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CUARTO SEMINARIO: MADRIDPromoción, Cooperación y Coordinación de Recursos. (Celebrado en Madrid, los días 21, 22 y 23 de Noviembre de 2001)1.
Consideraciones
generales 1.
El Patrimonio histórico constituye en sí mismo un
recurso cultural, social, económico y espiritual. Es, a su vez,
generador de otras fuentes de enriquecimiento para la sociedad que
sabe valorarlo, cuidarlo y mantener su autenticidad e integridad,
insertándolo en una adecuada política integral basada en el
desarrollo sostenible. 2.
La conservación, el uso duradero y la promoción
del patrimonio requieren de una planificación altamente especializada
que tenga en cuenta sus antedichos valores, intrínsecos y
potenciales, desde una perspectiva global, de presente y de futuro. 3.
Al valor tradicionalmente concedido al
patrimonio como un objeto o una serie de componentes físicos de carácter
cultural hay que añadir su dimensión social como elemento de
pertenencia histórica colectiva, su capacidad de generar beneficios
económicos y su valor intangible como factor de
identificación, enriquecimiento y solidaridad de la comunidad
humana donde se asienta. 4.
Los bienes del patrimonio cultural son también
y principalmente fuentes para el estudio científico de las culturas,
de las etapas históricas, de los hechos históricos, tecnológicos,
científicos y humanos de nuestros antepasados. Por lo tanto, su
tratamiento tiene que ser siempre, y en primer lugar, científico y técnico.
Esto, no obstante, no debe llevarnos a aislarlo del conocimiento y
acceso de la población. La participación ciudadana es indispensable.
La población vinculada al
patrimonio es una de las razones más sólidas para conservarlo, ya
que se trata de un bien social de pertenencia colectiva. Los pueblos,
genuinos herederos de su tradición cultural, tienen un derecho
primigenio sobre estos bienes, pues representan su historia y explican
sus valores actuales. 5.
Desde el punto de vista del desarrollo
duradero, la dimensión social del patrimonio y su importancia como
factor de identidad son fundamentales. Un pueblo que carece de
identidad y autodefinición difícilmente podrá encontrar los rumbos
adecuados para su propio desarrollo, para hallar su posición en la
comunidad internacional aportando a ésta su propia contribución y
para proyectarse positivamente hacia el futuro. 6.
Las políticas relacionadas directa o
indirectamente con el patrimonio, deben ser cuidadosas en respetar los
criterios técnicos y científicos indispensables para su adecuado
manejo. Dichos criterios deberán inspirar y servir de base para la
planificación política conjunta de las actuaciones que inciden sobre
el mismo, para la adecuada canalización de las inversiones y acciones
de las diferentes administraciones y del sector privado. Las normas
que regulan dichas políticas y reglamentan su ejecución, deberán
ser estudiadas debidamente y armonizarse a fin de garantizar la
conservación del patrimonio. 7.
La cooperación en todos los ámbitos resulta
una herramienta necesaria para evitar el fracaso de la política de
patrimonio. La promoción, conservación y fomento de los recursos que
entraña el patrimonio exige una planificación política conjunta de
las actuaciones que inciden sobre el mismo para coordinar las
inversiones y acciones de las diferentes administraciones y del sector
privado. Así mismo exige una necesaria armonización de las
diferentes normas que, de forma directa e indirecta, repercuten en la
ordenación y tratamiento de los bienes culturales y del territorio en
el que se encuentran. 8.
Es particularmente importante asegurar la
necesaria colaboración entre el sector público y el privado y
aplicar una política que garantice un tratamiento multidisciplinar
del patrimonio, sin privilegios corporativos. 9.
Es necesario fomentar la organización social
en torno a las labores de preservación patrimonial, garantizando así
que las decisiones no se tomen de acuerdo a la fluctuación de las
corrientes políticas del momento. 10. Es necesario ampliar los criterios utilizados para la conservación y difusión del patrimonio con aportes de campos modernos del conocimiento, como la mercadotecnia, que sirvan para comunicar adecuadamente a la población los valores de sus bienes y la necesidad de conservarlos. 2.
