,
sin dinámica sistémica.
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