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| Seminario Internacional de Ciudades Históricas Iberoamericanas (Toledo, 2001) |
ANÁLISIS DE LA METODOLOGÍA PARA LAS DECLARATORIAS DE PATRIMONIO CULTURAL DE LA HUMANIDAD EL CASO CUENCA DE LOS ANDESWilson Herdoíza (Ecuador) Se trata de presentar algunos lineamientos científicos, teóricos y metodológicos sobre el tema del patrimonio, en lo atinente a las “DECLARATORIAS DEL PATRIMONIO MUNDIAL” y de su aplicación en ciudades históricas iberoamericanas; se presentará luego un entorno de imágenes que sitúen a Cuenca[1] en el panorama universal; esas imágenes tratarán de Europa, Asia, Africa y América. Cuenca
está enfrentando una responsabilidad muy grande, diría un desafío
trascendente; pero decir Cuenca sería una equivocación, porque no es
Cuenca es el país; Ecuador tiene que volcarse para apoyar esta noble
iniciativa. La
ciudad, obviamente tiene que intervenir, pero todos debemos “arrimar el
hombro”; dejar al margen todo tipo de diferencias, porque este es un
objetivo de país y, las instituciones, las organizaciones nacionales y
locales, deben colaborar; las instituciones culturales, las sociedades política
y civil también, en todas sus esferas. Debería decirse su “gente”... la gente de Cuenca, la gente de Ecuador, las
organizaciones gremiales, populares, deberían también comprometerse. No
es fácil lograr una declaratoria de este tipo, el título es grande, es
grande e importante. Hay que demostrar el “derecho”
que asiste a la ciudad y al país. Presentaré
entonces algunos instrumentos para las declaratorias en el marco de la
realidad ecuatoriana. Cuál
ha sido el proceso ecuatoriano en este ámbito, cuál el ejemplo singular
de Quito que recibió de la UNESCO
tan alto honor y, con Cracovia,
por primera vez en el mundo. En
términos de lineamientos teórico-
metodológicos, un instrumento sine qua non es la “CONVENCIÓN DEL PATRIMONIO MUNDIAL”. Ese es el marco de referencia que permite que un reconocimiento se
produzca; no puede soslayarse, desde luego la “Carta de Ciudades Históricas” de Toledo, que ahora nos acoge. De
manera abstracta y general al margen de la CONVENCION;
es importante tener claro lo relativo al patrimonio
en si... debe conocerse con
propiedad que es el patrimonio mundial y a partir de eso, objetivizar una
realidad concreta como la de Cuenca
de Los Andes. Desde el punto de vista del patrimonio mundial en sí
mismo, pensaría que es importante considerar dos ámbitos; primero el científico,
de la dialéctica y, segundo el patrimonio mundial desde le punto de vista
de las instituciones; lo
operacional, la práctica concreta; dos abordajes importantes conceptual y
metodológicamente hablando. Cuando
menciono el patrimonio mundial en sí y en la esfera institucional; estoy
por un lado, pensando en los sustentos
que se requiere para alcanzar la universalidad
y, por otro lado, considerar situaciones “emergentes”
que puede vivir y atravesar el patrimonio cultural. En ese caso, es
importante tener en consideración la “lista
del patrimonio cultural en peligro”. Son dos procesos que deben
estar siempre presentes. Al
tratar el tema del patrimonio ecuatoriano, quisiera delinear luego muy
brevemente el proceso de declaratorias que se han producido en el país;
en efecto, Ecuador ya viene en este interés unos veinte años y, sería
adecuado que se conozca ese panorama, para desprender cuál ha sido su lógica,
cuál su comportamiento; cuáles los énfasis. Pienso que ese proceso ha implicado un cambio de mentalidad en los ecuatorianos, en los arquitectos, alcaldes, etc. y, quisiera hacer una referencia breve a ese cambio de actitud y de mentalidad. En
el caso de Quito presentaré cual fue la fundamentación que presentó la
ciudad; cuales fueron las justificaciones e
ir más allá, expresando cual es el proceso que Quito vive ahora. Primeramente
debe señalarse que el 21 de noviembre de 1972, en la XVII Conferencia
General celebrada en París la UNESCO
adoptó la “Convención sobre la
Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural”. Si así se
inauguró en 1972, cuál es la realidad en e 2000. En
el año 2000 existen 122 países suscriptores de la Convención del Patrimonio Mundial;
existen 690 bienes clasificados a nivel mundial, de éstos 529 son
bienes culturales, 138 son bienes naturales y 23 son mixtos. En
América Latina y el Caribe, existen 23 países suscriptores de la Convención;
se ha logrado 96 declaratorias, de ellas, 64 corresponden al
patrimonio cultural, 29 al patrimonio natural y 5 al mixto (cultural y
natural). La
Convención del Patrimonio Mundial
se plantea los siguientes objetivos fundamentales: Primero,
asegurar la existencia de un patrimonio mundial, garantizar su
perdurabilidad, y evitar su destrucción. Conservar los testimonios más
significativos de la humanidad. A esos objetivos Cuenca
aspira incorporarse. Entre
los alcances también está aquel de definir lo que debe entenderse por