El
patrimonio como valor económico. 1.
El patrimonio reviste una naturaleza sui generis,
caracterizada por su unicidad, especial fragilidad e imposibilidad de
recuperación completa cuando sufre menoscabos sustantivos, todo lo
cual otorga a los bienes
culturales un valor difícil de cuantificar desde el punto de vista
monetario. Y, sin embargo, posee un innegable valor potencial como recurso para el desarrollo. 2.
Los bienes del patrimonio histórico cultural
no son renovables. Lamentablemente, al estar sujetos a una constante
actividad de destrucción y alteración de su naturaleza, dichos
bienes son cada vez más escasos Este último factor contribuye aún más
a situarlo en un alto
“ranking” dentro de la ley de la oferta y la demanda. Sobre todo,
con vistas al turismo cultural que crece a un ritmo vertiginoso 3.
Cuando se logra un equilibrio entre las normas,
la política y el grado de desarrollo cultural, junto a una
disponibilidad de recursos que permitan conservar y rehabilitar
adecuadamente el patrimonio, se potencia la capacidad del mismo para
generar alternativas para el desarrollo, con la consiguiente mejora en
el nivel y la calidad de vida de los pobladores de su entorno.
Desgraciadamente, estas circunstancias no se dan en numerosos países.
4.
La situación contraria, de falta de protección
y medios para mantener el acervo cultural de los pueblos, suele ir
acompañada de una serie de factores que atentan contra la calidad de
vida: falta de identidad y cohesión social, pérdida de elementos
concretos para el desarrollo, baja autoestima social, etc.. 5.
Sin embargo, no se puede dejar de apuntar que,
en muchas ocasiones, el patrimonio de países con una situación económica
favorable sufre también graves daños, consecuencia de un falso
desarrollismo, de la mala orientación de las inversiones, la búsqueda
de falsas innovaciones que alteran la autenticidad del bien, o los
criterios erróneos en la intervención sobre el mismo. Las
consecuencias de tales errores suelen ser irreversibles y generar la pérdida
de los valores culturales. 6.
En todo caso, la
rentabilidad económica del patrimonio debe ser considerada a
largo plazo, teniendo en cuenta tanto los factores históricos como
las consecuencias futuras de la utilización que se pretenda dar al
bien. Son muchos los casos en los que, pensando en el uso turístico
del bien, se actúa con criterios y puntos de vista de carácter
inmediato, incompatibles con la naturaleza patrimonial del bien. Es
necesario tener en cuenta que los edificios históricos sobresalientes
tienen capacidad de brindar otros servicios que permiten su conservación
y, al mismo tiempo, el desarrollo duradero. 7.
Existe una tendencia equivocada a considerar
que las sumas destinadas al patrimonio que se orientan a la
investigación y conservación de los bienes culturales constituyen un
gasto y no una inversión. Una correcta estimación de los beneficios
sociales a mediano y largo plazo, así como de las potencialidades que
patrimonio ofrece para el desarrollo, hace evidente que constituyen
inversiones con una alta rentabilidad social y económica, no sólo de
presente, sino también para las generaciones futuras. 8.
El problema se plantea generalmente cuando se
trata de analizar la rentabilidad de las inversiones en arquitectura
habitacional, tanto en el área rural como en los centros históricos
de ciudades y pueblos. El parque inmobiliario tradicional representa
un capital acumulado, cultural, social, espiritual y económico. Pero
las características genuinas de la arquitectura popular y doméstica
– salvo los elementos que poseen valores o condiciones
sobresalientes - se debaten en una dicotomía entre su reciente
reconocimiento pleno (desde hace apenas unas décadas) y la filosofía
favorecedora de las sustituciones de inmuebles y elementos. Esta última
es compartida por muchas Administraciones públicas, sectores de la
construcción, y un buen número de arquitectos y urbanistas. 9.
En general, en el área rural se concede poca
atención y protección a los inmuebles tradicionales aislados.
