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TERCER SEMINARIO: SEVILLAEl Valor Intangible del Patrimonio. (Celebrado en Sevilla, los días 25, 26 y 27 de Octubre de 2001)I.
Consideraciones preliminares La
vigésimo quinta Conferencia General de la UNESCO (París, 1989) aprobó
una “Recomendación sobre la salvaguarda de la cultura tradicional y
popular”, entendida como “el conjunto de creaciones que emanan de
una comunidad cultural fundadas en la tradición, expresadas por un
grupo o por individuos y que reconocidamente responden a las
expectativas de la comunidad en cuanto expresión de su identidad
cultural y social; las normas y valores
se transmiten oralmente, bien sea por imitación o de otras
maneras. Sus formas comprenden, entre otras, la lengua, la literatura,
la música, la danza, los juegos, la mitología, los ritos, las
costumbres, la artesanía, la arquitectura y otras artes”. Dicha
Recomendación estaba dirigida a los Estados Miembros. En la creencia de que el reconocimiento por la UNESCO constituye la mayor garantía de promoción y salvaguarda del patrimonio inmaterial, en 1999 el Consejo Ejecutivo acordó la creación de una distinción denominada “proclamación por la UNESCO de las obras maestras del patrimonio oral e intangible de la humanidad”. Por
una parte, uno de los requisitos claramente definidos en la citada
Recomendación es que la transmisión de las normas y valores
relativos a dichas creaciones se realice por VIA ORAL. Por otra parte,
ICOMOS no debe ignorar que las diferentes manifestaciones culturales
que se relacionan en dicho texto son prioritariamente objeto de
estudio y cuidado por parte de especialistas dedicados a esas
diferentes ramas del saber (lengua, literatura, danza, música, etc.)
mientras que la labor de ICOMOS, conforme a sus Estatutos, está
dirigida al patrimonio de carácter inmueble en un sentido amplio
(monumentos, ciudades históricas, arquitectura popular, jardines históricos,
zonas arqueológicas terrestres y subacuáticas, pinturas murales,
paisajes culturales, patrimonio minero e industrial, itinerarios
culturales, etc.) Pero, no obstante, hay dos factores a destacar que
justifican plenamente la intervención de ICOMOS en el estudio y
defensa del patrimonio inmaterial. Por una parte, es evidente que la
relación de la UNESCO incluye la arquitectura popular o vernácula
cuyo conocimiento se ha transmitido secularmente por vía de tradición
oral. Por otra, cualquiera de las manifestaciones antedichas del
patrimonio inmueble responden a un doble tipo de valores: los
tangibles, que se relacionan tradicionalmente con los materiales, las
formas y, en cierto modo, también con las funciones, y los
intangibles que desvelan las razones históricas a las que responde la
creación de tales bienes, así como las creencias, motivaciones,
modos de organización, etc. que han regido en cada comunidad humana
el curso de su evolución. Estos valores intangibles se hallan
incorporados no sólo a los inmuebles que les sirven de contenedores,
sino a la memoria colectiva de la sociedad o grupo humano en el que
han sido creados. Podemos así hablar de la particular personalidad
histórica de los diferentes núcleos de población, de su identidad,
que no consiste sólo en los elementos o testimonios físicos, sino en
su peculiar atmósfera e idiosincrasia histórica. Y ese valor
intangible del patrimonio de cada ciudad, barrio o núcleo, que podría
definirse metafóricamente como el “alma” o espíritu que le
caracteriza y le presta su singular ambiente, y que resulta
inseparable de los inmuebles históricos y de la forma tradicional en
que cada pueblo ha plasmado y reconocido su identidad, es el que
constituye el objeto específico de este seminario. También
es preciso tener en cuenta que las diversas formas culturales
incluidas en la Recomendación de la UNESCO no representan una lista
exhaustiva y que, cualquiera de ellas (“entre otras, la lengua,
la literatura, la música, la danza, los juegos, la mitología, los
ritos, las costumbres, la artesanía, la arquitectura y otras artes”)
se ha producido o manifestado tradicionalmente unida a los núcleos de
población, los itinerarios culturales, los conjuntos históricos
mineros, las construcciones populares, los monumentos aislados, etc.