patrimonio cultural. Consta
en la Convención: “...considerar que la protección del patrimonio
interesa a toda la humanidad y que hay que organizar la solidaridad
universal...”; considero que este concepto es muy importante, puesto que
alcanzar el reconocimiento de una ciudad, Cuenca por ejemplo, en sí mismo
tiene valor, pero conlleva que se produzcan solidaridades universales en
su beneficio y esa es una ventaja, Cuenca ya no estará sola; Cuenca tendrá
los ojos de la humanidad puestos en ella y, esa es una conquista. Ese es
otro objetivo de la Convención. ¿Qué es el patrimonio mundial? Como comencé mencionando, primeramente haré algunas presentaciones de orden científico-dialéctico y, luego me introduciré en el campo institucional y operacional. Emprendiendo
una apreciación científica del patrimonio, diría que al tratar científico-
dialécticamente el tema, convendría plantearse dos preguntas
introductorias. Primera el ¿qué...?
¿qué es el patrimonio? y segundo el ¿para
qué...? ¿para qué el patrimonio?. Si
pensaría en la definición del
patrimonio, me ubicaría preferentemente en el ámbito de la estructura de
la sociedad, en la base de la sociedad. Si pensaría en
el ¿para qué del
patrimonio? ¿para qué Cuenca?, me
situaría predominantemente en la superestructura y ubicaría en ese
mundo, en el ámbito del poder.
Creo que el ¿para qué? del patrimonio tiene que ver con el poder
en la sociedad. Ubicado
en la estructura de la sociedad, estaría obviamente en el mundo de lo económico;
de la producción, intercambio
y, sobre todo y fundamentalmente, en el mundo del CONSUMO. Creo
que al patrimonio se lo debe leer socio-científicamente desde el punto de
vista del consumo. El
patrimonio es susceptible de ser “consumido”
y esa tesis es la que desearía presentar de manera breve a continuación.
No
obstante, si nos situamos en la esfera de la superestructura, en el ámbito
del poder; lo importante del patrimonio sería su articulación con el
mundo de lo jurídico-político,
con el de lo ideológico y de
la cultura. Quisiera entonces abordar estas tres reflexiones para
aprehender el contenido del patrimonio. Decía
que cuando pensamos en la razón de ser del patrimonio y nos ubicamos en
la estructura; en el mundo de la economía, lo fundamental es el consumo.
¿A qué debe entenderse por consumo? El consumo es un proceso social de apropiación de un producto (definición básica,
elemental, simple y clara). Es un proceso social mediante el cual “sujetos”
consumen “objetos”. Un proceso social de apropiación de un producto; pero
¿por quién?. Esa apropiación social, es una apropiación de clase; no
obstante, el producto que ahora interesa no es cualquier producto (no se
trata de ir al supermercado) el producto es el patrimonio
cultural y eso le asigna singularidades. Entonces, el “consumo es un proceso social de apropiación de un producto por las
clases sociales, siendo el producto que en este caso interesa, el
patrimonio cultural”. Introduciéndonos
en la esfera del consumo, lo que conviene saber, más que el consumo
propiamente dicho es, lo que en sociología se denomina los “modos de consumo”, la manera, la categorización de los sistemas
de consumo... en parangón con la teoría de los “modos de producción”. Si se acepta la existencia de “modos de
producción”, se puede aceptar también la de modos de consumo y,
consecuentemente, que existen “modos
de consumo del patrimonio”. Si
se reconoce la pertinencia de la teoría de los modos de consumo, se estaría
en contra de aquellas “psicologistas”,
sobre el consumo del patrimonio. En ese caso; el tema de la “selección”,
el asunto de las “voluntades”,
el ámbito de los “apetitos”
no entraría en juego. La teoría de la necesidad ligada al enfoque
psicologista se desarma porque carece de sustento científico y, es lo que
quisiera inmediatamente esbozar. Interesa captar el patrimonio en términos
de modos de consumo, reconociendo que las necesidades de consumir son
social e históricamente determinadas. En cada momento histórico se
consume de manera diferente, porque la sociedad cambia y la sociedad va
marcando las formas, las maneras y los contenidos de los procesos de
consumo. Pienso
que en esta introducción teórica existe un desafío científico
fundamental cual es, primeramente; resulta indispensable enmarcar al
patrimonio cultural en la teoría de las necesidades, la teoría sociológica
de las necesidades. En esa teoría muy rica, muy robusta ¿cómo enmarcar
al patrimonio cultural? primer desafío. Y
segundo desafío, como enmarcar a las necesidades de la sociedad en la “teoría
del patrimonio cultural”. Se requiere entonces dos cuerpos teóricos,
que se articulen dialécticamente para avanzar en estas preocupaciones. Mencionaba
que interesa también considerar el para
qué y que es de nuestro interés la superestructura;
el mundo de lo jurídico-político, de la ideología y la cultura,
desde ese punto de vista, los municipios se ubican en posición central.