Afortunadamente, se han puesto en marcha programas de la Unión
Europea destinados a rehabilitar edificios de este tipo para el
denominado Turismo Rural. Existen ejemplos, incluso notables, de
recuperación que proporcionan ingresos y generan empleo en muchas
zonas deprimidas. Pero tampoco puede hablarse de una recuperación
generalizada. 10.
En los centros urbanos la rehabilitación de
edificios históricos de carácter doméstico para el uso habitacional
(por ejemplo, casas de pisos del siglo XIX y primera parte del XX) está
contemplada en España a través de medidas protectoras y de fomento.
Pero la rehabilitación – entendida ésta en términos
conceptualmente correctos, y no como práctica de “fachadismo” y
otros métodos destructivos de la autenticidad e integridad del
patrimonio- resulta normalmente cara, entre otras razones, debido a su
carácter excepcional si se compara con el número de obras destinadas
a la construcción de nueva planta. Así, lo que en principio no tendría
que resultar más costoso, suele serlo a causa de que los buenos
proyectos de rehabilitación representan una demanda singular y más
escasa. También incide en ello el hecho de que la mayoría de los
arquitectos y de la mano de obra carecen de conocimientos y preparación
para trabajar con las técnicas, estructuras y materiales
tradicionales de construcción. 11.
ICOMOS trabaja en una línea de completa
actualidad y de futuro, utilizando las herramientas científicas del
progreso para insertar en éste un valor económico escaso e
insustituible como es el patrimonio histórico. Frente a
mixtificaciones y presiones que tratan de presentar nuestra labor como
algo caduco, retrógrado y centrado en el pasado, la misión que nos
compete se inscribe en la más plena actualidad al tratar de insertar
en ésta el legado histórico recibido por nuestra generación
como un elemento pleno de vivencias y significado que no sólo
contribuye a conservar nuestra identidad sino a proporcionarnos un
mayor equilibrio espiritual, una fuente insustituible de conocimientos
y una mejor calidad de vida. Al
esforzarnos por conseguir un adecuado tratamiento del legado recibido
hasta nuestros días, también estamos sentando bases para la
conservación futura de la creación contemporánea.
3. El turismo cultural como factor de
desarrollo. Ventajas y peligros en su gestión. La necesaria
sostenibilidad 1.
La importancia económica del turismo ha ido in
crescendo en niveles muy altos a lo largo de las últimas décadas.
Dentro de las ramas de este sector, cada vez cobra mayor importancia
el turismo cultural. Esta actividad está centrada en el interés del
turista por el conocimiento de las principales
manifestaciones culturales de otros pueblos. Por lo tanto, hay
una relación directa entre las inversiones en conservación y
restauración del patrimonio y la riqueza generada por esta actividad. 2.
Sin embargo, el turismo cultural debe ser
cuidadosamente planificado con criterios técnicos y científicos
adecuados a la naturaleza de los bienes culturales sobre los que
ejerce su actividad, dado que también entraña considerables riesgos.
Con frecuencia, estos últimos no son tenidos en cuenta por las
autoridades públicas responsables en materia de patrimonio, así como
tampoco por muchos ciudadanos y profesionales que aún no han tomado
conciencia del valor insustituible, tanto espiritual como social y
económico, de los bienes culturales. 3.
Entre otras ventajas susceptibles de ser
generadas por el turismo cultural pueden destacarse las siguientes: Puesta
en valor y recuperación del patrimonio Intercambio
y diálogo cultural Ampliación
de conocimientos y puntos de vista Incorporación
de valores de otras culturas Aprendizaje
de la historia de la civilización humana Factor
de comprensión entre distintos pueblos Activación
de la economía con la consiguiente puesta en valor de recursos
infrautilizados Generación
de recursos económicos para la comunidad visitada (local, regional o
nacional), tanto en el sector privado como en el público. Creación
de empleo directo e indirecto (Los expertos consideran que cada empleo
directo genera 1,2 indirectos y 1,5 inducidos) Atracción de capitales foráneos y otros recursos e inversiones públicas y privadas. Mejora
de infraestructuras y accesos Posibilidad
de reinvertir parte de los recursos generados en conservación del
patrimonio y nuevas rehabilitaciones que proporcionen sucesivos
beneficios económicos. 4.