Es decir, en íntima conexión con el patrimonio de carácter inmueble
habitado por el hombre. Por tanto, forman parte de la atmósfera
característica que ha acompañado la existencia del patrimonio
inmueble tradicional, en calles, plazas, jardines, huertos, centros
religiosos, cementerios, puertos, caminos de comunicación y accesos,
ventas, herrerías, eras, puentes, cruceros, fábricas, minas, etc. De
ahí que su defensa resulte inseparable de la del patrimonio inmueble.
Pero,
en sentido inverso, por muy recomendable que resulte la promoción y
salvaguarda de dichas formas de expresión del patrimonio oral e
inmaterial, también debe constituir una invitación a la cautela por
parte de los defensores del patrimonio inmueble y de los valores
intangibles que éste representa en sí mismo y a los cuales ya
se ha hecho referencia más arriba. Porque no debemos perder de vista
que la defensa y promoción de la mayor parte de las formas orales
enunciadas en la Recomendación (como la lengua, la literatura, la
música, la danza, los juegos, la mitología, los ritos, las
costumbres, y la artesanía) no constituyen en sí mismas objetos
cuya desaparición pueda suponer un enriquecimiento económico o
social para aquellos que se lucran con la especulación urbana sobre
solares e inmuebles, con la destrucción y sustitución de edificios,
o con la alteración de espacios públicos. Así pues, es preciso
evitar que el mantenimiento y promoción del patrimonio oral descrito
por la UNESCO pueda servir de excusa para argumentar que sus
manifestaciones son independientes del escenario histórico donde se
han producido. Por el contrario, ICOMOS debe ser consciente de este
peligro y exigir que la salvaguarda de dicho patrimonio oral vaya
unida a la del marco físico patrimonial en el que se han producido o
en el que tradicionalmente se han manifestado, siempre que éste, o
sus vestigios, haya subsistido hasta nuestros días. Conviene
también tener en cuenta, como se ha puesto de relieve en este
seminario, que el actual Director General de la UNESCO, el cual ha
puesto un gran énfasis en el estudio y promoción del patrimonio
intangible, responde, dado su origen japonés, a una mentalidad propia
de su civilización, con matices profundamente divergentes de la
cultura occidental, los cuales inciden notablemente en la diferente
aproximación que en una y otra órbita cultural se viene dando
respecto a los valores y, sobre todo, al tratamiento del patrimonio.
Así, como ya se constató en la Conferencia de Nara sobre la
“Autenticidad”, para los japoneses y otros pueblos con culturas
históricas diferentes al común de las occidentales, los materiales
carecen de valor y los monumentos son destruidos y reconstruidos cada
cierto número de años, siendo importante sólo conservar el lugar y,
en todo caso, las formas, sin que ello suponga una merma de la
autenticidad. Este fenómeno extraño a nuestra mentalidad, tiene su
explicación en la naturaleza perecedera o poco resistente de los
materiales empleados en la construcción de sus monumentos (como
madera, papel, etc.) en concordancia con fenómenos naturales
ordinarios en su área geográfica (terremotos, huracanes,
etc.) De ahí que para esos pueblos el valor simbólico o “espíritu”
de sus creaciones arquitectónicas, es decir, un elemento meramente
intangible pero enraizado en la memoria histórica y colectiva, sea el
factor perdurable y digno de conservación, no así la materia.
El absoluto respeto a esas circunstancias no debe significar,
sin embargo, que en nuestra civilización occidental, donde los
materiales de los edificios históricos no sólo se han concebido
tradicionalmente como indeleblemente unidos a las formas, sino con una
innegable voluntad de permanencia y perdurabilidad, debamos adoptar
los mismos patrones que en el extremo oriente para enfocar el
tratamiento del patrimonio intangible. Esta evidencia abona más aún
la tesis mantenida en el párrafo precedente, es decir, que ni las
manifestaciones de cultura inmaterial enumeradas en la Recomendación
de la UNESCO a la que nos venimos refiriendo deben servir de excusa
para abonar políticas que mantengan su independencia respecto al
marco patrimonial inmueble en el que se han generado, ni su conservación
y promoción debe aislarse del cuidado y mantenimiento de la
autenticidad de éste último, lo cual incluye tanto el respeto a su
significado intangible como a su ubicación, a sus formas y a sus
materiales.
II.