Así, consideraría que conviene atender las dos facetas del poder;
la una, la faceta de la gestión... ¿cómo gestionar el patrimonio? Cada Municipio tiene
sus políticas, realiza una gestión del patrimonio. Sin embargo,
frecuentemente, mucho mayor
importancia que la gestión, en el caso del patrimonio tiene la autogestión.
Conviene articular estos dos procesos, que deberían dialécticamente
contribuir para globalizar estrategias y acciones concretas. En
ese sentido, varios equipos en Ecuador están desarrollando una teoría
para los centros históricos mediante la “construcción-configuración”
de “células” y “redes celulares”. Células de notable riqueza cultural y que
cuenten con una sólida organización, centrada entre otros aspectos en la
cultura. Esas células van articulándose entre si, constituyendo “redes” de desarrollo sustentado
en la cultura, naturaleza y sociedad y, sostenible
en el tiempo. Ese
planteamiento se considera válido para Ecuador, para América Latina y en
general para los países en “vías de desarrollo”. Esa
propuesta es antagónica con otra muy en boga en varios países,
particularmente en Ecuador y singularmente en Quito, la misma que trata de
otorgar preeminencia a ciertas “rutas”
o “ejes” viarios, en los
cuales se concentran fuertes inversiones económicas y operativas. En el
caso de Quito, prácticamente se interviene en un solo “eje”,
la calle García Moreno, desde
su extremo sur en las faldas del Yavirac, hasta la calle Manabí hacia el
Norte. Articulada a esta política de “ejes”, participan dos procesos concertados de orden jurídico y financiero. Jurídicamente a una empresa de “economía mixta” se entrega en comodato por 50 años el centro histórico (plazo renovable...) y, financieramente, el Banco Interamericano de Desarrollo BID, destina un crédito por $ 51’000.000 USD para inversiones en el área. Sobre
el eje mencionado y puntos circunvecinos, la empresa ha realizado
adquisiciones prediales e inversiones diversas: “patio andaluz”,
centro comercial “la manzana”, “ancianato y hogar infantil”,
“centro cultural metropolitano”, “museo de la ciudad”, Centro
comercial “Pasaje Baca”, “Centro comercial La Victoria”,
“Programa habitacional San Roque”, varios “estacionamientos
vehiculares”... Por falta de “sustentabilidad”
de esas propuestas, los “empresarios”,
para quienes están destinadas obras de dudosas “restauraciones”,
no las adquieren y, están vacías ya por un significativo tiempo. El
Patio Andaluz, restaurado para “hotel
de cinco estrellas”; el “MALL”
la Manzana; el ancianato y hogar infantil localizado en la más cruda “zona
roja” y del hampa de la ciudad; los “MALL”
“Pasaje Baca” y “La Victoria”; el programa habitacional San Roque
(altamente subutilizado); algunos estacionamientos recién implementados
están siendo “re-funcionalizados”
para albergar a pequeños
comerciantes desplazados del “comercio informal”... Por
lo manifestado, es improrrogable, frenar la estrategia en vigor e impulsar
principios autogestionarios “celulares”
con intensa participación popular. Retomando
el hilo conductor, relativo a la superestructura,
debe abordarse complementariamente lo jurídico
político, lo “ideológico”, la “cultura”. El
patrimonio cultural posee una fuerte carga
simbólica que es parte de su riqueza y potencialidad. La cultura y el
simbolismo se fundamentan en “identidad”
y “autenticidad”. Habiéndose
esbozado la dimensión “científico-dialéctica” sobre la esencia del
patrimonio, se presenta a continuación algunos lineamientos sobre los
niveles “institucionales” y
“operacionales”; en términos
de reconocimientos universales. En
la antigüedad esta preocupación ya existió y, así se estableció
cuales eran las denominadas “Maravillas
del mundo”: las Pirámides de Egipto, los Jardines colgantes de