Entre los riesgos y desventajas, cabe citar los siguientes: Incremento
de problemas de accesibilidad y movilidad si no se adoptan medidas
para acomodar los lugares o centros históricos al flujo turístico Posibles
conflictos de funcionalidad en el desarrollo de la vida y las tareas
habituales de los habitantes locales Ruidos
y otras molestias derivadas del comportamiento de ciertos visitantes,
así como de la afluencia excesiva de turistas en calles y otros
espacios públicos. A veces, desórdenes callejeros La
población local puede verse afectada también por una presión que se
traduzca en un acoso o falta de respeto a las tradiciones, costumbres
y formas de vida que constituyen su peculiar idiosincrasia Presión
especulativa del sector de servicios turísticos lo que, especialmente
cuando se une a las circunstancias antedichas, puede dar lugar a un
forzado desplazamiento de los habitantes de los centros históricos. Cuando
la dependencia de la actividad turística es excesiva o excluyente
puede entrañar el riesgo de que la disminución del turismo genere un
colapso de la actividad económica. Otro
riesgo es que la demanda supere a la oferta, por lo que el desarrollo
turístico debe ceñirse a la capacidad real de acogida y explotación,
así como adecuarse armónicamente a las necesidades funcionales de la
población residente. La inflación proveniente del encarecimiento del suelo, la construcción, los servicios y los productos de consumo ordinario, representa otro reto. Es decir, un excesivo encarecimiento del coste de vida puede hacer peligrar la estabilidad económica y el bienestar de la población a medio y largo plazo. Tampoco hay que perder de vista la necesidad de planificar adecuadamente la dependencia y, sobre todo, la permisividad respecto a empresas foráneas del sector turístico, las cuales pueden terminar acaparando una proporción excesivamente elevada de los recursos generados. Así, a veces, la población local se ve beneficiada sólo de forma marginal o residual con relación a los turoperadores que se establecen en la propia localidad y cuentan con su propio personal y sus propios servicios. 5.
Una premisa
que no se suele tomar en cuenta en el momento de planificar las
actividades turísticas es en beneficio de qué grupo poblacional se
actúa. La respuesta indiscutible es que quien debe beneficiarse con
los resultados de esta actividad es, en primer lugar, la población de
la zona geográfica, la región y el país donde los bienes culturales
se hallan ubicados. En el momento de implementar infraestructuras,
fijar políticas de desarrollo, dar normas de ordenación, etc., debe
tenerse presente este criterio. De lo contrario, se termina
planificando el bienestar del turista, pero sin tener en cuenta que se
puede estar dañando la calidad de vida del poblador permanente del
lugar, arrebatándole posibilidades de desarrollo y, generando, como
consecuencia, una ruptura del nexo que debe existir entre éste y su
patrimonio como factor de identidad, siendo esto causa de su desinterés
por la conservación de los bienes. 6.De
igual manera, antes de planificar actuaciones y decidir el uso
concreto que queremos dar al patrimonio destinado al turismo, es
preciso preguntarse qué busca el turista, especialmente el de
calidad. Entre esas aspiraciones figuran las siguientes: Singularidad
(lo que no puede encontrar en todas partes) Autenticidad Integridad Experiencias
novedosas (atmósferas distintas a las habituales y formas diversas de
concebir la vida, etc.) Calidad
de servicios Calidad
ambiental Seguridad 7.