El Valor Intangible del Patrimonio. Aproximación a una definición
del término El
valor del Patrimonio no está constituido únicamente por el de los
elementos físicos o materiales con que está realizado. Deviene en
patrimonio en tanto que es reconocido por la sociedad como
portador de unos valores materiales e inmateriales
(“intangibles”), que están implícitos en él. Como
primera aproximación al tema y sin ánimo de exclusión, pueden
entenderse, entre otros, como elementos
que forman parte del “valor
intangible del patrimonio”: -
El poder de símbolo que un monumento, sitio, o lugar pueda
tener para la población. -
El poder evocador, generador de sentimientos y de recuerdos
individuales y colectivos. -
El poder de identidad colectiva para una
población, sociedad, cultura o civilización. -
El valor documental del monumento o sitio que nos transmite, de
manera fehaciente, noticia de: historia, cultura, sociedad, economía,
filosofía y forma de vida de una época o épocas, idiosincrasia de
la población, arte, técnicas y tecnología constructiva etc. -
El valor testimonial y de memoria histórica de una cultura, de una sociedad y de una época, contenido en los
monumentos y sitios. -
El poder generador y capaz de potenciar sensibilidades: calma,
paz, religiosidad, estética, emociones... -
El poder definidor como hito o elemento substancial, integrado
o integrador, del paisaje urbano o rural. -
El poder generador de relaciones y vínculos culturales entre
las personas y entre éstas y el monumento o sitio histórico, tanto
en el ámbito personal como colectivo (turismo, folclore,
manifestaciones culturales y religiosas etc.) que permite al
patrimonio ser un factor de cohesión social. -
Los valores de integración espacial y armonía con el medio
ambiente. - Etc. III.
Varias razones de orden inmaterial para conservar el patrimonio Una
vez esbozada una definición sobre
lo que entendemos por “los valores intangibles del patrimonio”,
convendría decir que el
Patrimonio debe ser conservado no únicamente en función de sí
mismo, cosa que conferiría fetichismo al acto, sino porque es también
un factor de interrelación personal y de cohesión social. Su
conservación debe hacerse no únicamente porque nos permite el
conocimiento de sus valores formales, sino porque nos lleva a entender
su razón de ser, su esencia, su carácter, el espíritu del monumento
y al conocimiento de la fuente cultural, de la civilización, de la
historia, de las personas que lo hicieron y de las que son en la
actualidad sus depositarias. Este
conocimiento nos llevará a comprender y a entender el patrimonio y, a
través del mismo, a las personas que se han relacionado históricamente
y en la actualidad con él. Es
decir, el conocimiento de los valores materiales del patrimonio y, en
especial, del valor intangible del mismo nos permite conocer la
civilización que lo realizó y, al conocerla, a comprenderla. Es aquí
donde reside la gran importancia de nuestra actividad respecto al
patrimonio que debe ser, principalmente,
la de dar a conocerlo íntegramente como fórmula de
conocimiento y comprensión entre las personas. El
monumento, el patrimonio, no es, o no debemos hacer que sea tan sólo
un elemento de identidad, sino un vínculo entre las personas. Debemos
hacerlo herramienta no sólo de conocimiento y de identidad de la
civilización que lo realizó y/o lo conserva, sino también elemento
de comunicación ente las personas. Entre las personas depositarias
del legado cultural presente en el monumento, y aquellas otras,
visitantes de otras culturas, ideologías o creencias. El
patrimonio, merced al conocimiento y comprensión
de sus valores y, en especial, de su valor intangible, es un vínculo
excepcional de comunicación y a través de ella, de diálogo y, como
consecuencia, de paz. Fomentar
esa comunicación, ese diálogo entre las personas y las
civilizaciones es, en estos momentos más que nunca, el deber de los
que nos dedicamos a la protección del patrimonio.
Y,
teniendo en cuenta lo hasta aquí expuesto, se formulan las
siguientes: IV.
Conclusiones y Recomendaciones: 1.
Sobre el Patrimonio Intangible en general: 1.
Las ciudades históricas, los monumentos, la arquitectura
rural, el patrimonio industrial, etc. se han construido en el lugar
que ocupan por determinadas razones y circunstancias que representan
valores históricos incorporados a los mismos al igual que sus propias
formas y materiales. Manifiestan también la particular relación del
hombre con la naturaleza y su entorno más próximo. La pérdida de
esos valores constituye una destrucción del patrimonio equiparable a
su desaparición física. 2.
Los pueblos poseen una memoria colectiva y una serie de
vivencias intangibles que deben mantenerse porque forman parte de su
patrimonio y son definitorias de su propia identidad. 3.