Semiramis, los Muros de Babilonia, la Estatua de Zeus en Olimpo, el Coloso
de Rodas, el Templo de Artemisa en Efesos, el Mausoleo de Halicarlas y el
Faro de Alejandría. Hoy
las maravillas se han incrementado en número y, entre culturales y
naturales casi llegan a 700 y, se sostiene que la estrictez y el rigor en
el juzgamiento debe prevalecer evitándose la cuantificación. Según
la normativa vigente, son los estados miembros de la UNESCO quienes solicitan la inscripción y es el Comité
del Patrimonio Mundial la entidad que resuelve los pedidos. A
los elementos tradicionalmente reconocidos como susceptibles de
“inscripción”, con mucha fuerza y absoluta pertinencia, ahora se está
enfatizando la trascendencia de las “rutas
culturales”. En el marco del rigor antes mencionado, cinco podrían ser los principales aspectos a considerarse en términos de “medición” del valor: 1.
La
autenticidad 2.
El
rango de influencia establecido 3.
Constituir
un aporte de connotación única 4.
El
estar asociado a ideas y creencias universales 5.
El
constituir un eminente ejemplo de un hábitat humano tradicionalmente
articulado a una cultura. El
desafío es poseer la suficiente profundidad y lucidez histórico-cultural
para establecer en qué consiste el valor universal
y excepcional. Metodológicamente,
el Comité del Patrimonio Mundial plantea los siguientes elementos
ilustrativos de las candidaturas: 1.
Localización
específica 2.
Información
de carácter jurídico 3.
Identificaciones 4.
Estado
de preservación y conservación 5.
Justificación
en términos de valor cultural. Pensaría
que en América y en el “tercer mundo”; si no se consolidan procesos
serios, sólidos de autogestión
del patrimonio cultural, se perfilaría el fracaso; si solamente se
piensa en términos de “gestión”,
el éxito se aleja. Lo importante sería articular los dos procesos, que
deberían dialécticamente contribuir para globalizar estrategias y
acciones concretas. ¿Cuál
ha sido el proceso ecuatoriano al respecto?; ha estado de alguna manera
articulado al Instituto Nacional de Patrimonio Cultural que tiene filiales
distribuidas en regiones del país. En 1978, Quito logró que la UNESCO
la declare Patrimonio Cultural de la Humanidad y conjuntamente con la
ciudad de Cracovia, fueron las dos primeras ciudades en el mundo así
declaradas. Quito constituyó
una primicia, luego han venido otras, pero este proceso tan importante
arranca en el año de 1978; simultáneamente el Ecuador logra en ese mismo
año la declaratoria de las Islas
Galápagos, como Patrimonio Natural de la Humanidad. Hoy
estamos ante el desafío de Cuenca
y es un desafío en el cual como decía, tenemos que arrimar el hombro
para consolidar esa aspiración. Ecuador ha trabajado mucho en las listas nacionales
y están identificadas 15 ciudades; entre el año 82 y el año 84, cuando
se inicia el proceso se logra la declaratoria de Cuenca, Ibarra, Latacunga
que tiene 78 monumentos clasificados, es de las ciudades más ricas, de
Loja y Riobamba (448 elementos de patrimonio). Entre el año 90 y 92 se
logra la declaratoria de Guayaquil, Zaruma, ciudad maravillosa, ya ahora
incluida en la Lista Indicativa de la UNESCO, de Ambato, Sangolquí y San
Gabriel. Entre el año 94 y el año 96 se reconoce a Catacocha, Baeza,
Cayambe, Machachi y Bahía de Caraquez; con estos antecedentes el interés
que ahora nos concita y reúne es el de tratar de lograr que Cuenca
sea declarada PATRIMONIO CULTURAL
DE LA HUMANIDAD. En lo estrictamente personal considero que Cuenca
tiene inmensas virtudes y que se requiere un trabajo muy sistematizado, táctico,
estratégico para tener éxito; no sería muy partícipe de apresurar
procesos corriendo un grave riesgo. [1] Desde 1999 Cuenca de los Andes está en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.
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