Es frecuente que, sin tener en cuenta las verdaderas aspiraciones del
turista, se destruyan o alteren los elementos y ambientes genuinos,
ofreciéndose a éste “servicios”,
“comodidades” o “recreaciones” que puede encontrar en su
propio ámbito vital. La consecuencia es la retracción del turismo,
al perderse los atractivos reales. Con ello, las inversiones
realizadas resultan no solo improductivas, sino contraproducentes y se
genera una pérdida de beneficios para la comunidad afectada con el
consiguiente retraimiento económico. Lo más grave de lo antes
descrito es, sin embargo, que dichos procesos pueden ser
irreversibles, con lo cual el bien cultural que actuaba como atractivo
queda irremediablemente perdido, lo que constituye un verdadero
desastre para las posibilidades de desarrollo económico de esa
población. 8.La
inversión y gestión de bienes culturales dedicados al turismo
cultural deben respetar su integridad, naturaleza y significado. Los
objetivos de la Carta Internacional de Turismo Cultural de ICOMOS
aprobada en su XIIª Asamblea General (Octubre, 1999) buscan favorecer
la industria turística procurando un desarrollo sostenible, pero
siempre sobre la base de respetar y realzar el patrimonio, dada su
importancia y su fragilidad; la protección y conservación a
largo plazo deben constituir un componente esencial de los planes de
desarrollo social, económico, legislativo, cultural y turístico, y
el impacto adverso de los proyectos turísticos en el patrimonio debe
minimizarse al máximo; los planes de gestión encaminados al
desarrollo de un recurso patrimonial deben garantizar previamente sus
valores naturales y culturales, fijando los límites admisibles; la
planificación turística debe incluir los medios para impedir un
impacto negativo sobre los rasgos significativos y las características
ecológicas; la promoción y gestión de lugares de valor cultural e
histórico debe proteger su autenticidad; Es necesario que la
planificación turística vaya enfocada a resaltar el atractivo intrínseco
del bien y a facilitar su correcta comprensión y disfrute por el
visitante, por lo que han de evitarse los usos que adulteran o
disminuyen esta lectura al desvirtuar su naturaleza y función. 9.
En todo proceso de planificación del uso de los bienes culturales,
deben exigirse completos Estudios de Impacto Ambiental, Estudios de
Impacto Cultural, Estudios de Capacidad de Carga y Soportabilidad del
bien, y Estudios Socio-económicos. 10.
Es necesario que se actúe con una visión que integre a los
lugares o bienes culturales con los entornos ambientales y humanos en
los que se ubican. La planificación aislada carece de bases sólidas
y suele conducir al fracaso. Se
requiere una estrategia que incluya factores como la diversificación
de la oferta en los alrededores, incluyendo posibles itinerarios
culturales más amplios. Por ello es conveniente que se realicen
estudios a nivel de la comarca o región, con mayor información específica
sobre el bien y sus alrededores más próximos. Ello puede constituir
un importante instrumento para la planificación integrada y a largo
plazo, la conservación, el desarrollo comercial e industrial, la
previsión de mejoras de infraestructura y la idónea ubicación de
accesos, así como para la localización de actividades turísticas de
desarrollo. A su vez esto favorecerá una deseable y racional
planificación combinada de los recursos públicos y las iniciativas
privadas, dentro de un
marco de información accesible al público. 11.
Es necesario que se planifique mecanismos para que los flujos
de dinero generados por la actividad turística tengan la mayor
distribución social posible. En ocasiones, las visitas a los
monumentos o ciudades históricas se producen sólo en el transcurso
de un día, ya que los
turistas se alojan en otros núcleos más o menos próximos a
aquellos. En esos casos, no siempre es fácil atraerlos para
pernoctar, pero una planificación integral y combinada de los
diferentes recursos puede contribuir a potenciar ambos espacios. Es
decir, la diversificación de la oferta, especialmente si se potencia
a través de los citados itinerarios culturales o turísticos, puede
beneficiar, tanto directa como indirectamente, a comarcas y regiones
diversas. 12.
Una de las posibles distorsiones en zonas de especial
importancia turística es la existencia de una economía sustentada únicamente
en los servicios y prestaciones a los visitantes. En tales casos
existe un grave riesgo ante cualquier hipotético factor que
desincentive o impida el turismo.
Es necesario, por lo tanto, procurar que el sector turístico
no se convierta en la única fuente de riqueza, garantizándose así
el equilibrio ante una posible crisis de la demanda. Entre otros
objetivos, es importante regenerar el centro histórico para fijar en
él la población residente. Favorecer sus equipamientos e
infraestructuras, así como un óptimo uso habitacional, a través de
las inversiones provenientes del turismo, facilita su continuidad a
largo plazo. 13.