La dimensión inmaterial del patrimonio es resultado conjunto
de la autenticidad e integridad histórica de los mensajes del
patrimonio físico, los monumentos y los sitios, y de la
interdependencia de sus diversos elementos significativos. El estudio
de los valores intangibles refuerza la comprensión de los valores
tangibles que se encuentran directamente asociados a la conservación
tradicional del patrimonio. 4.
Tradicionalmente se ha venido considerando la conservación del
patrimonio histórico inmueble desde un punto de vista limitado casi
exclusivamente a su soporte físico. Hoy en día es preciso
profundizar en el estudio de su dimensión intangible, reconociendo
que el patrimonio material constituye un contenedor de valores
inmateriales que le proporcionan significado y reflejan los motivos más
hondos por los que la sociedad es sensible a su aprecio y conservación.
El estudio y realce de esa dimensión proporciona una visión integral
que no sólo ayuda a su auténtica comprensión sino que debe conducir
a insertar su tratamiento en una política patrimonial de carácter
global. 5.
Es
frecuente observar que la mayor parte del patrimonio tangible, como
estructuras arquitectónicas, monumentos, y otros restos de
construcciones y objetos diversos, se han destruido o se han perdido a
lo largo de los siglos por múltiples causas, ya sea por obra del
hombre o la naturaleza, incluyendo los desastres naturales. Pero el
patrimonio intangible como, por ejemplo, las peculiaridades que ofrece
la concepción estructural de las ciudades y sus métodos y modos de
construcción, o los diferentes estilos arquitectónicos, las
costumbres, los usos y sistemas políticos, religiones, habilidades
tradicionales, ciertas artesanías, artes e industrias características,
elementos distintivos como la música y las lenguas, u otros bienes
culturales de carácter intangible tales como la forma de vestir,
estilos de vida, alimentación, métodos de explotación agrícola,
etc. han marcado unas notas distintivas hasta nuestros días. 6.
Los bienes tangibles son limitados, pero el hombre puede
heredar permanentemente los valores que se esconden tras la creación
de los mismos.
Los bienes materiales creados por el hombre pueden continuar produciéndose
mientras las características culturales de los respectivos grupos
puedan protegerse y mantenerse. Desde este punto de vista, son
precisamente esas características las que pueden ser consideradas
como patrimonio intangible. Resulta, en fin, evidente que las
influencias culturales se transmiten, por vía de herencia, como
bienes culturales de naturaleza intangible y que el factor decisivo
para mantener vivo ese patrimonio es la propia existencia de los
hombres, unida a la pervivencia de sus rasgos culturales. 2.
Con relación a las Ciudades Históricas 1.Por
lo que se refiere a los bienes inmuebles que constituyen el ámbito de
los objetivos y actividades de ICOMOS, y más aún con relación a las
ciudades históricas, el patrimonio intangible no está constituido
solo por las tradiciones orales, el folklore y otras manifestaciones
análogas que se dan en su entorno y que convencionalmente reciben
esta denominación. Las ciudades históricas, salvo excepciones, no
responden a una impronta creativa aislada, momentánea y congelada en
un determinado momento histórico. Fruto de un largo proceso
evolutivo, dichas ciudades reflejan la organización, creencias y
formas de vida de los distintos grupos sociales que las han ido
tejiendo lentamente, como un abrigo a la medida del hombre y sus
necesidades. Tanto la trama urbana como los edificios históricos son
auténticos símbolos testimoniales del pensamiento, la evolución y
los valores arraigados en una sociedad a lo largo de sus diferentes
etapas. Como documentos vivos nos ofrecen una lectura directa del
substrato histórico en el que se fundamenta la particular
idiosincrasia y la genuina identidad cultural de cada pueblo. Así,
los valores intangibles representados a través del patrimonio físico
expresan la personalidad histórica de los distintos pueblos y
ciudades y los valores sociales, económicos y éticos sobre los que
se asienta su evolución. 2.El
patrimonio tangible e intangible de las ciudades históricas conforma
una unidad indeleblemente
unida a su identidad. Esta unidad debe ser preservada en el trazado y
parcelario, así como en los inmuebles históricos y sus elementos
arquitectónicos, en los espacios públicos, en el paisaje urbano y en
la atmósfera tradicional. La pérdida de estos soportes físicos
conlleva la de los valores inmateriales que entrañan y afecta
negativamente al equilibrio espiritual del ser humano y a su normal
desarrollo. 3.El
actual modo de desarrollo urbano antepone las consideraciones de
rentabilidad económica a las de un progreso comprometido con otros
valores humanos precisamente gracias a los cuales se ha enriquecido la
memoria colectiva en los centros históricos, es decir, el referente
común en el que se reconocen todas las generaciones. Esa residencia
de la memoria colectiva, actualmente se presenta como uno de los
puntos más sensibles del cuerpo social, por lo cual se considera que
todas las intervenciones urbanas y arquitectónicas deben realizarse
con el convencimiento de que la mayor rentabilidad económica debe
partir y estar garantizada por la "mejor" rentabilidad