Dado
que el interés que genera el movimiento del turismo cultural radica
en los bienes culturales singulares y especialmente valiosos de cada
pueblo, es lógico que los ingresos que este movimiento genere
redunden también en beneficio de la conservación de dichos bienes.
Debe potenciarse el estudio de mecanismos que permitan que una parte
de los fondos económicos generados por la actividad turística
reviertan de manera directa en dicha
conservación. 14.
El principio de sostenibilidad en el desarrollo del turismo
cultural es indispensable para garantizar no sólo la conservación de
los bienes culturales, sino los atractivos reales que motivan al
visitante. La planificación del turismo cultural debe ser integral,
teniendo en cuenta el necesario equilibrio entre la economía, el
medio ambiente, el patrimonio y la calidad de vida de la población.
En nuestros días existe una preocupación por el desarrollo
sostenible por parte de distintos expertos, así como de la Unión
Europea. Las Administraciones responsables de la conservación del
patrimonio cultural e histórico, las del sector turismo, las ONGs
dedicadas a este campo y las empresas privadas deberían tomar en
cuenta los estudios existentes y fomentar, en cuanto sea necesario, su
profundización, a fin de evitar políticas equivocadas. 4. El necesario respeto entre los valores económicos y otros valores
del patrimonio 1.Como bien señaló la carta de Amsterdam de 1975 al referirse al patrimonio arquitectónico, los bienes culturales entrañan unos valores necesarios para el equilibrio del hombre que no son sólo económicos 2.
Aplicar una óptica mercantilista al patrimonio constituye un grave
error. En todo caso debe actuarse teniendo en cuenta la naturaleza única
de los bienes culturales, lo que los hace inequiparables con cualquier
otro tipo de bienes. Esto no significa que no se deba pensar en los
beneficios económicos que el patrimonio puede generar. Pero debe
tenerse en cuenta que cualquier uso que destruya o altere
irreversiblemente los valores culturales termina por destruir también
su rentabilidad económica. Por sacar algún rendimiento al
patrimonio, muchas veces se acaba destruyendo la “mina”
susceptible de proporcionarlos. 3.
Es indispensable establecer un adecuado orden de prioridades en el
tratamiento del patrimonio. Primero son los valores culturales y la
representatividad social de sus bienes, por lo que cualquier política
relacionada con ellos debe consagrarse prioritariamente a su adecuada
conservación. No se puede hacer almoneda con el mismo. Cualquier uso
o rentabilidad que se busque obtener de los bienes patrimoniales debe
ser compatible con su salvaguardia en las mejores condiciones que la técnica
y la ciencia permitan. 4.
Determinados bienes culturales, aún cuando pudieran ofrecer grandes
atractivos turísticos y, por ende, constituir grandes fuentes de
ingresos económicos, se hallan en especiales condiciones de
fragilidad. En tales casos, deben tomarse medidas para garantizar su
conservación, incluyendo la prohibición del acceso público si ello
resulta necesario, por lo menos hasta que las condiciones técnicas o
el avance y las innovaciones aseguren su salvaguardia. 5.En
ocasiones, el afán de rentabilizar el patrimonio a cualquier precio
desvirtúa excesivamente el punto de vista tradicional. En esos casos,
lo que antes constituía primordialmente un objeto de contemplación,
estudio y deleite, pasa a convertirse prioritariamente en un objeto de
explotación. Sus valores singulares, históricos y culturales se
consideran y se tratan como un mero reclamo para el turismo o para
acentuar el prestigio de ciertos organismos públicos o entidades
privilegiadas. El uso y la funcionalidad son, naturalmente, deseables,
pero siempre que no alteren su esencia y significado. Por eso, tanto
el cuidado del patrimonio como su adaptación a nuevos usos debe ser
encomendado a especialistas. Los planes, programas y proyectos que
incidan sobre el mismo deben realizarse por equipos integrados por
profesionales de todas aquellas disciplinas que requiera cada caso
concreto. 6.La
población constituye un factor insoslayable para la adecuada
conservación del patrimonio cultural y el éxito de cualquier política
destinada a conservarlo. Se requiere involucrarla de manera efectiva
en su conocimiento y protección. Para ello es preciso contar con
programas de formación para escolares y adultos, campañas de
divulgación, estímulo de asociaciones culturales (nacionales,
regionales y locales), etc. cuya opinión pueda ser tenida en cuenta
en los órganos administrativos de decisión. 5.
La necesaria colaboración entre el sector público y el sector
privado 1
La conservación y puesta en valor de
los bienes culturales es una tarea que interesa a toda la sociedad.
Por lo tanto se trata de un deber compartido de manera conjunta por
los poderes públicos y los entes privados. Las medidas coercitivas y
financieras, así como las inversiones de los primeros resultan poco
eficaces a la larga si no van acompañadas de una toma de conciencia
social sobre los valores intrínsecos del patrimonio. 2
Es necesario que la cooperación entre las diversas
Administraciones se potencia a su máximo nivel, tanto en el campo del
apoyo técnico como financiero, en los casos en que sea pertinente. En
tal sentido, es necesario crear mayores canales de coordinación y
cooperación entre las instancias públicas europeas, las
administraciones estatales, autonómicas y locales. Otro tanto cabría
hacer en otrras áreas regionales y en el campo de cooperación
internacional a más amplia escala. 3.
El papel de las universidades en la conservación del
patrimonio y el desarrollo de criterios científicos para su más
eficaz gestión es fundamental. Deberían establecerse mecanismos
fluidos y permanentes de cooperación entre las administraciones
publicas y las universidades. De igual modo, es necesario establecer
mecanismos de cooperación con las fundaciones,asociaciones y
organizaciones de acreditado nivel dedicadas a la protección del
Patrimonio. 4
. Los propietarios de bienes culturales
deben cumplir con la carga social que supone la conservación y el
adecuado mantenimiento de los bienes patrimoniales de interés
cultural. En contrapartida, los poderes públicos deben compensar a
sus propietarios con medidas fiscales y económicas que equilibren la
limitación de sus derechos en el libre mercado. 5
. La administración
debería otorgar beneficios fiscales a favor de los particulares que
sean propietarios o poseedores de bienes del Patrimonio Cultural,
estudiando las posibilidades de desgravar íntegramente los fondos
invertidos para labores de conservación y restauración de nivel técnico
y científico adecuados, o de conceder deducciones aplicables a dichos
conceptos. Asimismo, debe
estudiar la posibilidad de conceder subvenciones para la ejecución de
las referidas labores en casos de especial significación. 6
. Dada su importancia colectiva, los
bienes del Patrimonio Histórico Cultural tienen necesariamente un carácter
social. Por ello, el patrimonio no es un bien de propiedad absoluta.
No es potestad de los poderes públicos, ni de sus propietarios, ni
determinadas profesiones, el irrogarse derechos exclusivos sobre los
bienes culturales. No les está permitido, en ningún caso, destruir ,
deteriorar o alterar los bienes culturales. Por eso, la utilidad del
patrimonio debe ser entendida no sólo en términos económicos o
individualistas, sino de forma que genere una rentabilidad social
mejorando la calidad de vida de la sociedad en múltiples aspectos. 6. La necesaria solidaridad internacional 1.
La solidaridad internacional debe
manifestarse en ayudas a países con especiales dificultades económicas
para que puedan conservar su patrimonio como un tesoro común de la
humanidad. La solidaridad es tanto más razonable y asequible cuando
se trata de países con afinidades culturales que favorecen el
concepto integral de patrimonio compartido entre los pueblos. 2
. Dentro de los
mecanismos internacionales de financiación y cooperación económica
para el desarrollo debería contemplarse la posibilidad de realizar
inversiones “a fondo perdido” para la investigación y realización
de estudios y proyectos técnicos dedicados a la conservación del
patrimonio. 3.