social. 4.La
historia y el tiempo han demostrado que determinado tipo de
construcciones tradicionales, modos de vida y costumbres ayudan a
conseguir una mejor calidad de vida, razón por la que no deben
perderse. Esto se hace especialmente evidente cuando al analizar múltiples
situaciones con cierta perspectiva puede observarse que las
alternativas aplicadas han conducido a sustituir esos valores
tradicionales por otros modelos que no ofrecen ventajas. Por tanto,
antes de iniciar cualquier actuación, siempre debe plantearse un análisis
de las ventajas e inconvenientes que nos ofrecen tanto el legado que
hemos recibido como las nuevas posibilidades existentes y actuar en
consecuencia, sin dejarse engañar por hábiles maniobras de mercado
ni por manipuladores que anteponen su lucro personal o su prosperidad
económica y social a la conservación de los valores culturales y
sociales de la población. 5.Después
de haber sido analizados en esta serie de encuentros algunas
realizaciones, y proyectos urbanos (como, por ejemplo, muchos de los
que inciden en el centro histórico de Salamanca, el que se pretende
llevar a cabo en Valencia mediante la prolongación de una avenida que
destruirá el histórico conjunto de El Cabañal, las reconstrucciones
y obras nuevas en las ruinas del castillo de Burgos, etc.) puede afirmarse que tales realizaciones y proyectos no
aparecen como actuaciones comprometidas con la conservación del
patrimonio cultural de la ciudad histórica cuyo mayor significado no
proviene de su precio sino de su valor social, un valor intangible que
no puede cuantificarse directamente en términos económicos pero que
es preciso defender y aprovechar como un indudable factor de
desarrollo. 6.La
dimensión intangible del patrimonio está vinculada a la diversidad
social y depende especialmente del mantenimiento de la población. 3.
Con relación a la conciencia, formación, y memoria de la población 1.Resulta
fundamental fomentar la conciencia de la población sobre el valor que
entraña la conservación de su patrimonio, tanto material como
intangible, para su propia generación y las venideras. La apreciación
de ese valor supone un importante factor de enriquecimiento cultural y
colectivo. Para ello, es necesario realizar campañas de promoción de
esa conciencia y de educación de la juventud con vistas al futuro. 2.Es
igualmente necesario insistir en la importancia de fortalecer la
memoria colectiva como elemento esencial
para fomentar la conciencia de identidad comunitaria y, por
tanto, de un futuro común y solidario.
Y ello, porque sabemos que con la ayuda de la memoria las
personas son capaces no sólo de evocar su pasado, sino también de
definirse a sí mismas y desarrollar, comunicar, comprender,
intervenir, registrar y producir ideas, imágenes y experiencias; en
otras palabras: de participar en el proceso social. En un sentido
general, la memoria implica mantener la cadena del recuerdo de las
generaciones presentes con vistas a conservar esa memoria para las
generaciones futuras. Para que la memoria produzca esos efectos es
necesario implicar al conjunto de la sociedad en el mantenimiento de
la cadena del recuerdo con una perspectiva de pasado y de futuro. 3.En
consonancia con lo anterior, es particularmente necesario transmitir
al conjunto de la población información para dignificar y poner de
manifiesto los valores de la arquitectura tradicional y, en muchos
casos, de los elementos vegetales, tipologías y técnicas
constructivas de sus espacios públicos tradicionales. 4.En
el orden operativo, se considera necesario cubrir el déficit de
formación educativa general sobre el patrimonio a través de
programas especiales. Esto significa no sólo poner el acento en
lograr que se formen educadores para llevar adelante programas de
capacitación, sino generar programas especiales para vecinos con el
fin de formarlos para recuperar el valor de su propio patrimonio y en
la elaboración de estrategias “inteligentes” que les permitan
llevar a cabo protestas igualmente inteligentes y eficaces. 5.Un
fenómeno común en la mayoría de los centros históricos es que, al
no ofrecer muchas posibilidades para la gente joven, gran parte de la
población que sigue habitándolos son personas mayores. A este
problema se suma el de la exclusión generalizada que la sociedad
suele hacer de dichas personas. Para paliar esta situación, se
recomienda la creación de programas especiales destinados a la
revaloración de este grupo social a través de la memoria de sus prácticas,
de su vida. Dentro de los programas especiales destinados a revalorar
la memoria colectiva de las personas mayores, en algunos países
existe el llamado “Programa de Recuperación de la Memoria a través
de métodos de Historia Oral”, o los
“Programas Grandes Maestros”. Ambos tienden a recuperar las
artesanías y las capacidades manuales e intelectuales de la población
mayor y tienen como objetivo final reforzar los valores propios de
cada sociedad. Con ello se intenta evitar que la globalización
produzca unos efectos de uniformidad devastadora para las distintas
culturas heredadas, en la convicción de que un patrimonio
fundamentado y sostenido a través de la conciencia de identidad
cultural permitirá enriquecer el proceso de universalización a
partir de la diversidad cultural. 4.