Dentro de los referidos mecanismos de financiación y cooperación
económica para el desarrollo debería estudiarse la posibilidad de
conceder “créditos blandos”, con especiales períodos de
carencia, para la investigación y conservación de bienes relevantes
de países en vías de desarrollo. Para este fin, debería tomarse
como base la capacidad de autosustento de cada bien patrimonial,
derivada de un análisis de potencialidad y factibilidad económica
que lleve a adjudicarle, en su caso, un nuevo y más eficiente uso,
siempre compatible con su naturaleza patrimonial, o a revitalizar su
función actual. 7. Respecto a la correcta ordenación jurídica, conservación y
gestión de los bienes inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial de
la UNESCO 1.Son
numerosos los casos en los que las Administraciones Públicas desvirtúan
el concepto y significado de las declaraciones de Patrimonio Mundial
confundiendo esta 2.
Tanto para los bienes declarados Patrimonio Mundial como para el resto
del patrimonio cultural de carácter histórico se reitera también la
importancia de que las Cartas y Recomendaciones internacionales de
ICOMOS, dada su condición de organismo científico asesor de la
UNESCO en materia de patrimonio cultural, sean tenidas en cuenta por
los Estados Parte en la Convención, y que ICOMOS se afane por el
continuo perfeccionamiento y actualización de tales instrumentos
doctrinales 8.
Algunas
medidas sugeridas en este seminario para estimular el conocimiento y
la conservación del patrimonio 1.
Promover el uso de nuevas tecnologías, para el
estudio y divulgación del conocimiento del patrimonio cultural. 2.
Estimular el desarrollo de proyectos de
divulgación y conocimiento de la memoria cultural en los niños y
adolescentes. 3.
Vincular e integrar los proyectos de conservación y restauración del
patrimonio cultural dentro de las tradiciones y costumbres de las
comunidades en las cuales se insertan. 4.
Promover, a través de los diversos medios de comunicación y enseñanza,
el conocimiento del patrimonio cultural como “testimonio tangible de
la memoria cultural de los pueblos”.
Significado que, a comienzos del tercer milenio, se encuentra
en peligro a causa de la ignorancia e incomprensión de que es objeto
por parte de numerosas instituciones y amplias capas de los sectores
decisivos de la sociedad. 5.
Promover la investigación a través del “marketing” como
instrumento para profundizar en el conocimiento de la situación real,
tanto social como económica, que puede incidir en la valoración y
conservación del patrimonio. 9.
Sobre el valor intangible del patrimonio 1. Se insiste en la necesidad de dar realce al valor intangible del patrimonio, y se llama la atención sobre la doble vertiente que atesora el legado histórico: la ya convencional (consistente en aquellos elementos puestos de relieve por la UNESCO, como folklore y tradiciones orales) y la intrínseca al patrimonio físico tradicional (creencias, emociones, sentimientos, filosofía, coordenadas históricas evolutivas que han determinado la forma de concebir y crear el patrimonio en sus distintas etapas, etc.) Es decir, todo aquello que representa el substrato anímico y socioeconómico de un pueblo, que le confiere su peculiar idiosincrasia, atmósfera y personalidad y que, a pesar de su carácter intangible, se halla representado plásticamente en su creación arquitectónica, así como en la morfología, tipología y en la configuración espacial y paisajística de una población, un barrio o un núcleo habitacional. En este sentido, se hace constar que la desaparición o la adulteración substantiva del legado físico patrimonial también trae consigo la pérdida del legado cultural intangible que le es consustancial. En otros aspectos, se hace expresa mención de las conclusiones y recomendaciones sobre “El Valor Intangible del Patrimonio” elaboradas por el tercer seminario (Sevilla, 25, 26 y 27 de Octubre del presente año) de la serie de cuatro que han formado parte de este ENCUENTRO CIENTÍFICO DE ICOMOS SOBRE EL PATRIMONIO ANTE EL TERCER MILENIO, DESDE UNA PERSPECTIVA DE DESARROLLO DURADERO.
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