Con relación a la Administración Pública y a la protección legal 1.Hay
que llamar la atención a la Administración respecto a la necesidad
de profundizar en el conocimiento e investigación sobre el valor
intangible del patrimonio para que su gestión, especialmente desde el
urbanismo, no ignore esta dimensión básica del legado cultural histórico. 2.La
protección legal del patrimonio debe incluir siempre la de sus
valores intangibles. 3.En
todo caso, hay que admitir que no es suficiente insistir, como se
viene haciendo desde hace varias décadas, en la necesaria toma de
conciencia sobre el valor del patrimonio por parte de los ciudadanos
afectados. Cada vez son más numerosos los argumentos que sostienen
que es imprescindible educar a los ciudadanos para garantizar la
preservación del legado histórico patrimonial
pero, paradójicamente, muchas
de esas voces parecen ignorar que hoy en día existen grandes sectores
de población que lo aprecian, precisamente por su interés cultural e
intangible, es decir, por encima de su valor económico. Esa
conciencia les lleva a defenderlo frente a determinadas actuaciones de
la Administración Pública que, en ocasiones, se muestra tolerante
con la destrucción y, otras veces, la programa mediante planes urbanísticos
de pretendida protección de los centros históricos, como es el caso
de bastantes Planes Especiales. Por tanto, es preciso reclamar que la
Administración tenga en cuenta las demostraciones del valor que la
población concede a su patrimonio como, por ejemplo, a través de
campañas y otras acciones ciudadanas dirigidas a su defensa que
suelen ser ignoradas o despreciadas por los responsables técnicos y
políticos encargados de la conservación y gestión del mismo. 5.
Frente al fracaso de las políticas patrimoniales relativas al
Patrimonio Mundial 1.ICOMOS
expresa su preocupación creciente por la indefensión que están
sufriendo los valores tangibles e intangibles de los bienes declarados
Patrimonio Mundial (entre otros muchos ejemplos, cabe citar los casos
de Salamanca, Toledo, Cuenca, la catedral de Burgos y el Camino de
Santiago) Esta misma indefensión se da en el caso de bienes
proclamados por la UNESCO Patrimonio Oral de la Humanidad, como es el
caso del Misterio de Elche. 2.Se
recomienda que, a la luz de la Convención del Patrimonio Mundial de
la UNESCO, en cada país o comunidad afectada por la inscripción de
un bien en la correspondiente Lista del Patrimonio Mundial se forme
una entidad mixta en la que participen algunos técnicos
“cualificados e independientes”, con el fin de controlar el estado
de conservación de los bienes objeto de tal inscripción. Dichos técnicos
deberán elevar informes a sus gobiernos respectivos y, en su caso,
recomendar a ICOMOS y a la UNESCO que si no se cumplen las condiciones
necesarias para el adecuado mantenimiento del bien, se retire la
declaración como Patrimonio Mundial del bien afectado. 6.
Respecto a la ciudad de Sevilla 1.El
método de intervención en el sector de San Luis ha sido
absolutamente inadecuado y ha terminado por destruir el barrio e
iniciar un profundo proceso de sustitución de vecinos y edificios. 2.La
desaparición por expulsión de la población tradicional es el
problema más grave de todo el conjunto histórico de Sevilla. 3.El
uso de los espacios públicos, así como su estado, se ve seriamente
degradado por procesos como la “movida” o la indisciplina y abusos
del automóvil privado. 4.Produce
preocupación la próxima construcción de dos grandes aparcamientos
de carácter rotatorio (uno en la Plaza de la Encarnación y otro en
la Alameda) que, sin duda, crearán una tensión aún mayor en el tráfico
del centro histórico. 5.Se
producen excesivos aumentos de volumetría en el caserío histórico,
con remontes inadecuados que, con excesiva frecuencia, se ven acompañados
por el vaciado interior del correspondiente inmueble. 6.Algunas
intervenciones de recuperación de templos alteran la imagen
tradicional y eliminan elementos y repertorios completos
pertenecientes al siglo XIX (Casos de S. Vicente, S. Andrés, etc.) Es
necesario recordar que el neoclásico también es importante para
entender el patrimonio de la ciudad. 7.Se
observa con gran inquietud el cerramiento privado de muchos adarves
musulmanes que son parte clave del viario histórico de la ciudad. 8.
Resulta alarmante el proceso de destrucción y sustitución de
inmuebles tradicionales que configuraban una imagen característica de
Sevilla en la zona de la Exposición Ibero-Americana de 1929 y le
prestaban una atmósfera singular. Esta situación es
particularmente negativa en la Avenida de La Palmera donde no
resulta justificado que los edificios situados a uno de sus lados no
estén incluidos en el perímetro protegido del conjunto histórico
por el planeamiento vigente. 7.
Respecto al Patrimonio Intangible del Conjunto Histórico del barrio
El Cabañal, en Valencia 1.El
valor intangible de un espacio vivencial y comunitario como es el
barrio del Cabañal, en Valencia, se pierde con la actuación
prevista, consistente en atravesarlo con una avenida y construir en
ella altos edificios. A la consiguiente destrucción del patrimonio
inmueble característico de dicho barrio hay que sumar su ilegalidad y
la violencia que tal destrucción implica en estratos sociales de baja
cualificación. 8.
Respecto a la ciudad histórica de Salamanca, inscrita en la Lista del
Patrimonio Mundial de la UNESCO 8.1.La
“ciudad vieja de Salamanca”, inscrita en la Lista del Patrimonio
Mundial de la UNESCO en 1988 (bajo los criterios 1, 2 y 4), viene
sufriendo un proceso de destrucción generalizada de su caserío histórico
de índole habitacional, así como de numerosos elementos
constitutivos de su carácter y atmósfera tradicionales. La práctica
abusiva del “fachadismo” está dando lugar también al vaciamiento
de un considerable número de monumentos y edificios singulares. El
Ayuntamiento de Salamanca viene realizando, cada vez con mayor
frecuencia, modificaciones puntuales al Plan Especial de Protección
del centro histórico, con la consiguiente descatalogación de
elementos patrimoniales protegidos y su reclasificación
urbanística como solares aptos para la nueva construcción.
Este ha sido el caso reciente, entre otros, del jardín de las
Adoratrices, donde se propone construir el nuevo auditorio. 8.2.Todo
ello supone, en unos casos la pérdida y, en otros, la alteración drástica
de los valores materiales e inmateriales que dieron lugar a la inclusión
de esta ciudad histórica en la referida Lista, más allá de los límites
tolerables y en clara contradicción con los criterios de la Convención
del Patrimonio Mundial de 1972 y la Guía Operativa (“Operative
Guidelines”) para su aplicación. En estos momentos, Salamanca
constituye un ejemplo paradigmático de destrucción del patrimonio
entre las ciudades españolas incluidas en la citada Lista de la
UNESCO. 8.3.Dentro
de ese proceso generalizado, la construcción del proyectado auditorio
en el solar de las Adoratrices resulta desaconsejable, tanto por el
lugar elegido para su ubicación, como por el impacto altamente
negativo que generaría este proyecto en los valores patrimoniales físicos
e intangibles del espacio histórico en el que se inscribe, los cuales
deben protegerse en virtud de la Convención del Patrimonio Mundial.
Dicho espacio, con los bienes culturales que lo conforman, constituye
uno de los conjuntos monumentales más emblemáticos de la ciudad histórica
de Salamanca y ofrece un concierto históricamente consagrado de
valores intangibles, entre los que destaca el diálogo visual armónico
entre sus diferentes elementos espaciales, vegetales y arquitectónicos.
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